Sancti Spíritus, 18 jul (ACN) Cuando el calor de media mañana puede espantar el impulso para continuar las labores agrícolas, Juan “Yuya” Delgado parece energizarse y sus brazos vuelven sobre los surcos de yuca, porque pegarse a los sembrados y potreros es la única manera en que logra materializarse la soberanía alimentaria, subrayó.
La historia campesina de este hombre comenzó en la zona de Toma de Agua, en las cercanías de la comunidad de Pojabo, primero en la finca de la familia, después en la Cooperativa de Producción Agropecuaria Frank País y en otros escenarios, hasta que luego de la jubilación le otorgaron un área a poco más de dos kilómetros de esta ciudad.

A los cultivos varios incorporó la ganadería y ahora exhibe los pastizales y rebaños en plena etapa de formación o habla de los incipientes acopios de leche que entrega al Estado y convierte en queso cuando las recogidas se dificultan.

A mis 75 años, la mayoría de ellos entre cultivos de cebolla, viandas, frutales y hortalizas, sobran argumentos para recordar que la mejor forma de hacer parir la tierra es poniendo miradas, voluntades y un poco más de atención a quienes a pecho han desbrozado malezas, creado fincas y siguen aportando, reveló a la ACN el campesino de la cooperativa Mártires de la Chorrera, de la capital espirituana.

Los tiempos son complicados, la necesidad de alimentos crece, pero no todos los factores se alinean para que pequeños y medianos productores abracen la dicha de voltear la mirada hacia el campo, acotó.

A pesar de ello, precisó, lo que nunca puede faltar es el trabajo, tengamos más o menos recursos, y si hablamos de soberanía alimentaria, que contempla la comida del hogar, la del vecino, la del pueblo, solo es posible si sudamos el surco y el potrero.

En su ir y venir por la tierra, Juan “Yuya” Delgado nunca perdió tiempo; convertí manigua en plantaciones de plátano, yuca, boniato, calabaza, granos, porque la “dispensa” y la mesa no pueden esperar, subrayó.

Lo más difícil, refirió, es que muchas de estas producciones se pierdan en el campo, que en un momento donde la necesidad de alimentos es alta vayan a parar a manos de los revendedores.

Mientras Juan expone sus criterios, su esposa Elia Toledo Martínez, mujer también de largo andar campesino y convencida de que cruzarse de brazos y lamentarse tampoco es la fórmula, atiende la creciente cría de conejos que aportará proteínas a la familia y a otros destinos.
Tenemos cerdos, gallinas que vamos incrementando paulatinamente hasta donde sabemos que podemos, porque a la alimentación se le pone el pecho, expresó.
En la finca, además de trabajo, se respira sabiduría, materializada en el aprovechamiento de cada espacio cultivable, en el uso de residuos y estiércol del ganado para mejorar suelo y en las maneras del laboreo.
Rescatamos y multiplicamos la variedad de caña Media Luna, por un tema de herencia, de cultura, y nos servirá para el ganado en tiempo de sequía, para que los nietos la degusten, pero también para multiplicar plantones y que otros puedan disponer de semillas para fomentarla, significó Delgado.
Ahora mismo estamos desbrozando una manigua difícil para crecer en áreas de producción, tenemos proyectos, pretensiones, y estamos convencidos que solo será posible si seguimos trabajando, concluyó el guajiro con una filosofía forjada con los pies bien puestos en la tierra que cultiva.
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
