Cuba protege la infancia como su especial tesoro

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ACN - Cuba
Foto: Abel Rojas
Aída Quintero Dip
86
30 Mayo 2026

  Aunque todos los días del año debieran ser consagrados con amor y cariño a la infancia, el mundo le dedica su fecha internacional el primero de junio, una conmemoración esencial para recordar y reafirmar los derechos de los niños y las niñas del planeta que, para Cuba, representa un encargo sagrado en el interés de lograr el bienestar de lo que considera su principal y especial tesoro.

   Instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1956, esa celebración aspira a conquistar la fraternidad y la comprensión entre los infantes de todo el orbe, por lo cual se acordó que cada país debiera promover actividades que involucren de manera directa y sistemática a los más pequeños de cada casa. 

   El Día Internacional de la Infancia busca concienciar y sensibilizar a la sociedad, gobiernos y familias sobre la importancia de proteger a la niñez, garantizar su bienestar, acceso a la educación, la salud, la igualdad de oportunidades y un entorno seguro libre de violencia y explotación.

   Es una celebración para encomiar el potencial de esa etapa de la vida, escuchar sus voces y renovar el compromiso colectivo de construir un mundo mejor, donde cada niño y niña pueda crecer con dignidad, desarrollar plenamente sus capacidades y soñar con un futuro prometedor.

   Como proteger la infancia es invertir en el porvenir de toda la humanidad, esta jornada constituye ocasión ideal que Unicef dedica a la acción a favor de los más pequeños a escala internacional, y conmemora también la adopción de la Convención de los Derechos del Niño, que data del 20 de noviembre de 1989. 

   En Cuba se festejó por primera vez el Día Internacional de la Infancia en 1963; desde entonces no se escatiman esfuerzos para crear proyectos en su beneficio y asegurar que esa etapa de la vida sea feliz, en un país que les brinda salud y educación gratuitas, además del acceso al deporte y la cultura para viabilizar el desarrollo de sus actitudes.

   La Unicef reconoció la experiencia cubana en la atención educativa en edades tempranas, mediante el programa Educa a tu Hijo y de los Círculos Infantiles, un proyecto que cuenta con cerca de 25 mil promotores, más de 80 mil educadores y el apoyo de varias instituciones sociales y gubernamentales.

   Precisamente, el 10 de abril pasado se celebró el aniversario 65 de la creación de esas instituciones en Cuba, una obra genuina de la Revolución y de gran valor humanista que surgió en 1961, en los albores del triunfo de la gesta de 1959, para garantizar la atención de los niños y las niñas desde las edades más tempranas.

   El Ministerio de Educación ha destacado que la creación de esos centros representó uno de los pasos más importantes del proceso revolucionario, al posibilitar la participación de las madres trabajadoras en las disímiles faenas, profesiones y oficios, seguras de que sus hijos e hijas tendrían esmerada atención en sitios destinados a su cuidado y formación más integral.

   Por toda la geografía nacional se han diseminado los círculos infantiles, con la asistencia de miles de educadoras bien preparadas y con la ternura y delicadeza requeridas para asumir con éxito tan sensible función y aunque no cubren por completo la demanda, satisfacen las necesidades de un alto porcentaje de infantes desde los primeros años de existencia.

   En la Salud Pública, por ejemplo, los más pequeños de casa están protegidos contra 13 dolencias, algunas de las cuales constituyen flagelos en países de América Latina y África, como la poliomielitis, tuberculosis, difteria, tétanos, tos ferina, sarampión y hepatitis, mientras las defunciones por enfermedades diarreicas agudas, profusas en el continente, en Cuba ocurren solo como excepción.

   Como uno de los sectores más golpeados por el bloqueo de los Estados Unidos contra la nación, que provoca serias afectaciones de medicamentos, equipos y recursos materiales muy necesarios, muchos servicios están deprimidos como la Oncología pediátrica, en la cual especialistas, médicos, enfermeros y técnicos realizan maravillas para lograr calidad de vida y salvar a los infantes enfermos.   

   En esa rama sobresale la prioridad que se le brinda al Programa Materno Infantil, amén de las complejidades socioeconómicas, por su afán en el cuidado de la madre y el niño desde la Atención Primaria de Salud hasta el nivel hospitalario, mientras un acápite especial existe hacia las embarazadas, en el interés de proteger a los bebés desde el vientre de su progenitora.

   Otro hito a favor de la infancia apunta a la promulgación de leyes que la protegen y benefician como la aprobación por mayoría del país en septiembre de 2022, del Código de las Familias, que salvaguarda los derechos y enaltece la dignidad humana y que tributa, sobre todo, al cuidado y bienestar de los niños y las niñas. 

   Aún con desafíos, el vigente documento legal tiene la virtud de situar el afecto en lo más alto de los valores familiares, posee el sello distintivo de apego a la identidad nacional y se define por la búsqueda de la felicidad, al favorecer la prosperidad colectiva y una vida plena y edificante para cada integrante de esa célula fundamental de la sociedad, en el interés de hacer realidad el anhelo martiano y fidelista “Con todos y para el bien de todos”.  

   Desde enero de 2026 Cuba cuenta con una norma jurídica actualizada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes con la entrada en vigor en el país de la Ley 178 de 2025, el Código de la niñez, adolescencias y juventudes, que fortalece las garantías legales que aseguran la protección integral de estos grupos etarios, en coherencia con la Constitución de la República de 2019.

   Más allá de su alcance normativo, el Código sienta un precedente en la nación: por primera vez niñas, niños y adolescentes participaron de manera activa en la elaboración de una ley destinada a garantizar sus derechos; sus opiniones no solo se escucharon, sino que se tradujeron en ajustes concretos al texto, como muestra de que su participación puede transformar las políticas públicas.

   El proceso fue diseñado con metodologías diferenciadas, de acuerdo con las edades y los contextos, y se sostuvo sobre principios claves como la voluntariedad, la no discriminación, la transparencia, la accesibilidad y la seguridad emocional.

   A partir de esas voces se incorporaron derechos y garantías que fortalecen la protección integral, como la obligación de que los entornos educativos sean espacios protectores y afectivos, mayores salvaguardas frente a la violencia, disposiciones específicas para la protección en el entorno digital y un enfoque inclusivo hacia niñas y niños en situación de discapacidad.

   “Este Código interesa a todas y todos. No es una ley para que un gremio o parte de la sociedad utilice más o menos, o para que los legisladores lo tengan en cuenta. Este es un Código para las familias”, aseguró la Dra. C. Naima Ariatne Trujillo Barreto, ministra de Educación.

   La educación cubana, que tiene el mérito y la ventaja de contribuir decisivamente a la forja de valores, cuenta con el pensamiento visionario de José Martí y la sustancial obra que legara como arsenal invaluable para la realización de misiones altruistas y proyectos que tributen a la utilidad de la virtud y el mejoramiento humano, con aplicación prioritaria hacia la infancia. 

   El Héroe Nacional advirtió: “Hombres recogerá quien siembre escuelas”, y otra de sus memorables frases enuncia: “Besos recogerá quien siembra besos”, en auténtica alusión al valor de los afectos en las relaciones humanas, con énfasis en la formación de niños y niñas.

   La vigencia de esas sentencias influye en la formación de las nuevas generaciones, en aras de crear hábitos de convivencia y una conducta social y moral que propicien relaciones positivas desde la cuna, para lograr adecuado comportamiento a nivel social, al fomentarse la honradez, la laboriosidad, la lealtad y la solidaridad, entre otras cualidades imprescindibles.

   Para beneplácito de ellos, los niños y niñas cubanos también participan activamente en proyectos culturales, que alimentan su espiritualidad y favorecen el desarrollo de actitudes artísticas, propiciadores del derroche del talento y la alegría propios de estas edades.

   Igualmente, emplean sanamente su tiempo libre en actividades recreativas y deportivas, se cuentan por miles los que concurren cada año a los juegos escolares, de donde salen futuros campeones en diversas disciplinas; al tiempo que asisten a acampadas pioneriles y protagonizan caminatas por los caminos de la historia, porque quieren saber de dónde vienen y hacia dónde van. 

   Cada tercer domingo de julio el Verde Caimán se convierte en una fiesta gigante, porque se celebra el Día de los Niños, cuando les regalan opciones y acciones para su disfrute y cada pedacito de suelo patrio se viste de los bellos colores de la infancia, con una algarabía incontenible de rostros felices por vivir en esta tierra libre y soberana.


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