El trazo de Inés Morillo, la bandera que unió a Cuba antes del juramento

Compartir

ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León
470
06 Febrero 2026

Santa Clara, 6 feb (ACN) En la quietud de la casa, semanas antes del alzamiento de Las Villas en febrero de 1869, las manos de Inés Morillo cortaban tela azul y blanca bajo la luz de un candil.

   Puntada a puntada, reproducía un diseño ya legendario, el de la bandera de Narciso López, la misma que había ondeado en Cárdenas en 1850.

   La camagüeyana con estrechos vínculos villareños no sabía aún que esa enseña recorrería cientos de kilómetros para convertirse en símbolo fundacional de la República de Cuba en Armas.

   Hedy Hermina Águila Zamora, historiadora de Santa Clara, declaró a la ACN que aquella bandera llegó a manos de Eduardo Machado Gómez, el secretario de la Junta Revolucionaria de Las Villas, un hombre que hablaba seis idiomas pero que prefería la acción a las palabras.

   La guardó con celo durante los preparativos clandestinos, mientras las tertulias en la farmacia La Salud de Santa Clara respiraban ya aires de insurrección.

   El 6 de febrero de 1869, en los parajes de San Gil, poblado cercano a la urbe de la central geografía, Machado Gómez desplegó la bandera de Morillo ante más de un centenar de alzados.

   “Ese momento debió ser eléctrico, por lo que registran los documentos de la época”, describe Águila Zamora, “por primera vez, el centro de Cuba veía ondear la enseña independentista en plena acción militar; no era un símbolo abstracto, sino la materialización de una conspiración que llevaba meses gestándose”.

   Pero el viaje de la insignia apenas comenzaba; Carlos Roloff Mialofsky, el polaco con experiencia militar que se unió a la causa, la llevó consigo hacia Camagüey con la misión de presentarla en la Asamblea de Guáimaro, donde se debatiría el futuro institucional de la revolución.

   “Roloff no solo llevaba un pedazo de tela”, subraya la historiadora, “llevaba la legitimidad del alzamiento villareño, la prueba de que el centro de la isla se había sumado a la guerra en apoyo directo a la insurrección de Oriente iniciada en La Demajagua el 10 de octubre de 1868”.

   El 10 de abril de 1869, en medio de debates constitucionales, esa misma bandera fue extendida frente a los delegados presentes; fue entonces cuando Carlos Manuel de Céspedes, elegido primer presidente de la República de Cuba en Armas, colocó su mano sobre sus franjas.

   “Sobre ella juró”, confirma Águila Zamora, “y ese gesto convirtió una bandera regional en la enseña nacional y unió el grito de San Gil con la fundación del Estado cubano”.

   La investigadora destaca que Eduardo Machado Gómez dejó constancia escrita de este episodio en su autobiografía, un testimonio clave que vincula la materialidad del símbolo con la ceremonia fundacional.

   “No fue una bandera creada en abstracto, sino una que ya tenía historia de lucha”, añadió.

   Hoy, a 157 años de aquel juramento, la bandera que nació de las manos de Inés Morillo y ondeó en San Gil sigue representando la unidad de un proyecto nacional que, desde sus primeros días, supo entrelazar el oriente y el centro de Cuba en un mismo sueño de libertad.


© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial