Hay un momento exacto que no olvida Juan Carlos Vallina, jefe del departamento de promoción y programación de la Empresa Provincial de Cine en Guantánamo: cuando la sala de cine se oscurece, el ruido se apaga, la pantalla empieza a brillar y llega el debate después; eso, para él, sigue siendo lo más parecido a la felicidad.
Así lo siente desde niño: "No me perdía los estrenos del cine América, era habitual ir a la matinée infantil del cine Oriente, que era una sala de barrio, también al cine Luque -actual Huambo-. Aún yo sueño con el cine Oriente", dice a la Agencia Cubana de Noticias, como quien habla de un amor de juventud.
Lo curioso es que este hombre lleva más de 30 años dedicado a la programación de películas, la organización de festivales y a escribir sobre el séptimo arte, pero ¿te imaginas a un crítico de cine como ingeniero químico?
Vallina lo es, por las pocas posibilidades de carreras universitarias relacionadas con la cultura cinematográfica, y se graduó en 1988 en Santiago de Cuba, en el Instituto Politécnico Julio Antonio Mella, pero nunca dejó las salas oscuras.

"Durante la carrera siempre conté con 'mis horas de cine'. Nadie me las podía tocar, aunque tuviera pruebas y tenía que estudiar constantemente, pero no me perdía los estrenos del cine Cuba ni los clásicos de los lunes en la Cinemateca del Rialto", recuerda, porque para él no era un capricho, sino una necesidad.
El salto de trabajar cinco años en el Ministerio del Azúcar, a la sala de proyección fue, en sus palabras, como “ver las puertas del cielo abiertas”, porque en 1993, mientras procuraba invitaciones para ver la muestra de ciencia ficción Alien 3, un amigo lo llevó hasta Ernesto Pereyó, el director de la empresa de cine provincial en ese entonces.
Tras hacerle pruebas lo invitó a unirse a ellos, sin tener estudios en la rama --era autodidacta en la materia-- le dijo adiós a la ingeniería y empezó a trabajar en lo que en verdad le apasionaba, al frente del departamento de programación y promoción.
Más de tres décadas después, Vallina resulta una figura inevitable en Guantánamo cuando se habla del séptimo arte, no por genio, sino por constancia: se preparó, estudió, hizo cursos, vio miles de películas y participó en todos los eventos posibles.
Entre ellos enumera el Festival de Cine de La Habana desde la edición 17 hasta la 42, sin fallar una, y ha sido jurado en dos ocasiones en el de Cine Pobre de Gibara; también llegó a Las Tunas, Santiago de Cuba, Villa Clara, entre otras provincias, y es miembro de la Asociación Cubana de la prensa cinematográfica; pero su trabajo más constante es en su territorio.
“Aquí he organizado 27 ediciones del festival infantil Fiesta para un príncipe enano, las jornadas por el aniversario del Icaic y los festivales de Cine de Montaña. Además, creé la peña Ojo Crítico, que funcionó de 1996 a 2023, con debates y presentaciones donde llevé a grandes críticos: Luciano Castillo, Frank Padrón, Juan Ramírez, Raúl Rodríguez y otros", detalla.
Él no se detiene, en el programa radial Identidad, tiene una sección "Proyecciones", que escribe y conduce desde hace años, y en televisión hizo el programa "Pasión por el cine", "colaboré con el periódico Venceremos y otras revistas con comentarios de la materia. Imagínate tantos años en esto y la pasión no disminuye", dice.
"El cine institucional del Icaic vive tiempos difíciles. Desde el Periodo Especial hasta hoy su producción ha disminuido por la situación del país y no es que no se haya hecho películas —muchas sí— pero el ritmo ha mermado".
La buena noticia: "El cine independiente cubano goza de buena salud, de hecho, el propio Icaic creó el registro de realizadores independientes para visibilizar esas obras de calidad que se hacen fuera de su núcleo, y muchos jóvenes demuestran cada día que hoy se puede hacer un audiovisual, porque la tecnología lo democratiza todo, pero no cualquiera logra la calidad necesaria".
Por eso valora tanto a los jóvenes realizadores, y en especial a los guantanameros: "Tienen mucho talento, producen obras muy buenas, como Daniel Ross y otros que no voy a mencionar para que no se me quede alguno fuera injustamente", señala orgulloso de la cantera.
Su comentario lo lleva directo a la promoción audiovisual, "para rescatar al público de las salas oscuras, dice, hay que trabajar mucho más la promoción, sin miedo a usar redes sociales, hasta campañas de marketing, como las de Hollywood", y ejemplifica con la película Michael, sobre la vida de Michael Jackson, cuya promoción arrancó meses antes y con mucha fuerza, y en eso hay que pensar.
"En Cuba no se trata tanto de lo económico, sino de recuperar al espectador, porque el público se ha perdido, y ello no constituye un secreto: la tecnología obsoleta de muchas salas, la crisis y la comodidad de ver en el teléfono lo último que llega en los paquetes semanales ha hecho que se prefiera una pantalla pequeña y de mala calidad antes que ir al cine.
“Para atraer al espectador, en Guantánamo aún trabajan con el cine móvil, proyectores y pantallas inflables, llevan películas a comunidades, escuelas, barrios, casas de abuelos y hogares maternos. Además, pensamos rescatar una sala cinematográfica en la ciudad, y en otros municipios los cines aún funcionan, aunque la crisis energética lo complica”.
¿Y Vallina, se ha atrevido a crear su propio audiovisual? No, se ríe y explica que él se inclina más por la crítica, la apreciación, comentar lo que otros crean, "eso no significa que no participara, fui extra en la parte grabada aquí del filme Miel para Oshun (2001), también como extra en la película inédita Bajo la corteza, de Daniel Ross, y asesoro a realizadores independientes", y aunque la experiencia le gustó, su lugar es otro.
Le quedan cinco años para jubilarse. Si puede, seguirá ahí: brindando experiencia, conocimiento a las nuevas generaciones y trabajadores del centro provincial, mientras en casa --cuando no ve filmes o series cortas-- cocina, tarea que le gusta y sobre la cual también deviene autodidacta.
Juan Carlos Vallina no aspira a reconocimiento ni busca protagonismo, sólo compartir su pasión por el cine, por eso trabaja mucho, lo verás --con ese pelo blanco inconfundible y sus ojos azules-- yendo de aquí para allá, en busca de unir al público con lo audiovisual para que no se apague la esencia del séptimo arte ni en Guantánamo ni en Cuba.
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