El 5 de noviembre de 1975 es la fecha que marcó el inició de la Operación Carlota, denominación que signa la participación cubana en la guerra por la independencia y soberanía nacional de Angola, y a su vez abrió una de las páginas más gloriosas en la historia reciente del internacionalismo y la solidaridad entre los pueblos.
Reviste de especial simbolismo que el nombre de la esclava lucumí que lideró la sublevación de esclavos del ingenio azucarero "Triunvirato", en la provincia de Matanzas, que 132 años después llevó a cientos de miles de cubanos a luchar por la dignidad del continente africano y saldar así la deuda de la isla con la humanidad, tras el oscuro precedente del colonialismo y la esclavitud.

Para el periodista y realizador Milton Díaz Canter, quién supo captar con el lente de su cámara los horrores y la humanidad que afloran en un conflicto de semejantes proporciones, aproximarse de nuevo a esos hechos, a la distancia de medio siglo, no puede ser un ejercicio para complacer a veteranos nostálgicos sino una enseñanza y ejemplo para reflotar con miras al futuro:
“Hay que buscar formas de qué los jóvenes de ahora, que les llega esa vivencia por relatos de sus protagonistas, conozcan lo que realmente pasó allá, esa es nuestra responsabilidad, hacer llegar ese pasado a ellos para que entiendan que se jugaba allí y porque Cuba, en acto de coherencia revolucionaria, estuvo presente”, insiste.
En entrevista con la Agencia Cubana de Noticias ahondó más sobre el tema:
- Para la generación actual Angola a veces nos parece algo lejano, que no siempre se entiende bien la participación cubana allí. Desde sus impresiones de los hechos ¿por qué está presente la isla en ese escenario bélico?
Precisamente, pasados los años, la gran preocupación ha sido la de dirigirme a las nuevas generaciones y tiene que ver con la pregunta. Las personas somos de nuestro tiempo y creo que Cuba hizo justamente lo que tenía que hacer en ese momento: asistir, tender la mano.
La mayor de las Antillas era además un paradigma para los movimientos de liberación nacional de todos los pueblos. No era solo el faro y guía sino el que animaba y cooperaba directamente a esas luchas, aunque Cuba nunca llevó la guerra a donde no se combatía. De esta manera, Cuba fue consecuente con su postulado martiano de que Patria es humanidad y de la voluntad de actuar sin necesidad de que el dolor sea contigo, sino también aliviar el dolor ajeno. Y precisamente en ese caso estaban los países que se encontraban en la etapa final de su liberación y combatiendo contra el colonialismo y sus últimos vestigios.
En ese mundo cambiante, quedaban las viejas posesiones de Portugal por independizarse y el país europeo, uno de los más atrasados por entonces en el viejo continente, se aferró a ellas y diseñó economía basada en ese modelo de explotación. Angola era, por tanto, a mi consideración, el pilar de ese sistema portugués por todas las riquezas naturales que poseía en su territorio.
Frente a ese escenario, como bien explicó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz al hacer pública la asistencia de Cuba, los imperialistas se estaban preparando para la eventual independencia del país al aupar a movimientos de liberación que vislumbraban la solución de los problemas internos de la nación con un proyecto centrado en el paradigma occidental, mientras que existía otro movimiento, el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) que dirigía sus miras hacia el campo socialista, encabezado por la Unión Soviética, y del que formaba parte la nación caribeña.
Esta guerra, que muchos especialistas definen como el último gran conflicto de lo que fue la Guerra Fría, detrás de quienes combatían ahí estaban los intereses de grandes potencias. Sin lugar a dudas, Occidente veía ahí todos los recursos que no quería abandonar, y aunque en cierto sentido hoy Angola sigue un modelo capitalista de desarrollo muchas políticas sociales inclusivas no hubiesen sido posibles sin el triunfo del MPLA y el apoyo firme de Cuba al naciente Estado.

- Para muchas familias cubanas Angola es un recuerdo trágico, traumático, pues muchos perdieron hijos, padres, parientes, amigos y allegados ¿Cuál es la trascendencia de ese conflicto en la Cuba de 2025?
Como un divulgador más del esfuerzo heroico de este país en aquella contienda, entiendo el dolor de más de dos mil familias que perdieron a sus seres queridos, el dolor de personas que quedaron marcadas por el resto de sus vidas. Es algo que debemos defender, hasta donde tuvo valides las ideas de la Revolución cubana y lo que quería aportarle al mundo la sociedad cubana.
El planeta hoy en día es muy complejo y diferente a lo que era en el último cuarto del siglo XX. Las guerras no se parecen en nada, son más brutales y violentas en la medida en que se encuentran formas cada vez más sofisticadas de matar y destruir y creó que entonces hicimos lo que nos tocaba hacer.
Lo más complejo, de cara a las nuevas generaciones, siempre ha sido pensar en cómo transmitirle ese escenario, los estados anímicos de los combatientes y eso es un motivo de orgullo. Habla mucho del espíritu y el alma del pueblo que fueron muchos más los que se quedaron con las ganas de cumplir esa misión que los más de 425 mil cubanos que participaron en el conflicto que comprende desde agosto de 1975, cuando el 1er comandante Raúl Díaz-Argüelles desembarco en Luanda, al frente de un reducido grupo de especialistas que conformaron el Estado Mayor de los 480 instructores que arribaron a costa angoleña un mes después; hasta mayo de 1991 cuando la misión militar cubana en Angola llegó a su fin, tras casi 16 años de permanencia.
Aquello fue algo de extraordinario valor, y a veces nos cuesta trabajo dimensionarlo en su justa medida y divulgarlo, a la vez que se ha intentado manipular de acuerdo a los intereses contrarios al papel de Cuba.
No siempre se tiene en cuenta las características del despliegue de personal cubano allá. Se hizo un sacrificio descomunal para levantar así las banderas del internacionalismo y la solidaridad entre los pueblos. El postulado martiano se cimentó a través de la Revolución Cubana, pues a través de las luchas de independencia fuimos asistidos por combatientes de otras nacionalidades, y eso llegó a su punto más alto precisamente en Angola.
Cuando se habla que fuimos a África a pagar la deuda con la humanidad, eso es correcto, poéticamente muy bonito de decir, y fue algo que se hizo con el aporte decidido del archipiélago, que se hizo presente allí en nombre de todo el continente americano. Fidel y la Revolución no escatimaron esfuerzos por poner en función de que Angola saliera adelante. Valdría la pena recordarnos de todo lo que fuimos capaces de hacer en ese momento.
Es lógico que a los que vienen llegando ahora eso les quedé algo distante, pero siempre está la influencia de algún familiar, amigo o vecino cercano que tuvo que ver con esa gesta. Fui dos veces allá y no hay arrepentimiento alguno y creó que ese es el sentimiento compartido de la gran mayoría.

- Se habla mucho del escenario de Angola, pero no siempre del momento geopolítico y las transformaciones en la parte austral del continente africano. Además, divulgar su influencia en la liberación de Namibia y el puntillazo al régimen del apartheid en Sudáfrica ¿Cómo cree que sería hoy Cuba y el mundo si no se hubiese estado allí?
Puedo decir que el mundo traería su dinámica, Cuba también la suya, pero no considero posible una revolución triunfante en aquellas condiciones, si Cuba no hubieses respondido a la ayuda solicitada, con el ímpetu con que lo hizo. Angola, nos aportó mucho, sobre todo con el perfeccionamiento de nuestras capacidades de defensa de la soberanía nacional.
Desde el punto de vista geopolítico, la contienda en Angola no solo disgustó a Occidente y al imperialismo estadounidense sino que preocupó además a los amigos. La antigua Unión Soviética, en mi opinión, estuvo muy preocupada desde que Cuba puso ese torrente humano rumbo a Angola. Los soviéticos tenían sus puestos de asistencia a los movimientos de liberación, pero a partir de la participación cubana se vieron obligados también a estar presentes de manera más directa.
En lo que hoy se le llamaría una guerra proxy, por el norte el FNLA, apoyado por Zaire (actual República Democrática del Congo), a través de mercenarios blancos pagados por el dinero de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) detrás, y por el sur la Unita, aupada por Sudáfrica y financiada también por Estados Unidos. Querían evitar a toda costa el arraigo y extensión de las ideas marxistas, para lo cual el control de la capital, Luanda, era decisivo, pero no llegaron justamente porque las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (Fapla), respaldadas por Cuba les cortaron el paso.
Con Mozambique por un lado y Angola por el otro, las ex colonias portuguesas emergían como potenciales refugio para otros movimientos de liberación nacional como el SWAPO de Namibia, refrendado por el gobierno angoleño al apreciar en la causa de países como Namibia, Sudáfrica y Zimbabue una extensión de la lucha de ellos en contra del colonialismo y el apartheid y fue precisamente el escenario donde se libró la fase más cruenta de esas guerras por la dignidad del continente africano.
Y hubo dos momentos determinantes en los que la presencia de los combatientes cubanos fue clave para evitar que se extinguiera ese proceso revolucionario: uno fue el 10 de noviembre de 1975 en la defensa de Luanda antes de la proclamación de independencia y el otro cuando la Batalla de Cuito Cuanavale entre diciembre de 1987 y marzo de 1988. Ambos eventos supusieron hitos en esta historia y fueron posibles gracias a la determinación de la nación caribeña que supo entender la trascendencia de los sucesos y enviar lo mejor que tenía en cuanto a hombres y armamentos.
En los discursos de Fidel quedaba firme la postura de Cuba de mantenerse en Angola, mientras ese país así lo quisiera, mientras existieran amenazas a su soberanía. Eso te demuestra lo consecuente que ha sido la Revolución cubana, y la generación que hoy se encuentra al frente de los destinos del país está implementando esa visión del Comandante en Jefe ante los desafíos actuales.
Por tanto, es algo que debe de tocarnos a todos por igual, no solo a los mayores sino a los jóvenes y de ahí la preocupación de cómo nos miran y se aproximan a ese capítulo de la historia reciente que fue indiscutiblemente de gloria. Este es un país donde en cualquier esquina hay un internacionalista y eso se tiene que aprovechar mejor para reflejar esas vivencias y reforzar el sentir patriótico.
Ahora, en el aniversario 50 de la Operación Carlota se ha desarrollado una campaña maravillosa por redes sociales de rescatar esas historias de vida, siempre con aquellos que intentan sabotear, y es un archivo valioso que vale la pena recuperar y transmitir. Daría para un texto interesantísimo y un testimonio fenomenal.
Demuestra que la gente, independientemente de los problemas que nos golpean a todos y el cansancio acumulado en las familias cubanas, pero tienen su orgullo y satisfacción de pensar que al menos hicieron algo por ese pueblo. La gesta de Angola fue el equivalente para muchos a la gloria del Moncada, del Granma o de la lucha revolucionaria hasta alcanzar el triunfo. Y esa es una memoria que se mantiene y que se mantiene viva en reuniones y encuentros de veteranos pero que debe llegar a toda la sociedad en su conjunto.
- En momentos en los cuales se intenta reescribir la historia y distorsionar el pasado ¿De qué manera puede Cuba abrazar eso e integrarlo en su cotidianeidad?
La alerta en cuanto a reescribir la Historia, y lo dijo Fidel en el aniversario 30 de la Operación Carlota, es cuando ya no estén sus protagonistas. Cuba luchó en Angola para que ese pueblo fuera dueño soberano de su destino y así fue.
Valió la pena, sin lugar a dudas, Angola encontró sus propias fórmulas y logró la reconciliación de todos los angoleños. Precisamente, por ese derecho elemental: el de decidir sobre su propio destino, combatimos allá junto a los valerosos simpatizantes del MPLA e integrantes de las Fapla. Soy de los que concuerdo con que nuestro país y nuestra gente hicieron lo correcto en aquel momento, ante los peligros afrontados por un pueblo amigo que solicitó nuestra ayuda. Contribuimos a barrer con los últimos vestigios del colonialismo y del apartheid. Somos de un país solidario e internacionalista. No fue en vano tanto sacrificio.
