El 13 de abril de 1961, la revolucionaria Fe del Valle Ramos perdió la vida en el atentado terrorista contra la tienda El Encanto, la mayor de Cuba, provocado por terroristas cubanos al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) del gobierno estadounidense.
Natural de Las Villas, muy joven se radicó junto a su familia en la capital, y a los 17 años comenzó a laborar, primero como aprendiz en la confección de sombreros, después como dependienta en la tienda Fin de Siglo y posteriormente, en El Encanto.
La llegada de la Revolución el primero de enero de 1959 alimentó sus sueños, cultivados junto a su esposo, con quien contrajo matrimonio en 1938. Él contribuyó a su madurez política y a abrazar la causa del socialismo.
En El Encanto, ella ganó prestigio con rapidez y ocupó la plaza de jefa de departamento. Durante los primeros años de la Revolución sobresalió por su vínculo con la Federación de Mujeres Cubanas, los Comités de Defensa de la Revolución y las Milicias Nacionales Revolucionarias. Era una sencilla cubana que quería lo mejor para los suyos y apostaba por el proyecto humanista que beneficiaba a la mayoría del pueblo.
Aquel día, todo había transcurrido de manera normal. La tienda tuvo el bullicio acostumbrado. Lula, como le decían todos, anduvo de un lugar a otro, atendiendo a quienes precisaron su orientación y respiró feliz por lo que hasta ese momento lograron recaudar para la construcción de los círculos infantiles.
Al atardecer, todo cambió de repente. Sobre las siete de la noche, dos artefactos incendiarios explotaron en la sección de sastrería. Los colocaron manos asesinas poco antes del cierre del establecimiento. El fuego se propagó rápido por los siete pisos de la tienda. Los enemigos de la Revolución intentaban con sus acciones crear el terror entre los cubanos.
La semana anterior al trágico suceso, en una de las puertas del establecimiento, estalló un petardo y se recibieron llamadas anónimas, a través de las cuales se amenazaba con la detonación de más explosivos. Ella estuvo en el grupo que revisó cada rincón para evitar algún daño.
Y ante las llamas que empezaron a devorar lo que apreciaba ese 13 de abril, Lula eligió el sacrificio, decidió defender lo que le rodeaba, lo que creía justo.
Eima de la Caridad Narbona Rodríguez, en esos años como dependiente del departamento de perfumería, recordó en un trabajo publicado en el periódico Granma: “Ya estábamos en la calle cuando, de repente, Fe me dice que entre con ella a la tienda a recoger el dinero recaudado por los trabajadores para la construcción de círculos infantiles. No pude detenerla, no escuchó a ninguno de los trabajadores que intentaron persuadirla”.
Otro de sus compañeros declararía, que “ella era una mujer sencilla. Pero en ese instante se convirtió en nuestra heroína”. Todo indica, que cuando llegó al cuarto piso y trató de bajar, ya el humo había invadido el lugar, no pudo encontrar la escalera y quedó atrapada en el fuego.
El gesto de Fe del Valle la convirtió en una heroína de pueblo. Su cuerpo fue hallado entre las ruinas. No buscó grandeza, solo prevaleció el compromiso que tenía con sus compañeros, con la naciente obra de la Revolución. Con ella se apagó una vida que se convirtió en bandera contra el terrorismo. (María de las Nieves Galá, ACN)
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