Cuando haya que referirse a un ejemplo de líder sindical, distinguido por su recia estirpe revolucionaria, habrá que acudir a Lázaro Peña González, quien nació en La Habana, el 29 de mayo de 1911, con una vida consagrada a la lucha a favor de los derechos de los trabajadores, al mejoramiento humano y a la utilidad de la virtud, a la usanza de José Martí.
Sentido dolor causó en el movimiento obrero, en el pueblo y más allá de las fronteras nacionales, su fallecimiento, ocurrido el 11 de marzo de 1974. El Comandante en Jefe Fidel Castro destacó en el sepelio su entrega y dedicación aun en los últimos momentos de su existencia y con razón afirmó: (…) No venimos propiamente a enterrar un muerto, venimos a depositar una semilla”.

Nacido en humilde cuna, en el barrio habanero de Los Sitios, hijo de un carpintero y albañil eventual y una despalilladora de tabaco, Lázaro Peña desarrolló una afición por la lectura que le permitió lograr un amplio perfil cultural de forma autodidacta. Muy pocos conocen que de joven quiso ser violinista, pero se vio obligado a trabajar para ayudar a su familia.
Poseía una inteligencia brillante y talento innato para presidir asambleas y debates, que sus compañeros descubrieron muy temprano. Tales aptitudes lo impulsaron a escribir una página que merece preservarse en la memoria del movimiento sindical, como legado para las jóvenes generaciones que deben inspirarse en la obra de quien se ganó un nombre de referencia y respeto: Capitán de la clase obrera cubana.
Su primer contacto con el mundo laboral fue como torcedor de tabaco, un oficio que le concedió observar de cerca las injusticias y desigualdades que sufrían los trabajadores, lo cual estimuló su profunda actitud de justicia social; dada su capacidad de liderazgo y compromiso, se convirtió en una figura clave en la organización obrera en Cuba.
Considerado un infatigable defensor de las reivindicaciones económicas y sociales del proletariado del país y del mundo, este cubano devino servidor íntegro de la patria, porque también se dedicó al Partido Comunista, en el que cumplió faenas increíbles, cuando tener esa filiación política era un riesgo enorme.
Tan es así que en sus 63 años de vida este dirigente comunista, a cuyas filas ingresó con 18, sufrió prisión en varias ocasiones por su actividad contra la tiranía de Gerardo Machado y en 1934, con 23 años, fue elegido miembro del Comité Central del Partido Comunista, secretario general del Sindicato de Tabaqueros y miembro del Comité Ejecutivo de la Confederación Nacional Obrera de Cuba, la cual pasó a dirigir en 1935.
Trabajó con ahínco Lázaro Peña por consolidar una estructura fuerte y representativa, a tal punto que su liderazgo trascendió las fronteras de Cuba, al ser en 1938 una figura cardinal en la fundación en México de la Confederación de Trabajadores de América Latina, esfuerzos que tuvieron sus frutos en 1939 con la celebración del Congreso Constituyente de la Confederación de Trabajadores de Cuba.
Por su destacada trayectoria como dirigente popular, honestidad y valor, la máxima dirección del movimiento sindical quedó establecida bajo la dirección del obrero Lázaro Peña, con 28 años, responsabilidad desde la cual incitó a la unidad sindical y la defensa de los derechos laborales, una gestión caracterizada por la promoción de la educación y la formación política, convencido de su importancia para alcanzar cambios sustanciales en la sociedad.
En esa magna cita de los trabajadores abogó, asimismo, por una Asamblea Constituyente que dotara a Cuba de una nueva Carta Magna, que finalmente sería la Constitución de 1940, y se pronunció por la solidaridad con el pueblo español en su enfrentamiento al fascismo.
Como expresión de su compromiso con la lucha obrera en el ámbito internacional, al constituirse, en 1945, la Federación Sindical Mundial, este notable líder estuvo entre sus fundadores, ocupó la responsabilidad de secretario y, posteriormente, vicepresidente de su Comité Ejecutivo en 1953.
Lázaro Peña con firmeza y verticalidad de principios, se enfrentó al imperialismo y a los gobiernos auténticos. Tras el triunfo de la Revolución, en enero de 1959, se reincorporó como soldado de fila y desempeñó un papel esencial en la reorganización del sindicalismo en medio de un nuevo contexto político.
De tal manera aportó a la consolidación del modelo socialista y a la integración de los trabajadores al desarrollo de la nación, una labor reconocida al promover su participación activa en la economía y en la toma de decisiones del país.

En 1961, al celebrarse el XI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), a la que había rescatado la unidad y prestigio del movimiento obrero organizado, se reinsertó en su directiva como secretario general hasta 1966 y en 1965 resultó electo miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), cargo que mantuvo hasta su muerte.
También por sus grandes méritos y capacidad organizativa fue nombrado, a principios de 1973, jefe del Departamento de Organizaciones de Masas en el Comité Central del PCC, muestra de su espíritu incansable.
Pese a la enfermedad que lo aquejaba se consagró a la preparación del histórico XIII Congreso de la CTC y resultó el centro de aquel trascendental evento, con su participación directa en la elaboración de las Tesis sobre complejos temas del acontecer político, económico, social, laboral y sindical, sometidas a debate con todos los trabajadores.
Cuba evoca a Lázaro Peña en el aniversario 115 de su nacimiento, su legado sigue vigente con un impacto que no se limita a la historia, sino que continúa inspirando a nuevas generaciones de dirigentes sindicales y trabajadores que enarbolan su ejemplo como guía y bandera, en el camino hacia la construcción de una sociedad cada vez más justa y equitativa.
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