Historias de vida de santiagueros con la impronta de Fidel

Fidel Castro Cien años con Fidel

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ACN - Cuba
Aida Quintero Dip
374
16 Marzo 2026

  En el año del centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro, que se cumple este 13 de agosto, Santiago de Cuba se honra con mostrar historias de vida de algunos de sus hijos e hijas con rasgos significativos por la impronta del invicto líder, quien con su verticalidad revolucionaria y especial magisterio les indicó el mejor camino hasta el último instante de la existencia de cada cual.

   Son muchos los que atesoran relatos conmovedores, pero tratamos de sintetizarlos en la meritoria actuación de tres compatriotas que ya no están entre nosotros: la brava combatiente Gloria Cuadras de la Cruz, el locutor Noel Pérez Batista, Premio Nacional de Radio, y Francisca Isbert (Panchita), la cual confeccionó los primeros uniformes usados por el jefe rebelde.

   Con una vida intensa dedicada a los afanes por la libertad de Cuba, Gloria legó relatos únicos relacionados con el Comandante en Jefe, a quien quería como un hijo y estimó como a nadie por su gran dimensión humana, revolucionaria, valores patrióticos, éticos y morales.

   De esta valiosa luchadora clandestina en el Santiago rebelde y heroico de los convulsos años antes de 1959, quedan su evocación del justo instante en que conoció a Fidel y la certeza de que tenía delante al hombre que cambiaría definitivamente el destino de Cuba.

   Aquel cubano excepcional se encumbró mucho más ante sus ojos con la hazaña de atacar el cuartel Moncada, y el supremo interés de acabar con la feroz tiranía de Fulgencio Batista que había sumido al país en un panorama desolador y que ella enfrentaba como heredera de Mariana Grajales.

   Gloria insistía en que Fidel era su ídolo, por ser un patriota íntegro, consecuente, visionario y acérrimo antiimperialista; sentía orgullo manifiesto de sus estrechos vínculos con él y la Generación del Centenario, como veterana combatiente desde la época de Gerardo Machado y compañera de avatares de Antonio Guiteras.

   Evocaba que, ante su insistencia por asistir al juicio de los asaltantes a la segunda fortaleza militar del país, un oficial de la dictadura inquiría por qué tanto interés en ver a Fidel y en seguir aquel hecho, y ella sencillamente decía que era un buen hombre, revolucionario, honesto y, además, muy galante.

   Junto a su esposo, Amaro Iglesias, rescató los restos de los muertos por aquellos sucesos para darles digna sepultura, y asumió la misión de cuidar las tumbas de los mártires de la epopeya, quien tuvo un papel protagónico en el levantamiento armado de la urbe santiaguera, dirigido por Frank País con el propósito de respaldar el desembarco del Granma que venía desde México con Fidel al frente.

   Asumió la responsabilidad de ser una de las máximas organizadoras del Movimiento 26 de Julio junto a Frank, al sobresalir por sus convicciones muy sólidas e ímpetu poco común y cuando, por determinadas causas, se frustraban los anhelos libertarios no desmayaba ni un ápice su quehacer, porque su divisa era confiar siempre en el pueblo y en la fuerza de los buenos hijos de Cuba, así lo confesó muchas veces y muchas veces reiteraba que no se equivocó con el líder.

   El destacado locutor santiaguero Noel Pérez Batista tuvo la dicha de escuchar ese elogio a su persona: “Te portaste bien, te felicito”, del propio Comandante en Jefe Fidel Castro, quien reconocía así al hombre que arriesgó la vida para cumplir todas sus órdenes, el primero de enero de 1959.

   La misión no la asumió con un fusil, la materializó tras enlazarse con Radio Rebelde micrófono en manos, un arma también poderosa que le permitió dar a conocer al pueblo de Cuba orientaciones precisas del jefe rebelde para evitar más derramamiento de sangre y convocar a la Huelga General.

   Recordó que ya había apreciado la grandeza de Fidel, pero su postura creció ante sus ojos con su previsor discurso, más bien conversación con el pueblo en el parque Céspedes, de la legendaria urbe, en la jornada inicial del 59, que también tuvo el honor de transmitir por radio.

   El locutor que simboliza la voz de la Revolución junto a valiosos colegas de Radio Rebelde, vivió con intensidad el Primero de Enero, sin percatarse de horas ni minutos, cuando tuvo la oportunidad de enlazar la reconocida emisora del Ejército Rebelde para dar las órdenes de Fidel.

   “Dígale al Comandante en Jefe que la radio santiaguera está dispuesta a dar el apoyo que sea necesario hasta las últimas consecuencias; lo dije así categórico y radical, ya que conocía bien a la mayoría de los trabajadores del medio y había sido testigo de sus muchos actos conspirativos”, dijo.

   Con 24 años entonces, este hombre tuvo la osadía de afirmar en nombre del Movimiento 26 de Julio (M-26-7), al cual pertenecía, la disposición de CMKC, Radio Oriente, de dar respaldo a los rebeldes en el cerco y posible ataque a la ciudad de Santiago de Cuba.

   Se le considera el locutor que se atrevió a hablar con Fidel en peligrosas circunstancias a expensas de que lo mataran, en tiempos cuando aún se paseaban por las calles de la histórica localidad los batistianos y el riesgo era enorme, “pero no se podía estar con medias tintas”, subrayó.

   Meses después, en su primer reencuentro, el Comandante en Jefe lo miraba de arriba abajo como reconociéndolo cuando lo presentó como orador, el 30 de julio de 1959, en un acto donde se recordaba la muerte del líder de la lucha clandestina, Frank País.

   Otra vez lo invitó personalmente a los festejos por un aniversario de Radio Rebelde, fundada por Ernesto Che Guevara, el 24 de febrero de 1958, en la Sierra Maestra. Fue aquella la ocasión en que le comentó: “Te portaste bien, te felicito”, haciendo alusión a la actuación valiente de Noel el Primero de Enero.

   Confianza y afecto irradiaba Fidel en carta a Panchita, el 18 de marzo de 1958, cuando Cuba se preparaba para la Huelga del 9 de Abril y él, en medio de sus responsabilidades y preocupaciones, le escribía en su block de notas sentado sobre una piedra, muy cerca de la Comandancia General de la Sierra Maestra.

   “Llevo puesto el uniforme que me envió. Espero terminar con él la campaña, pues pienso que la victoria está próxima. Mas, si así no fuese, yo sé que ni en usted ni en nosotros habrá cansancio, porque sean cuales fueran los sacrificios que faltan por hacer, el final de esta lucha solo puede ser uno: el triunfo de la Patria. Cuente usted con nuestro infinito reconocimiento”.

   En otra parte de su carta le decía: “Al marcharse  María, que tantas simpatías siente y nos ha hecho sentir por usted con la evocación constante de su extraordinario corazón, deseo hacerle llegar un filial y devoto saludo. Los grandes sacrificios que usted ha hecho en esta lucha no serán en vano, y los uniformes que usted cose con tanto cariño para estos soldados de su causa, no serán  jamás deshonrados”.

   Su fibra patriótica se puso de manifiesto muchas veces. Cuando se fundó la República Mediatizada, en 1902, ayudó a coser las banderas cubanas que adornaban a Santiago de Cuba, también votó en la Constitución de 1940 y trabajó en tareas de divulgación con el Partido Socialista Popular.

   En época de la feroz tiranía de Fulgencio Batista, en que Santiago de Cuba era un hervidero de rebeldía y ocurrió la acción del 30 de noviembre de 1956, ya Panchita andaba en busca de ayuda para la causa revolucionaria por las calles de la legendaria urbe, donde vivió la mayor parte de su vida, aunque nació en el Realengo 18, en Guantánamo.

   Los presos de la Causa 67 por los sucesos del Moncada, el 26 de julio de 1953, que estuvieron en Boniato, atesoraban conmovedores recuerdos de aquella osada mujer, quien recorría diariamente varias cuadras recogiendo alimentos y ropas para ellos y luego los llevaba a la casa del combatiente Léster Rodríguez, en tiempos de gran peligro.

   “La carta que Fidel me envió es para mí el mayor tesoro del mundo, la recibí de manos de Vilma Espín, en 1958. Me dio mucha alegría saber que Fidel apreciara tanto mi trabajo y que me escribiera con tanto cariño, como un hijo le escribe a una madre”, confesó en entrevista publicada en la revista Mujeres, en 1977.

   El oficio de costurera lo heredó de su padre, un sastre muy pobre que ella honró al asumir la importante misión de contribuir a vestir la historia, pues días después del desembarco del yate Granma recibió instrucciones del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) de confeccionar tres uniformes de kaki verde olivo de campaña, uno para Fidel, otro para Raúl y otro para Crescencio Pérez.

   “Yo hice los tres. Me trajeron el uniforme que Fidel se puso durante la travesía de los expedicionarios de México a Cuba. Estaba raído y sucio y por ese pude hacer el de la Sierra Maestra, recuerdo que le puse en el bolsillo un papelito que decía: Fidel, las madres de Oriente te saludan y en el de Raúl: Raúl la juventud cubana te saluda”,  narró en la referida entrevista.

   También confeccionó una Bandera cubana cuando Fidel estaba aún en la Sierra Maestra, prometió entregársela al terminar la lucha armada y cumplió su sueño. Tuvo la dicha de conocerlo personalmente el día que habló en el Instituto de Segunda Enseñanza, de Santiago de Cuba, en  el 59.

   “Fidel vino adonde yo estaba y me dijo: ´Panchita, cuántos deseos  tenía de conocerla´ y me  abrazó y me dio un beso en la frente. Yo le dije: ´Mi Comandante, aquí tiene usted esta bandera, un álbum repujado y una cartera con sus iniciales que le entrego en nombre de las madres de Oriente.

   “Después lo vi en La Habana, en la Plaza de la Revolución, me dio un abrazo muy fuerte que nunca se me olvida. Le dije entonces: Mi Comandante, cuídese mucho que los pueblos del mundo lo necesitan”.


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