Las Tunas no es una provincia rica. Digamos, menos desarrollada que otras, no la vamos a llamar pobre, son causas históricas.
Esas fueron de las primeras palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro durante la inauguración de la Terminal de Embarque de Azúcar a Granel de Puerto Carúpano, hará 48 años este 20 de enero.
Y a seguida el Líder de la Revolución anunció que para el territorio se habían aprobado más de 100 millones de pesos para inversiones industriales, que ya comenzaban a ejecutarse.
Ello contrastaría con lo que solamente existía hasta ese momento desde el punto de vista industrial: seis centrales azucareros, la Salina de Puerto Padre, una fábrica de galletas en la comunidad de Bartle y una pequeña instalación para elaborar fideos, todas heredadas del capitalismo.
Tras aprobarse ese plan de desarrollo en el Balcón de Oriente, lo que posteriormente se le llamaría la zona industrial, al noroeste de la urbe, la gigantesca Fábrica de Estructuras Metálicas fue la primera en erigirse, en 1981.
Se terminaba así la más poderosa planta de Cuba en su categoría, con capacidad de producción de 20 mil toneladas anualmente. Ahora cuenta con un aguerrido colectivo de trabajadores y profesionales que mantienen como slogan: No solo acero y buenos proyectos.
Y frente a este centro metalúrgico, a unos 100 metros, se levantó en igual año el segundo coloso industrial: la Fábrica de Vidrio (conocida como de botellas), la más grande del país, la cual dejó de funcionar por falta de materia prima durante el llamado período especial en los años 90 del pasado siglo.
Cuando Fidel acababa de realizar un recorrido por esta entidad, entonces en construcción, alguien intentó darle una agradable sorpresa, al formularle una pregunta: ¿Comandante, lo conoce? ipso facto el héroe rebelde le dijo: ¡Vea, Balbinito!.
Y a continuación establecieron un diálogo para recordar los momentos en que ambos, cuando eran niños, estudiaban en la Escuela Dolores, de Santiago de Cuba.
En ese propio 1981, se iniciaban otras obras de gran magnitud: el nuevo hotel Las Tunas, el central azucarero Majibacoa, la fábrica de tableros de bagazos más grande de Cuba, en el municipio Jesús Menéndez; y otras que posteriormente cristalizaron como la pasteurizadora, la de refrescos y la vocacional de cultura El Cucalambé.
El combatiente del Moncada y expedicionario del Granma volvió a Las Tunas en 1988 para inaugurar la tercera industria, el Laminador 200 T, destinado a la producción de cabillas para los territorios orientales y Camagüey, y cuatro años después, en la propia zona se alistó una extraordinaria instalación: la acería Acinox, solamente superada por Antillana de Acero.
Pero la obra que más impactó a Fidel por su dimensión y objeto social fue el Combinado de la Salud, inaugurado el 14 de junio de 1980. Contaba –y cuenta-- con el hospital provincial general docente Doctor Ernesto Guevara de la Serna, un politécnico, un hogar de impedidos físicos y otro de ancianos, y un banco de sangre. Y años posteriores se completó con la facultad de medicina (hoy Universidad de Ciencias Médicas), un taller de electromedicina y una clínica estomatológica.
En su discurso para dejar inaugurado el Combinado, reconoció: “Estas son las ventajas de hacer las cosas nuevas, me imagino el futuro, un centro (hospital Guevara) de formación de especialistas altamente calificados, de nuevos médicos para satisfacer las necesidades de nuestro pueblo y posiblemente las necesidades de otros pueblos”.
“Observamos una transformación en la provincia –dijo--, trataba de recordar qué era Las Tunas en el pasado, todavía no puedo decir que era una ciudad, yo diría que era un pueblito, era una aldea por donde pasaba una carretera” (la Carretera Central).
“No obstante --amplió--, Las Tunas tiene una gloria histórica, una extraordinaria participación en nuestras luchas”, palabras que estaban en línea con lo que había dicho 24 meses atrás: “Las Tunas nunca se quedó atrás, ni en la Guerra del 68, ni en la del 95, ni en la última lucha de liberación”.
En su intervención en el combinado de salud y emocionado por lo que había visto lanzó la convocatoria al entusiasta pueblo para que luchara por ganarse en 1981 la sede del acto central por el Aniversario 28 del Asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Y es que tras realizar varios recorridos durante sus reiterados discursos y visitas a obras ya terminadas y otras en proceso constructivo, el Líder se sentía satisfecho por lo que había prometido en otra ocasión: “Convertir a Las Tunas en una verdadera tacita de oro”.
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