Los cubanos llevan el béisbol en la sangre, por eso, no debe extrañarnos que el General de Ejército Raúl Castro Ruz haya tenido puntos de contactos con nuestro principal pasatiempo nacional, sobre todo en aquellos partidos informales de los años 60 del pasado siglo en los cuales participaba también su hermano, el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.
Varios de esos encuentros se originaron en 1964, como aquel que se pactó cuando Fidel llegó a los edificios de becas de la Universidad de Oriente, convertidos en sede de las delegaciones extranjeras que asistían a los festejos por el XI Aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes y, sin saber cómo, surgió el tema de la pelota.
“¿Hay campo de pelota aquí?”, preguntó, le contestan que sí y Fidel preguntó: “¿Está bueno, se puede jugar ahí? ¿Y qué van a hacer?” Alguien sugirió un juego entre los visitantes canadienses, norteamericanos y los cubanos.
Se oyeron voces: “¡Fidel pitchea por nosotros!” El Comandante indagó: “¿Cuántos pitchers de relevo tienen ellos?” Se hicieron los arreglos para el desafío. Fidel dijo que por lo menos debía haber dos canadienses y tres norteamericanos en el equipo extranjero.
Luego señalo: “Bueno, pues como quieran, ¿qué es lo que ustedes quieren? ¡Ah! ¿Invitamos a Raúl también?” Al pronunciar el nombre de Raúl provocó una explosión de júbilo entre los presentes: “¡Raúl, que juegue Raúl!”
El partido se efectuó el 24 de julio de 1964, en los terrenos del Instituto Preuniversitario Cuqui Bosch. Fidel actuó como lanzador en ese desafío en el que participaron jugadores de la Universidad de Oriente, compañeros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, los estudiantes norteamericanos y canadienses que visitaban a Santiago de Cuba; así como los corresponsales extranjeros que se encontraban en la capital oriental, en cobertura de las incidencias de los actos conmemorativos por el Día de la Rebeldía Nacional.
Fidel se mantuvo todo el tiempo en el box, sin tolerar anotaciones a sus rivales, mientras según la prensa de la época Raúl defendió con eficacia la intermedia y se destacó a la ofensiva con cuatro indiscutibles en cinco veces al bate.
En el tercer inning, con dos outs, el mandatario cubano permitió el primer incogible, un doble por el jardín izquierdo; pero no le pudieron anotar, pues Raúl se encargó de realizar el tercer out de la entrada con un buen fildeo sobre segunda.
Tras la cómoda victoria frente al equipo de estudiantes canadienses y norteamericanos, el 29 de julio, en el propio estadio del Instituto Preuniversitario Cuqui Bosch, Fidel actuó por el equipo del Ejército de Oriente frente a la representación del Ministerio del Interior, durante diez entradas, en un juego ganado por esta última selección, con anotación de nueve a cuatro.
El entonces comandante Raúl Castro, que se había distinguido en el desafío precedente con sus cuatro inatrapables, sobresalió nuevamente a la defensiva con dos engarces difíciles.
Transcurridas poco más de dos semanas, el 16 de agosto, se organizó un choque entre el Estado Mayor General y el Ejército de Occidente, en el cual intervinieron nuestros principales dirigentes: Fidel, Raúl, Che y Guillermo García.
La lluvia los perseguía en todo momento. Fueron a Managua, donde ya habían empezado las precipitaciones, luego se trasladaron hacia Mazorra, pero la lluvia amenazaba seriamente y decidieron irse a la Ciudad Deportiva.
“Parece que aquí va a llover también, pero podremos jugar algunos innings”, señaló Fidel. El desafío comenzó y las gotas empezaron a caer con poca fuerza; así fueron transcurriendo los capítulos iniciales.
Rubén Rodríguez, prestigioso cronista deportivo, escribió en la revista Bohemia: “El choque fue matizado con escamoteos brillantes del Che en primera y buena ofensiva de Raúl”.
El terreno enfangado hizo mermar la defensiva del Ejército de Occidente, lo cual provocó la mayoría de las anotaciones del Estado Mayor General, que se apuntó la victoria, 7 a 5. A Fidel, que cargó con el revés, solo le fabricaron una limpia en cinco entradas.
LA CORONA HOLGUINERA Y LA PROMESA CUMPLIDA
Recordó el colega Calixto González Betancourt en la edición digital del periódico Ahora, cinco años atrás, que en una reunión en el Teatro Celia Sánchez Manduley, de la dirección provincial del Partido, el 23 de octubre de 1999, Raúl cuestionó el lugar rezagado del equipo de pelota de Holguín, pese a pertenecer a una provincia de un millón de habitantes y tener un gran estadio e instó a mejorar los resultados.
Refiere el periodista en su artículo que aquellas palabras conmocionaron y significaron un reto para muchos. Casi tres años después, en 2002, Raúl se mantuvo al tanto del comportamiento de los sorprendentes holguineros en la XLI Serie, a quienes saludó y se fotografió con ellos en una Tribuna Abierta, efectuada en Cacocum.
Los Cachorros luchaban por acceder a la postemporada y Raúl le dijo al mentor Héctor “Tico” Hernández, que si ganaban volvería para celebrar con ellos. La respuesta del manager de los holguineros no se hizo esperar: “Pues anótelo ya en su agenda, General”.
Sucedió, lo que nadie se hubiera atrevido pronosticar antes del campeonato, la selección de Holguín lideró el grupo D de la zona oriental, apoyada en la excelencia de su pitcheo, que concluyó segundo solo superado por Pinar del Río, con un excelente quinteto de lanzadores que conformaron Orelvis Ávila (14 y 7), Luis Miguel Rodríguez (13- 6), Oscar Gil (6-2), Juan Enrique Pérez (6- 2) y Reinaldo Silva (5-5) y pasó a la discusión de los play off.
En la postemporada doblegaron a Camagüey, tres victorias a una; al conjunto de Villa Clara que tradicionalmente los dominaba, cuatro triunfos a dos y, en la final, a Sancti Spíritus, cuatro éxitos a tres, el último de ellos, dos carreras a una, el 26 de junio de 2002, para registrar uno de los éxitos más inesperados de la pelota cubana.
La noche del triunfo Raúl felicitó al equipo a través de una llamada telefónica. Después cumplió su promesa y celebró con los monarcas holguineros en una Tribuna Abierta en Báguanos.
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