La percepción del futuro desarrollo de la cayería norte de Cuba para el turismo fue una de las tantas visiones certeras del Comandante en Jefe Fidel Castro.
Con el paso del tiempo, la realidad le ha dado total validez a aquel sueño, que siguió siempre de cerca como cada una de sus realizaciones personales en pro del avance del país.
Recorrió uno por uno los islotes desde la península de Hicacos hasta el litoral camagüeyano y avizoró, con los pies puestos en la tierra, un porvenir luminoso para esos parajes.

Así se dio paso a los pedraplenes —caminos de piedras sobre el mar— que unieron los paradisíacos y vírgenes islotes a la Isla Grande, para luego dar vía libre al nacimiento de los polos internacionales Jardines del Rey (Ciego de Ávila) y los cayos de Villa Clara.
Integrado el primero de esos sitios por los vecinos cayos Coco, Guillermo, Cruz y Paredón Grande, ligados entre sí y a tierra firme por un vial marítimo de 17 kilómetros de extensión, que parte del poblado de Turiguanó.
Durante varios años, en una comunión de entidades científicas y de otros giros, se ha puesto en práctica un plan de protección de esos entornos.
Considerado el segundo destino de sol y playa más importante del país (luego de Varadero), allí se laboró en el rescate de la cubierta vegetal en los montículos de Playa Pilar (Guillermo), declarados desde el 2010 como Área Protegida con categoría de Elemento Natural Destacado.
Constituye ese el mayor sistema de dunas de Cuba y el Caribe insular, con altura que varía de 13 a 16 metros sobre el nivel del mar.
Tras los azotes del cambio climático y los fenómenos meteorológicos, en esos islotes se preserva su imagen, luego del paso asimismo de más de tres decenios de operaciones de la industria del ocio.
El despegue comenzó con la apertura de su primer hospedaje, en noviembre de 1993, con la presencia del líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro, quien vio así la arrancada de la concreción de sus previsiones desde que en 1983 se empezó a tirar piedras en el mar para abrir las puertas al paraíso.

Devenida marca, Jardines del Rey agrupa a varios islotes con potencial turístico en el archipiélago Sabana-Camagüey, y su apelativo obedece al explorador español Diego Velázquez, quien de 1513 a 1514 quiso rendir así honores al monarca Fernando el Católico.
También esa zona de ultramar fue inmortalizada por el escritor estadounidense Ernest Hemingway en el libro Islas en el golfo.
En homenaje al autor de El viejo y el mar, en "Guillermo" todos los inmuebles llevan designaciones relativas a su vida y obra. "Coco", por su parte, deviene principal eje del área, cuyo nombre se debe al pájaro coco o ibis del bosque, blanco y de pico curvado.
Lo atractivo de la región justificó el hecho de construir, además, un aeropuerto internacional, abierto a partir del 26 de diciembre de 2002.
Por un turismo sustentable amigo de la naturaleza ciento por ciento, en esos sitios son cuidados los atributos naturales.
De tal tarea se ocupan la empleomanía y los propios turistas -cubanos y extranjeros- en un deseo compartido de legar a las venideras generaciones lo que hoy se disfruta.
Así, en esa última ínsula las mejoras incluyen nuevos carteles identificativos, así como la restauración de señales de madera que guían a los visitantes hacia diversas instalaciones recreativas.
Aparte de las tareas de recuperación en la infraestructura vial, se han realizado otras iniciativas encaminadas al mismo fin de rendir las atenciones requeridas por la madre Natura.
OTROS VALORES NATURALES

La explotación controlada de los valores acunados por esos dominios plantea entre sus retos la conservación del entorno de estos cayos e islotes como reserva de biodiversidad, considerada única en la geografía caribeña.
Se han localizado más de 250 especies endémicas y autóctonas, entre ellas 28 variedades de reptiles y más de 200 de aves. Solo en cayo Coco, 510 kilómetros al este de la capital cubana, los investigadores reportan 340 especies de la flora.
Pueden contemplarse, por ejemplo, cual show único, bandadas de flamencos rosados, especie en peligro de extinción. Tal espectáculo recorre el mundo en vídeos y fotos de quienes lo han presenciado y provienen de disímiles latitudes.
Cuba constituye un archipiélago con más de 4 mil islas e islotes que rodean a la Isla Grande, devenida en descollante destino para el turismo internacional, a pesar de continuados contextos negativos derivados de la crisis económica mundial y el recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero de EE.UU., perseguidor con saña de las iniciativas pro turismo local.

A ese seguimiento cruel cual guerra sin cuartel, por más de seis decenios, se sumó desde principios del 2026, el cerco al suministro de combustibles y sus derivados, bajo amenaza de subir los aranceles a las naciones que hagan oídos sordos a las medidas de Donald Trump.
Tales decisiones afectan, sobre todo, al pueblo y la generalidad de los sectores, entre ellos el turismo, que, además de enfrentar déficit variopintos, también tropieza ahora con el bloqueo energético y la no disponibilidad de esos productos, por ejemplo, en los aeropuertos.
La visión preclara del Líder de la Revolución Cubana sobre el futuro turístico de las cayerías cobró vida, aunque su auge este ahora frenado por los desmanes de un imperio deshumanizado, que actúa cual rey del mundo.
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