Una faena destacada en la lucha por la independencia de Cuba y durante la etapa republicana (1901-1933), que lo convierten en una de las personalidades más prominentes de su tiempo, definen la vida y obra del patriota Juan Gualberto Gómez Ferrer, quien se desempeñó de manera sobresaliente en distintos ámbitos intelectuales y políticos.
Ganarse la confianza y el respeto de José Martí, que lo eligió para organizar los preparativos de la Guerra Necesaria, está entre los mayores méritos del también periodista de afilada pluma, que fundó varias publicaciones periódicas en Cuba y España, en las cuales desplegó una intensa labor en El Abolicionista, La Tribuna, El Pueblo, El Progreso -órganos de los republicanos ibéricos- y otros diarios.
De origen afroamericano, Juan Gualberto Gómez nació el 12 de julio de 1854, en el ingenio azucarero Vellocino de Oro, propiedad de Catalina Gómez, en Sabanilla del Encomendador, Unión de Reyes, provincia de Matanzas
Sus padres eran esclavos, pero lograron comprar la libertad del niño antes de su nacimiento, de acuerdo con la ley de la época.
La dueña del ingenio sentía especial cariño por el pequeño Juan Gualberto y por el matrimonio de ex esclavos, que durante años le sirvió fielmente.
Por tanto ayudó económicamente a la familia para que sumando sus ahorros pudieran trasladarse a La Habana, y así proporcionarle una mejor educación a su único hijo, que ya manifestaba dotes de inteligencia natural y disciplina.
En La Habana, Juan Gualberto estudió en el colegio Nuestra Señora de los Desamparados, dirigido por Antonio Medina y Céspedes, un maestro afroamericano inspirado en la obra de José de la Luz y Caballero.
Al estallar la Guerra de los Diez Años, en 1868, ya había llegado al límite de conocimientos que podían proveer los colegios a los negros, mientras el avance de la contienda hacia occidente llenó de temor a los padres, quienes previendo alguna implicación del hijo dispusieron mandarlo a Europa a estudiar, decisión aconsejada por su antigua ama que los apoyó económicamente.
Con ese propósito en 1869 viajó a París, donde por el día aprendía el oficio de constructor de carruajes y, en las noches, comenzó a vincularse con el espíritu revolucionario que dominaba aquella ciudad, en que los hombres eran tratados por igual sin importar el color de la piel.
Llegaron al año siguiente de visita a la capital francesa, la dueña del ingenio, Catalina Gómez, acompañada de los padres del joven, y el maestro Binder opinó que, dada la capacidad e inteligencia de su aprendiz, sería recomendable facilitarle una carrera profesional, entonces lo inscribieron en un centro preparatorio de ingenieros, la prestigiosa Escuela Mungo.
Su primer vínculo político ocurrió en julio de 1872, cuando arribaron a la urbe parisina Francisco Vicente Aguilera y el general Manuel de Quesada, con el objetivo de recolectar fondos para los independentistas cubanos y, al necesitar de un traductor, contrataron a Juan Gualberto.
Al difícil contexto político en Francia, se sumó la mala situación económica de su familia, por lo cual sus progenitores no pudieron seguir financiando su estadía en la Ciudad Luz y le recomendaron regresar a Cuba. Como él no quería, buscó empleos mal remunerados en casas de comercio, reportero o corresponsal.
Juan Gualberto suspendió en 1875 sus estudios, al obtener un puesto en la revista Revue et Gazette des Theatres, hecho que indicaría el comienzo de su carrera periodística.
Por necesidad empezó su vida profesional en el Periodismo y se fue involucrando en la política y, en 1877, poseía formación intelectual y, además, se convirtió en un agudo polemista y orador. Decidió entonces dedicarse a uno de los problemas más trascendentales de Cuba: la situación de la población negra y mulata.
En 1878, se encontraba en México, donde conoció al abolicionista Nicolás de Azcárate, un desterrado cubano, cuando se enteró de la derrota de las fuerzas independentistas en Cuba y el fin de la guerra de los Diez Años con la firma del Pacto del Pacto del Zanjón, una nueva situación política en que muchos desterrados vuelven a su tierra y Juan Gualberto decidió también regresar.
Al retornar a finales de ese año a La Habana es cuando conoció a José Martí, un capítulo extraordinario en su vida ya consagrada a los afanes libertarios, pues a partir de ese momento una empatía fundada en ideales compartidos estrecharía la amistad y uniría la acción revolucionaria de ambos.
En 1879, funda el periódico La Fraternidad, que más tarde fue suspendido al ser deportado Juan Gualberto por su simpatía y vínculos con los clubes revolucionarios y movimientos conspirativos.
Martí, que seguía con atención la actividad política y patriótica de Juan Gualberto Gómez, congratuló en el periódico Patria, el 16 de abril de 1892, la salida de La Igualdad, otra de sus publicaciones, y destacó que surgía para defender “las libertades y los intereses permanentes de la sociedad cubana” y “en pro de los ideales de justicia, cultura, engrandecimiento y libertad de la raza negra en la isla de Cuba”.
Al retornar a su tierra, en 1890, y por la labor realizada, el Apóstol de la independencia lo designa como su delegado para los preparativos de la guerra.
El hijo de esclavos cargó con la alta responsabilidad de dar la orden de alzamiento armado el 24 de febrero de 1895, pero apresado poco tiempo después lo deportaron y trasladaron a Ceuta.
No obstante, recuperó fuerzas y energía y volvió a la carga patriótica, ya que después que el 20 de mayo de 1901 se declarase a Cuba una República, bajo el seudónimo "G" fue sagaz combatiente frente a Tomás Estrada Palma, el primer presidente de la República, y la Enmienda Platt, que convertía a la nación en casi una colonia de los Estados Unidos.
Artículos y crónicas escritos por Juan Gualberto Gómez fustigaron con argumentos convincentes las inclinaciones anexionistas; trascendieron con la rectitud de quien, aun desde la ancianidad, mantuvo una postura consecuente con el legado martiano.
Su labor patriótica, antirracista y unitaria estuvo marcada por su papel en la organización y conducción del Directorio Central de Sociedades de la Raza de Color de Cuba.
Dado su elevado prestigio le consultaban sobre problemas relacionados con sus derechos y necesarias reivindicaciones sociales, y al ser elegido el 27 de agosto de 1891 como presidente, se robustece su accionar.
Juan Gualberto Gómez murió el 5 de marzo de 1933, a los 80 años, y sus restos mortales descansan en la Necrópolis de Cristóbal Colón; tras escribir una página gloriosa aquel hijo de esclavos conquistó un sitio venerable en el altar de la patria. (Aída Quintero Dip, ACN)
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