Estados Unidos nunca cesa en sus intentos de eliminar el sistema revolucionario en Cuba y para lo cual acude a los métodos más disímiles, entre ellos el terrorismo o a medidas como el recrudecimiento del bloqueo, considerado una forma estatal de esa plaga.
Con el ascenso acá del turismo, Washington trató de anularlo, al ver el auge que tomó en la última década del siglo XX y apoyó la realización de sabotajes; uno de ellos cobró la vida del italiano Fabio Di Celmo, a causa de una explosión en el hotel capitalino Copacabana.

Desde el mismo 1959, año de la Revolución triunfante, la CIA y los servicios especiales estadounidenses concibieron planes para acabar con los líderes cubanos o causar daños en la economía.
Se recuerda en tales casos la quema de cañaverales, las bombas en diversas partes del país y la destrucción de la tienda El Encanto, en cuyo incendio murió una de sus trabajadoras, Fe del Valle.

También fue objeto del terrorismo estadounidense de Estado, el vapor La Coubre que trajo a La Habana armas para defender el naciente proceso revolucionario y que resultó diana de un sabotaje gigantesco como consecuencia del cual murieron y resultaron heridas centenares de personas.

La intención de aniquilar la industria del ocio tomó forma en las acciones del ciudadano salvadoreño Francisco Antonio Chávez Abarca, quien el 12 de abril de 1997, causó numerosos daños al colocar un artefacto explosivo en la discoteca Aché, del hotel habanero Meliá Cohiba, y llevó a vías de hecho otros delitos más que incluyeron muertes y lesionados.
Desde diciembre de 2010, Chávez Abarca cumple una sanción de 30 años de privación de libertad, cuando merecía pena de muerte.
Ese terrorista, vinculado con Luis Posada Carriles, quien junto a Orlando Bosch, Hernán Lugo y Freddy Artiles, ocasionaron la voladura de una nave de Cubana de Aviación en octubre de 1976, causante de la pérdida de 73 personas, 57 de ellas de nacionalidad cubana.
Posada Carriles creó una red de terroristas con el objetivo de ahuyentar a los turistas de la Isla mediante explosiones en instalaciones como sucedió con el mortal episodio de Di Celmo.
Chávez Abarca resultó el principal colaborador de Posada Carriles en la concepción y ejecución de una serie de atentados con bombas realizados en la capital en 1997.
Ante el tribunal que lo juzgó, Chávez Abarca declaró: "A Posada me lo presentó mi jefe, el hijo del dueño de mi trabajo en los talleres Mordock.
“Yo debía traer explosivos C-4, ocultos en la plantilla de los zapatos", y más adelante respondió que la financiación del calzado, así como el viaje a Cuba, corrió a cargo de Posada Carriles.
Ante la Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana, el terrorista salvadoreño se confesó culpable de reclutar, adiestrar y financiar a ciudadanos guatemaltecos y compatriotas que viajaron a Cuba a finales de la década de 1990 para instalar artefactos explosivos.
Esas acciones, reconoció, las había hecho él mismo en hoteles habaneros.
Entre los ciudadanos centroamericanos reclutados por Chávez Abarca se encuentra el salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León, el autor del atentado en el cual murió Fabio di Celmo.
Aunque los Órganos de la Seguridad identificaron al presunto autor de las acciones terroristas de 1997 en el hotel Meliá Cohiba, esa presunción se confirmó en el juicio de Cruz León, cuando este último reveló que Chávez Abarca lo convenció de realizar misiones terroristas en el territorio caribeño.
El 2 de julio de 2010, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunció la captura del criminal en el aeropuerto de Maiquetía cuando intentó ingresar a la nación sudamericana con un pasaporte de la República de Guatemala, a nombre de González Ruiz.
Con posterioridad lo extraditaron a Cuba, donde se le sometió a juicio por sus hechos delictivos.
El Ministerio del Interior de Cuba informó que: "Una vez establecida su verdadera identidad y en apego a los procedimientos legales establecidos internacionalmente las autoridades venezolanas trasladaron, vía aérea, hacia territorio nacional al terrorista, cumpliendo la orden de circulación realizada por Cuba a la Interpol".
El 21 de diciembre de 2019, la Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana, impuso 30 años de privación de libertad al salvadoreño Francisco Antonio Chávez Abarca por el delito de terrorismo.
Y en mayo de 2011, el Tribunal Supremo Popular lo ratificó.
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