Doña Leonor Pérez, la madre de Pepe

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ACN - Cuba
Luz Marina Fornieles Sánchez
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17 Junio 2026

 El 19 de junio de 1907 --hace 119 años-- falleció en La Habana Doña Leonor Pérez, la mujer que trajo al mundo a José Julián Martí Pérez (1853-1895), el más preclaro y universal de los cubanos.

   Oriunda de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, España, donde nació el 17 de diciembre de 1828. Fue bautizada como Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera.

   Junto a sus padres llegó a la capital cubana con 15 años, tras la búsqueda de mejores condiciones de convivencia; y en 1852 se casó con Don Mariano Martí Navarro, un joven de buenas maneras de origen valenciano y en servicio en el ejército español como sargento de artillería.

   Nacida en el seno de una familia de posición desahogada, no recibió muchas enseñanzas a causa de los criterios de la época que consideraban innecesario ilustrar a las féminas. Aun así, ella aprendió a escribir y leer.

   Fue el 28 de enero de 1853 cuando vio la luz primera el primogénito de la familia, su amadísimo Pepe, como cariñosamente le llamaba.

   A José Julián le siguieron siete hermanas, quienes llevaron por nombre: Leonor, Mariana Matilde, María del Carmen (la Valenciana), María del Pilar, Rita Amelia, Antonia Bruna y Dolores Eustaquia (Lolita).

   Fuentes consultadas la describen como de carácter fuerte, laboriosa y honrada que se consagró por entero a su casta.  

   Entre los años 1857 y 1859 se radican en España y posteriormente en 1874 se establecen en México, donde se les unió Martí, ya graduado de Derecho y de Filosofía y Letras en Zaragoza y quien en 1871 había sido deportado a la península hispana por su pensamiento anticolonialista y por la libertad de Cuba.

   Luego de la excarcelación de José Julián, Doña Leonor piensa que los días de su hijo en el presidio lo harían reflexionar; sin embargo, una tristeza profunda resultó para ella saber que tomó el camino de luchar por la independencia del colonialismo ibérico.

   Desconsolada por esa decisión, le advirtió: “Te acordarás de lo que desde pequeño te estoy diciendo: todo el que se mete a redentor, sale crucificado”.

   También le dijo: ... “Qué sacrificio tan inútil, hijo de mi vida, el que estás haciendo de tu tranquilidad y de la de todos los que te quieren, no hay un solo ser que te lo sepa agradecer, el que más achaca tu sacrificio al ansia de brillar, otros, a la propia conveniencia, y nadie en su verdadero valor”.

   Al quedar viuda el 2 de febrero de 1887, casi ciega, sin recursos y desamparada, sin ninguna ayuda, pasó sus últimos años en compañía de su Amelia, sumida en la pobreza; sin embargo, nada reclamó al gobierno y nunca recibió protección alguna.

   En su honor se erigieron monumentos en su patria natal y la adoptiva. Uno de ellos se encuentra en el Paseo Borges Salas, en el interior del Parque García Sanabria en Tenerife.

   Data de 1958 el levantado en el municipio habanero de San Miguel del Padrón, que recrea a la progenitora del prolífico periodista, el autor de los Versos Sencillos y organizador de la Guerra Necesaria, sentada leyendo una de las cartas que él le escribiera desde Montecristi, el 25 de marzo de 1895, en la que expresa:

"Madre mía:

   “Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Yo sin cesar pienso en usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.

   "Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de usted con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La bendición. Su J. Martí".

    Sentidas líneas de quien supo valorar el gran amor de su mamá, aunque ella --en su extrema devoción-- pretendió protegerlo de sus acendrados sentimientos patrios, a los cuales él se consagró y dio hasta la existencia misma sin vacilación alguna.

   Ahora cuando hacen justo 119 años de la muerte de Doña Leonor, en este país se rememora con amor filial a aquella mujer, que trajo al mundo a Pepe, quien más que su primogénito, trascendió como el Héroe Nacional de Cuba, el más preclaro y universal de todos los cubanos.


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