Mariana Grajales, aquella valiente y decidida mujer

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ACN - Cuba
Jorge Wejebe Cobo
227
10 Julio 2026

 Mariana Grajales nació hace 211 años el 12 de julio de 1815, en Santiago de Cuba, en una de las más sombrías épocas de la dominación colonial española sobre Cuba que solo le podía deparar la discriminación, la explotación y el olvido a aquella recién llegada hija de los mulatos libres José Grajales y Teresa Cuello, oriundos de Santo Domingo.

   Para entonces en el país estaba en ciernes el desarrollo de una ideología reformista entre algunos representantes de las clases terratenientes que propugnaban cierta liberalización de la administración colonial, pero lejos de condenar el sistema esclavista y apoyar los represores de los alzamientos de negros esclavos como la conspiración de Aponte que, en 1812, fue ahogada en sangre.

   Pudo Mariana recibir la primera enseñanza como era posible en aquella sociedad para los negros y mulatos libres y, además, tuvo una educación religiosa y ética de sus padres que, junto al aborrecimiento de la esclavitud y la explotación colonial, conformaron los principios patrióticos de la valiente y decidida mujer que supo transmitir esos valores a sus descendientes.

   En 1831 se casó con Fructuoso Regüeiferos, con quien tuvo cuatro hijos: Felipe, Fermín, Manuel y Justo hasta que enviudó en 1840 y en 1843 se unió a Marcos Maceo, campesino de ideas avanzadas como ella, del cual hay dos versiones: una que asegura nació en Santiago de Cuba y otra en Venezuela, de donde vino a Cuba en 1825.

   La pareja fue a vivir a la finca que tenía Marcos en Majaguabo, San Luis y en 1845 nació el primogénito: Antonio y sucesivamente, José, Rafael, Miguel, Julio, Tomás, Marcos y tres niñas: Baldomera, Dominga y María Dolores, quienes unidos a los anteriores vástagos del primer matrimonio integraron una gran familia bien llevada y unida por el ideal común de la independencia cubana.

   Desde el inicio de las conspiraciones independentistas previas al alzamiento del 10 de octubre de 1868, los Maceo y los Regüeiferos se sumaron a los preparativos revolucionarios y fueron fieles al juramento que le hicieron a Mariana: "De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella".

   Todos participaron en la Guerra del 68 y la mayoría cayeron en combate; el esposo Marcos resultó el primero de la familia en ofrendar su vida y antes de morir quiso que le recordaran a Mariana que fue fiel a ese compromiso. También Baldomera y Dominga se incorporaron a la guerra como apoyo en los hospitales de campaña.

   Recoge la historia que, a raíz de haber recibido Antonio su primera herida de guerra, le dijo a su hijo más pequeño, Marcos: "Empínate, que ya es hora de que pelees por tu patria como tus hermanos".

   La propia Mariana, a pesar de su avanzada edad, curó heridos en los hospitales de campaña y apoyó al Titán de Bronce en la histórica Protesta de Baraguá el 15 de marzo de 1878.

   Su hijo Rafael sobrevivió para participar en la Guerra Chiquita en 1879 y al concluir fue enviado a las cárceles de Chafarinas, en Marruecos, donde falleció en 1882.

   Solo le quedaron a esta heroica madre al inicio de la Guerra Necesaria de 1895, cuatro descendientes: el General José Maceo y el Lugarteniente General Antonio que, en julio y diciembre de 1896, respectivamente, cayeron en combate. Solo sobrevivieron Tomás y Marcos con sus cuerpos llenos de heridas.

   José Martí conoció a Mariana en su exilio en Jamaica, donde murió el 28 de noviembre de 1893 y sobre sus últimos días escribió: “De la madre, más que del padre viene el hijo (…) pero Maceo fue feliz porque vino de león y leona. Ya está cayéndosele la madre, cayéndosele esta ya la viejecita gloriosa en el indiferente rincón extranjero, y todavía tiene manos de niña para acariciar a quien le hable de la patria (…)

   Hoy a Mariana Grajales se le reconoce como la madre de la Patria que con su ejemplo sublime acompaña la intransigencia de los mambises de nuestros días que defienden y salvan la Cuba que ella tanto amó y a la que consagró su vida y la de su familia. (Jorge Wejebe, ACN)


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