Un encuentro entre titanes

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ACN - Cuba
Luz Marina Fornieles Sánchez
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14 Mayo 2026

  Por primera y única vez, Fidel Castro y Ernest Hemingway coincidieron el 15 de mayo de 1960, en una jornada de pesca y posterior premiación del Xl Torneo Internacional de la Pesca de la Aguja, nombrado como ese Premio Nobel de Literatura.

   Aquel día fue único. Era un domingo, más de 60 años atrás, cuando acontecía una sesión de pesquería, seguida por la ceremonia de cierre.

   Sus organizadores estaban conscientes de que la ocasión sería histórica, pues en tal escenario coincidirían dos titanes, dos personalidades, que, sin conocerse aún, se admiraban mutuamente. Sus respectivas declaraciones daban fe de ello.

   La lid reunió a 76 equipos en la antigua dársena de Barlovento, hoy la Marina Hemingway. El estadounidense ya un relevante escritor y promotor del evento, acudió en su yate El Pilar, mientras el líder de la Revolución cubana lo hizo en la embarcación llamada Cristal, donde también hizo sus intentos el Comandante Ernesto Che Guevara, aunque, al decir de varias fuentes, sin mucho éxito, por lo cual se refugió en la lectura.

   En los tres días de acciones, Fidel anzueló cinco piezas que le valieron dos segundos lugares y el trofeo del primer escaño con 286,68 puntos. En total se capturaron 88 peces de pico con un peso acumulado de cuatro mil libras, cifra superada luego en otras ediciones. 

   Fue en el muelle donde se vieron y conversaron, cuando el jefe rebelde recibió su trofeo de manos del autor de célebres obras como Adiós a las armas (1929) y Por quién doblan las campanas (1940).   

   El relevante momento resultó captado en una foto expuesta en la ya mencionada Marina, en el oeste de La Habana, donde se realiza anualmente la competencia y que este año celebra su aniversario 76 de creación.

   Al mirar una y otra vez esa imagen, a pesar de ser en blanco y negro, cobra multiplicidad de colores cuando se le estudia minuciosamente. Testigo fiel, la instantánea aproxima a una conversación que evidentemente se disfruta, con cierta complicidad, y muestra a dos hombres que portan gorra, barba y altura casi similares, entre otras muchas coincidencias.

UNO GANÓ Y EL OTRO PREMIÓ

   Ambos disfrutaron la contienda tras agujas, casteros y dorados. Ocho horas de lidia fueron suficientes para que el entonces joven estadista, sin apartarse ni un minuto de la vara y el carrete, se erigiera como máximo acumulador individual.

   Luego del estrechón de manos de felicitación, Ernest Hemingway (1899-1961), según testimonios de allegados, le dijo: “Tal vez usted sea un novato en la pesca, pero ya es un pescador afortunado”.

   Aficionados los dos por los deportes, la Corriente del Golfo, la buena lectura y la justicia, ciertamente lo que más los unió y por siempre fue su amor a Cuba, considerada por el novelista como su Patria adoptiva, donde, afirmó, tengo mi casa (Finca Vigía, en San Francisco de Paula) y mis libros.

   Y, precisamente, por eso reconoció al país antillano ser la inspiración de varios de sus textos y en especial del más descollante: “El viejo y el mar”, elogiado por Fidel, quien declaró: “Nunca ví algo tan maravilloso…”.

   "De los autores norteamericanos, Hemingway es uno de mis favoritos”, refería el mandatario en otra entrevista, cuando se le pedían sus consideraciones en torno a tan legendaria figura de las letras, quien vivió en Cuba por dos décadas.

   Otros narradores, entre ellos Lisandro Otero, al referirse al tema señalaron que, en 1960, procedente de Cuba, el multipremiado narrador regresó a Estados Unidos, pues se hallaba muy enfermo. 

   Allá lo abordaron los periodistas, para saber su opinión acerca de la nación vecina, a lo cual Hemingway ripostó escuetamente: "la gente de honor creemos en la Revolución cubana”.

   Tal fue la despedida de ese gran amigo de Cuba, cuya única entrevista con Fidel Castro (1926-2016), hace más de seis decenios, se recuerda siempre, conforme lo merece ese encuentro de titanes.


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