Para Bárbara Guerrero González, madre de Yasli Estefany Legra Guerrero, de seis años, cada jornada junto a su hija representa un aprendizaje constante.
La pequeña fue diagnosticada con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), condición que transformó la dinámica familiar y la condujo a buscar atención especializada desde las primeras señales.
Recuerda Bárbara que las manifestaciones iniciales comenzaron con dificultades en el lenguaje, gritos frecuentes, impulsividad y conductas difíciles de controlar.
Siempre gritaba, salía corriendo y a veces daba golpes sin que nadie le hiciera nada. Comencé a llevarla a la consulta de Logofoniatría porque tenía un trastorno del lenguaje; luego pasó a Psicología, donde iniciaron los tratamientos, y posteriormente la remitieron a Neurodesarrollo, donde determinaron que era una niña con TDAH, explicó.

La atención a menores con este diagnóstico forma parte de las acciones del Centro Especializado en Servicios Educacionales de Santiago de Cuba, institución que brinda acompañamiento preventivo a niños y adolescentes, además de orientar a las familias, docentes, directivos y comunidades.
Alina Despaigne Ivonet, directora de la institución, señaló que entre las principales causas de atención figuran los trastornos específicos del lenguaje, los de la conducta, situaciones de maltrato infantil y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Expresó que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que empieza a manifestarse desde la primera infancia y suele hacerse más evidente durante la etapa escolar.
Son infantes que pueden mostrarse inatentos, impulsivos o hiperactivos, y algunos presentan dificultades para mantener la concentración; otros actúan impulsivamente o tienen problemas para permanecer sentados, esperar turnos o controlar sus movimientos, conductas que requieren una atención especializada y un adecuado acompañamiento educativo y familiar, precisó.

La intervención temprana y el trabajo conjunto entre especialistas, maestros y familiares constituyen pilares esenciales para favorecer la evolución de estos menores.
Annia Frometa, psicóloga del Centro Especializado en Servicios Educacionales, manifestó que, aunque el TDAH constituye una condición del neurodesarrollo, sus manifestaciones pueden modificarse positivamente mediante estrategias terapéuticas y educativas que fortalezcan las habilidades del niño.
El objetivo no apunta a cambiar quiénes son, sino ayudarles a desarrollar recursos para mejorar la atención, el autocontrol, la regulación emocional y la convivencia; para ello empleamos técnicas de relajación, respiración, mindfulness y otras herramientas adaptadas a las necesidades de cada paciente, señaló.
La especialista destacó que los mejores resultados se alcanzan cuando existe una actuación coherente entre la familia, la escuela y la comunidad.
El infante necesita recibir los mismos mensajes y el mismo acompañamiento en todos los espacios donde se desarrolla, cuando padres, maestros y comunidad trabajan de manera coordinada, se fortalecen sus capacidades, aumenta la autoestima y mejora su adaptación social y escolar, afirmó.
Por su parte, Isenia Sierra Torres, psicoterapeuta del propio centro, refirió que el TDAH tiene un origen multifactorial, en el que intervienen factores genéticos y ambientales.
Precisó que entre estos últimos pueden influir situaciones ocurridas durante el embarazo, como el consumo de tabaco u otras sustancias; así como determinados factores psicosociales relacionados con los eslabones involucrados, los cuales pueden incidir en la evolución del menor y requieren un adecuado manejo desde edades tempranas.

En el ámbito escolar, el acompañamiento pedagógico constituye otra de las fortalezas del trabajo inclusivo.
Daysi Gaen Guzmán, profesora de la Escuela Primaria Juan Manuel Ameijeiras Delgado, perteneciente a la Ciudad Escolar 26 de Julio, explicó que la observación sistemática permite conocer la evolución de cada estudiante y adecuar las estrategias educativas a sus necesidades.
Realizamos una observación constante durante toda la jornada escolar. Además, procuramos ubicar al niño en un lugar donde existan menos distractores: lejos de ventanas o ruidos, para favorecer su concentración y participación en las actividades docentes, comentó.
La labor trasciende las aulas y se extiende hacia las comunidades mediante acciones de orientación e inclusión.
Ivette Aranda Salas, metodóloga provincial de Educación que atiende los trastornos de la conducta, insistió en la necesidad de sensibilizar a la población sobre esta condición.

Estos pequeños no se comportan así porque quieran. Se trata de un trastorno médico diagnosticado por especialistas de Salud Pública y atendido por profesionales de la Educación Especial. La comunidad debe aprender a aceptarlos, comprender sus necesidades y favorecer su inclusión, expresó.
Para Bárbara Guerrero González, el proceso también ha significado una transformación personal.
Según dijo, no pensó vivir esta experiencia, pero me ha ayudado muchísimo. Incluso, siendo maestra, he aprendido a relacionarme mejor con los niños y con mi propia hija. También trato de que las demás personas comprendan su condición para que puedan interactuar con ella y favorecer su inclusión.
La atención integral que desarrolla el sistema educacional en Santiago de Cuba, en estrecha coordinación con Salud Pública y la familia, evidencia la importancia del diagnóstico oportuno, la intervención especializada y la labor intersectorial para favorecer el desarrollo pleno e inclusivo de los menores con trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

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