La Habana, 29 ago (ACN) El estadio Latinoamericano fue hoy escenario del abanderamiento del equipo Cuba Sub-18 de béisbol, que representará a la isla en la Copa Mundial de Okinawa, Japón, del 5 al 14 de septiembre.
La ceremonia tuvo el peso de lo simbólico: en el mítico recinto de la pelota cubana, donde generaciones enteras han dejado su huella, flameó la enseña nacional antes de ser depositada en manos del capitán del elenco, Jonathan Moreno, por Inés María Chapman, vice primera ministra de la República de Cuba.
El gesto, solemne y emotivo, resumió el compromiso de un grupo que sabe que lleva más que un uniforme: carga la esperanza de una nación que se reconoce en el béisbol como en un espejo.
Su director, Abeyci Pantoja, monarca de las últimas dos ediciones de la Serie Nacional con los Leñadores de Las Tunas, conversó minutos antes con la Agencia Cubana de Noticias.
Es un gran compromiso para mí que me hayan seleccionado para dirigir este equipo. Es un reto muy grande porque es una categoría que, aunque la sigo, no había trabajado con ella directamente, confesó con una mezcla de respeto y fervor.
Mientras el sol de agosto aún rozaba las gradas del Latino, Pantoja repasaba los días de preparación. Recordó que en los inicios abundaban las dudas, pues este equipo quedó prácticamente desintegrado después del Panamericano Sub-15.
Pero poco a poco se ha ido redondeando, han tomado confianza y se han preparado. Hemos tenido varios topes con equipos de calidad y eso nos ha dado la medida, explicó.
A solo horas de emprender el viaje, la selección juvenil ha cumplido un plan riguroso en sus topes de preparación con equipos de mayores que jugarán la Serie Nacional.
Pantoja insiste en que la meta no es prometer coronas, sino competir con disciplina y unión, las virtudes que, según él, sostienen hoy al grupo. Es lo más fuerte que tiene el equipo y con eso vamos a enfrentar el torneo, a tratar de dar buena imagen y ganar juegos, sentenció.
El timonel tunero subrayó que la ofensiva ha respondido en momentos claves, que los lanzadores han perfeccionado el control aunque no superen las 90 millas, y que los errores defensivos, todavía presentes, marcan el camino por corregir.
La palabra “combatividad” regresó varias veces en sus labios, como si fuera la brújula indispensable en el cruce contra Japón, Surcorea, Puerto Rico, Italia y Sudáfrica, conjuntos que estarán en su grupo en busca de tres cupos para la Superronda.
La historia avala el sueño: Cuba es el país más laureado de la Copa Mundial Sub-18 con 11 títulos, aunque el último llegó en 2004. Desde entonces, Estados Unidos (10 coronas), Corea (5), Taipéi de China (3) y, más recientemente, Japón, han ido tejiendo sus propias hegemonías.
Justo en casa de los nipones, actuales campeones, deberán medirse ahora los cubanos, con el reto inmediato de sobrevivir en un grupo de hierro.
Pantoja no esquivó la magnitud del desafío: No vamos a decir que seremos campeones mundiales. Hay que esperar a nuestros contrarios. Sí sabemos que Japón cuenta con lanzadores veloces, pero nuestros muchachos se han enfrentado a pitchers de más de 90 millas y les han pegado bien a la pelota. Eso nos da confianza.
En el Latino, donde la víspera chocaron en tope de preparación contra Industriales, los juveniles afinaron las últimas piezas antes de recibir la enseña nacional.
El abanderamiento no es un simple protocolo: es un recordatorio de que cada swing, cada lanzamiento y cada atrapada en Okinawa será también un acto de fidelidad a la historia.
La pelota cubana carga cicatrices y memorias, pero también la obstinación de renacer en cada torneo. Pantoja lo sabe, sus muchachos también. Y por eso, mientras la bandera ondeaba, lo que se levantaba en realidad era una promesa: la de dejarlo todo en el diamante, sin concesiones.