Tin Cremata devuelve con miel tanto amor vietnamita

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ACN - Cuba
Alain Amador Pardo | Fotos: Embajada de Cuba en Vietnam
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29 Agosto 2025

  Si una noticia ha tenido significado de amor y solidaridad por estos días, ha sido la presencia de la compañía infantil La Colmenita en Vietnam para ofrecer dos presentaciones en el contexto del Año de la Amistad Vietnam-Cuba y el sexagésimo quinto aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

   Carlos Alberto “Tin” Cremata, su director y fundador desde el 14 de febrero de 1990, dijo a la Agencia Cubana de Noticias que, tanto las actuaciones, como las visitas a sitios vinculantes con la patria cubana o testigos de la fuerza, desarrollo, belleza y entereza del pueblo vietnamita, han devenido vivencias entrañables.

—Segunda visita a Vietnam, la misma vocación y el mismo amor. ¿Cómo ha sido la presencia allí, sobre todo ahora en el marco de los 80 años de la independencia?

   Indudablemente se trata del mismo amor que nos flechó para siempre hace 11 años. La diferencia con aquella estancia anterior de La Colmenita al inolvidable "Festival de Hue" en 2014, está en que llegamos a un Hanoi que ha crecido impresionantemente en todos los sentidos.

   Y sobre todo, que hemos llegado exactamente en la semana en que toda la capital se engalana y organiza de forma mágica para celebrar, como nunca antes, los 80 años de su ejemplar y tan costosa Independencia; una fiesta gigante de patriotismo unánime, los que, como decía nuestro Martí: “con esos ojos de almendra, fabricaron el Gran Buda de Hanoi —el dios de bronce, con cara que parece viva, y alto como una torre—, los que con sus túnicas de seda se parecen tanto a la luz, y sus moños, y sombreros de pico, y calzones anchos, y blusones de color (…)  y cuando los franceses nos han venido a quitar nuestro Hanoi, nuestro Hue, todavía, con estos ojos de almendra, supieron morir, miles sobre miles, para cerrarles el camino”. (referencia a “Un paseo por la tierra de los anamitas”, de “La Edad de Oro”).

—La Cenicienta según los Beatles es un espectáculo que habla de los mensajes que el mundo necesita hoy. ¿Cómo fue la presentación en el Teatro Ho Guom de Hanoi?

   Habíamos leído que se trataba del teatro más moderno, no sólo de Vietnam, sino de todo el Sudeste Asiático; pero allí nos deslumbramos con una tecnología, una acústica, una iluminación, unos camerinos, y un todo absolutamente de lujo. Entonces cómo no iba a brillar el gran baile del Palacio de Cenicienta o nuestros guiños a los legendarios conciertos de Los Beatles. Además, teníamos un público que, tú sabes, todo el tiempo te abraza con lo más sincero de una amistad ungida y desbordada en puro amor. Allí comprendimos el verdadero significado de esa frase de los Fab Four, que dice " Y al final, el amor que recibes es igual al amor que haces".

—Desde la inocencia infantil, pero con una voz que refleja los principios de todo un país, La Colmenita ha participado en otras acciones allí. ¿Cuáles han sido las más importantes?

   Si inolvidable fue la función en el teatro, hubo algo que nos caló y transformó para siempre; y fue el encuentro artístico y humano con los cientos de niños muy pequeñitos de la extraordinaria escuela primaria "Vietnam-Cuba", en el centro de la capital.  Las fotos y los videos lo dicen todo; mientras los infantes de ambos países se abrazaban, danzaban, se besaban, cantaban, gritaban de auténtica y estentórea felicidad —¡el sueño de Fidel y el Tío Ho! —, los adultos de la delegación cubana llorábamos choqueados de esperanza cierta, ternura y auténtica felicidad.

   También, en medio de las celebraciones por los 65 años de una amistad ejemplar entre nuestros pueblos, visitamos, en cuanto arribamos a Hanoi, el Parque y Monumento a nuestro José Martí, el Templo de la Literatura, la pagoda donde duermen —volviendo a Martí— “bajo una corona de torres caladas, los poetas, que cantaron el patriotismo y el amor, los santos que vivieron entre los hombres con bondad y pureza, los héroes que pelearon por libertamos de los cambodios, de los siameses y de los chinos”.

   Estuvimos a su vez en la famosa e inverosímil Calle del Tren, el Acuario, el lago Hoan Kiem, el Teatro de las Marionetas Acuáticas, el impactante Museo de Historia Militar; y hasta tuvimos el privilegio de estar en la Tribuna Central del ensayo general para el Gran Desfile por el Día de la Independencia, el próximo 2 de septiembre.

   Los hermanos que nos atendían por el Ministerio de Seguridad Pública, nos explicaban que el 99.999 de los cien millones de vietnamitas, hubieran querido estar allí —aunque fuera en el ensayo general— en esa Tribuna, acompañados de héroes y las más altas personalidades, rodeados por el imponente Mausoleo al Tío Ho, el Palacio Presidencial, la sede del Partido Comunista y la Asamblea Nacional.

   Gracias a nosotros, ellos tuvieron un privilegio que nunca ni soñaron: estar en ese sitio de honor en un acto nacional que no se celebraba con esa magnitud desde hacía 20 años; aunque todos coinciden en que este del 80 Aniversario no tendrá parangón en su historia.

—Amistad, solidaridad, esperanza, amor: son palabras mayúsculas que no necesitan del idioma para transmitirse. ¿Cómo ha sido la interacción con los públicos y la comprensión de esos mensajes?

   Quien mejor puede explicar eso, sin decir una sola palabra, fueron los rostros de los niños vietnamitas —sobre todo los más pequeñitos— en donde quiera que estuvimos. Las palabras "Cuba" o "Fidel" en Vietnam, son abracadabras de amor; en todas partes, cuando veían la palabra Cuba en nuestros pullovers, o el rostro del Che, o la bandera cubana, aun en medio de las plazas, en las proximidades del lago, en la Calle del Tren, afuera de un templo budista, o en los museos, se armaba enseguida el jolgorio; las ruedas danzantes mixtas de amistad, la "Guantanamera" —¡que adoran!—, e incluso cuando nos veían con nuestros pullovers de "Soberana", se remangaban sus camisetas y nos mostraban la marca de nuestra vacuna en sus agradecidos hombros.

—Luego de la última función en tierra de los anamitas. ¿Qué se lleva la Colmenita de un país que ama a Cuba, y donde Martí tiene presencia permanente?

   Quien mejor lo puede describir es nuestro adorado Pepe Julián, cuando profetizó —sin haber pisado tierra anamita—: "y eso da un gusto grande, que es ver que todos los hombres tienen las mismas penas, y la historia igual, y el mismo amor, y que el mundo es un templo hermoso, donde caben en paz los hombres todos de la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito en sus libros que es útil ser bueno, y han padecido y peleado por ser libres, libres en su tierra, libres en el pensamiento".

   Nos llevamos el ejemplo del pueblo más cariñoso que hemos conocido jamás, donde esa paz, esa amistad, ese mejor mundo posible que merece nuestra estirpe, está esculpido en las venas y los rostros de los hombres sinceros de donde crece el bambú y la flor de loto. ¡Nadie ha sabido mejor, luchar por ello!.