Un campamento para la infancia y la solidaridad internacional

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ACN - Cuba
Mando Arreola | Foto: Estudios Revolución / Sitio Fidel Soldado de las Ideas
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18 Julio 2026

  No hay nada más importante que un niño, bajo esa premisa el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, inauguró el 20 de julio de 1975 el campamento de pioneros José Martí, en Tarará.

   A 27 kilómetros al este de La Habana, esa localidad pasó a ser albergue de estudiantes de la enseñanza primaria, secundaria y preuniversitaria desde los triunfantes días de enero de 1959 hasta convertirse en un emporio de felicidad para los niños cubanos.

   Al triunfo de la Revolución, en ese lugar residían burgueses que en mayoría se marcharon a Estados Unidos.

   En el discurso inaugural, Fidel precisó que ellos creían que “la Revolución no duraba mucho tiempo, que era cuestión de unos meses, y pensaban regresar relativamente pronto a disfrutar de algunas vacaciones más en esta zona”.

   Pero los hechos no sucedieron así, y aquellas casas deshabitadas las utilizó el Gobierno revolucionario para planes de becarios.

   Por allí pasaron miles de estudiantes de preuniversitario y de secundaria. Después se estableció una escuela de maestros primarios.

   La conversión en campamento de pioneros consistió en una colosal obra que incluyó la reparación de 168 viviendas y la construcción de una cocina centralizada, de un anfiteatro, de una piscina natural, de la plaza martiana, de terrenos deportivos, cafetería, casa de botes, restauración de mirador en la base náutica, adaptación de cuatro comedores y reconstrucción de 11 piscinas.

   “Este maravilloso campamento es obra del trabajo, del trabajo entusiasta y creador de nuestros obreros, apuntó Fidel.

   “Todas esas maravillas que ustedes ven…, todas esas cosas hermosas, ustedes deben recordar siempre que fueron fruto del sudor y del esfuerzo de nuestros trabajadores. Sin eso, habría sido imposible tener este campamento”, apostilló el líder revolucionario ante una audiencia de casi 10 mil niños y adolescentes.

   El Comandante en Jefe declaró que el mayor deseo del gobierno revolucionario sería poder contar con los recursos materiales suficientes para que todos los niños de Cuba tuvieran sus programas de vacaciones, es decir, todos los pioneros.

   “Nuestros recursos no son muchos, pero cada año nuestra Revolución, con el trabajo abnegado del pueblo, cuenta con más recursos. No podemos olvidarnos, por ejemplo, de los cientos de escuelas secundarias básicas en el campo que ya tenemos y que algún día podrían constituir una excelente base para campamento de vacaciones de los pioneros en el verano”.

   Y añadió el líder revolucionario: ¡…la Revolución Cubana se siente satisfecha del esfuerzo que realiza por los niños, y …no dejará jamás de hacer por los niños su mayor esfuerzo!”.

El campamento de pioneros José Martí recibe niños de Chernóbil

   En marzo de 1990 llega a Cuba el primer grupo de niños y niñas de las áreas afectadas por la explosión del cuarto reactor de la Central Electronuclear en Chernóbil para recibir atención médica y que en el mismo aeropuerto internacional José Martí los recibió el Comandante en jefe Fidel Castro Ruz.

   Ya en julio de ese mismo año, con el trabajo voluntario de miles de cubanos, en el balneario de Tarará se recuperaron casi todas las instalaciones para el recibimiento masivo de niñas y niños de Rusia, Bielorrusia y Ucrania.

   Entre esa primera oleada, se hallaba Lilia Levina de Hernández, una ucraniana que echó raíces en el entorno cubano.

   Ella es una de las privilegiadas que conoció al líder revolucionario, que habló con él, que sintió su mano encima del hombro.

   Su encuentro con Fidel ocurrió en 1991, en el hospital ortopédico Frank País, donde su pequeña Cristina, una de las víctimas del accidente en Chernóbil, recibió atención médica.

   «Mi niña estaba afectada por las radiaciones del accidente del 26 de abril de 1986, el más intenso de la historia según la escala internacional de accidentes nucleares», recuerda Lilia.

   El programa humanitario cubano de atención médica gratuita a los infantes afectados por la catástrofe nuclear de Chernóbil nació precisamente en medio de escaseces de todo tipo en el país, pero ni Cuba ni Fidel les dieron la espalda a esas personas enfermas, necesitadas de cariño y atención médica especializada.

   «Un día el Comandante apareció de pronto…, me preguntó cómo me sentía, si me faltaba algo, le dije que todo estaba bien, insistió en que si necesitaba cualquier cosa me dirigiera al doctor Rodrigo Álvarez Cambras y le dije que él me atendía a la niña, rememoró Lilia.

   «Mi niña es el único caso en la provincia de Matanzas y fue sometida en Cuba a numerosas operaciones, 13 en total, porque en Ucrania los médicos me dijeron que nunca caminaría. Agradezco a Cuba que mi hija camine y la posibilidad de crecer como ser humano y profesional. Con una niña con tantas dificultades motrices, pude realizarme como músico y compositora, ingresar al Instituto Superior de Arte y graduarme de licenciada.

   «Cuando empezó el plan para los niños de Chernóbil, Fidel acudió al aeropuerto, el 29 de marzo de 1990, a recibir al primer grupo. El compromiso con Ucrania era de 10 años para atender a 10 mil niños, pero a los 15 años nuestro Gobierno decidió no seguir con el programa, pese a lo cual en Tarará se atendieron a más de 26 mil pacientes del país europeo.

   «Eso fue muy impactante; sin embargo, Fidel publicó una nota que decía que Cuba seguiría ayudando a los niños de Chernóbil. Ningún país ni ningún dirigente hizo eso. Ahí también se expresa su grandeza, humanismo y el cariño que sentimos por su figura universal.

   «Siempre me impactó su solidaridad sin fronteras; gracias a Fidel miles de ucranianos estuvieron durante años viniendo a curarse de diversas dolencias en Cuba. Hasta se rehabilitó un campamento de pioneros en la localidad de Tarará, en las afueras de La Habana, con el propósito de convertirlo en hospital para las víctimas de leucemia y otros tipos de cáncer, alopecia, trastornos sicológicos y neurológicos...

   «La huella que deja Fidel en el mundo es infinita. Vive y vivirá. Esta es mi segunda patria y todo lo que pueda aportar para su desarrollo lo haré. Los cubanos tienen --aseguró la relevante testimoniante-- la tremenda suerte de haber disfrutado de un líder único como Fidel».


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