La Habana, 16 may (ACN) Los Cocodrilos de Matanzas, campeones de la 64 Serie Nacional, han comenzado la IV Liga Élite del Béisbol Cubano con paso incierto, lejos del pulso competitivo que los distinguió en campañas recientes.
La ausencia de Armando Ferrer, por problemas de salud, ha dejado un vacío más simbólico que táctico, pues aunque su sustituto, Eduardo Cárdenas, conoce la partitura, la orquesta hoy desafina en momentos clave.
Aun con bajas sensibles en la alineación y el staff de pitcheo, el plantel dispone de argumentos suficientes para no habitar el penúltimo lugar, donde ancla con balance de 4-7, apenas por delante de Mayabeque (4-8).
El espejismo inicial de la barrida ante los Huracanes se diluyó con siete derrotas consecutivas frente a Holguín y Artemisa, como si el envión se hubiera quedado varado en la primera curva del calendario.
La ofensiva, con respetable average colectivo de .322, revela una fisura silenciosa al remolcar solo el 23.91 por ciento de los corredores en posición anotadora, síntoma de una eficacia que se evapora en los tramos decisivos.
A ello se suma la escasez de poder —seis cuadrangulares—, y una producción de 65 carreras que los ubica en el fondo, números que contrastan con la historia reciente de un equipo acostumbrado a imponer condiciones.
Pero es el pitcheo el que hace saltar las alarmas: promedio de 8.26 limpias, rivales bateando .368 con 20 jonrones, y un WHIP de 2.20 que dibuja un panorama de constante tráfico en las bases.
Los abridores, con un solitario triunfo, seis derrotas y un abultado 9.76 de efectividad, han convertido cada salida en terreno movedizo, mientras el descontrol —más de seis boletos por cada nueve entradas— agrava el naufragio.
Como colofón, la defensa exhibe la peor cara del torneo con 18 errores y un promedio de .957, grietas que terminan por abrir la puerta a cualquier rival.
Sin embargo, en un calendario de 40 juegos aún joven, Matanzas conserva margen para recomponer su imagen, porque si algo ha probado este equipo es su capacidad para resistir y reajustarse.
Los Cocodrilos no parecen todavía a la deriva definitiva, pues su ADN competitivo, la experiencia acumulada en títulos recientes y la lógica evolución de un torneo corto sugieren que aún están a tiempo de corregir el rumbo y volver a la pelea.
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