Santa Clara, 23 jun (ACN) Al hablar del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, la memoria histórica regresa inevitablemente a uno de los pasajes más solemnes y de mayor confianza política en la historia de Cuba: el retorno de los restos del Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara a la patria.
Para el historiador villaclareño y profesor Arístides Rondón Velázquez, este hecho no fue una simple comisión oficial, sino el cumplimiento de un deber sagrado entre hermanos de lucha.

Fidel no eligió a Ramiro por azar para presidir la delegación que viajó a Bolivia en 1997, afirmó el profesor Rondón Velázquez en declaraciones exclusivas para la Agencia Cubana de Noticias; “lo eligió porque Ramiro encarnaba la lealtad absoluta y la continuidad de la Sierra, era el hombre que debía estrechar la mano del Che tras tres décadas de ausencia física”.
Aquel 12 de julio de 1997, el aeropuerto de San Antonio de los Baños fue testigo de un momento que quedó grabado en la épica de la nación.
Al descender del avión que custodiaba los restos del Che y sus compañeros de la guerrilla boliviana, Valdés Menéndez se presentó ante el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Fue un parte militar escueto, pero cargado de simbolismo, rememoró Rondón Velázquez.

"Ese «La misión ha sido cumplida» que Ramiro le dijo a Fidel, no solo cerraba un ciclo de búsqueda técnica y científica en Bolivia, sino que abría las puertas de la inmortalidad definitiva del Che en suelo cubano”.
La crónica de aquellos días de octubre de 1997 sitúa a Ramiro Valdés en el epicentro del sentimiento popular en Santa Clara.
El historiador recordó con especial nitidez la noche del 14 de octubre, cuando Ramiro, junto a un entonces joven dirigente, Miguel Díaz-Canel, realizó la primera guardia de honor en el Memorial que hoy guarda las cenizas del Guerrillero.
Ramiro no se separó del Che ni un instante; estuvo en la inhumación definitiva el 17 de octubre, bajo la mirada de un pueblo que inundó Santa Clara, destacó el profesor.
“Su presencia allí era el puente entre el pasado guerrillero y el compromiso futuro”.
Finalmente, Arístides Rondón Velázquez subrayó la humildad que siempre caracterizó al Comandante de la Revolución, reflejada en su voluntad sobre su destino final.
“Al lado del Memorial del Che se construyó el Mausoleo Frente Las Villas; allí, en un espacio sencillo pero cargado de historia, reposan los restos de su columna; es el lugar que Ramiro eligió desde su concepción para descansar junto a sus hombres, es la definición más pura de su fidelidad: volver a la formación junto a su jefe y sus compañeros de armas”.
Hoy, mientras Villa Clara le rinde tributo, la historia de Cuba reafirma que aquella misión de 1997 fue, quizás, la más íntima y significativa de su vida: traer al amigo de vuelta a casa para que nunca más se fuera y, unos años después, acompañarlo desde el mismo suelo hasta la eternidad.


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