Las mujeres, guerreras por antonomasia, tienen formas muy peculiares de resistir a la crisis económica y energética que vive hoy Cuba, derivada de la política de asfixia yanqui al país, y van desde decisiones drásticas de ahorro hasta el buen humor, que como escudo protege a la gente de a pie en los momentos más difíciles o como dice el refrán bien popular: a mal tiempo, buena cara.
Un equipo de la Agencia Cubana de Noticias entrevistó a varias féminas de la provincia de Cienfuegos sobre: ¿Cómo cocinan en casa en medio del recrudecido bloqueo estadounidense, y qué experiencias pudieran aportar ellas desde su entorno hogareño?
Dolores Vera, jubilada y ahora ama de casa a plenitud, destacó que la cocción de los alimentos los realiza con electricidad cuando viene, y “el resto del tiempo hay que encender a Panchito”, nombre con el cual denominan en su casa al fogón de carbón, en memoria al vendedor de ese combustible natural, tan socorrido por estos días.
Comenta que en el reparto de Reina donde ella reside, no muy lejos del centro urbano de Cienfuegos, los apagones son “kilométricos”, una manera novedosa de medir la falta de fluido eléctrico cuando alcanza más 50 horas.
Loly, como le conocen en ese barrio de pescadores, es experta en inventar frente a la cocina, y de una libra de picadillo sazonada “a lo cubano”, --además de elaborar ese plato tradicional--, utiliza el caldo para hacer croquetas, o sencillamente lo convierte en hamburguesas para mostrar una receta diferente, aunque preparada con la propia materia prima.
En el municipio de Rodas, Raiza Carballo Atienza, también ama de casa, es quien se encarga de cocinar las comidas de la familia, porque “en estos tiempos de crisis energética lo principal deviene organizarse y no desperdiciar nada; hay que inventar todos los días, y cuando llega la luz adelantar cuanto se pueda: el arroz, frijoles, lo básico, y dejar comida para más de un día”.
Allá en Ojo de Agua, un asentamiento rural del municipio de Palmira, la gente cocina con leña, cuenta Julia María Manresa, “pero mi esposo me hace el poquito de carbón para aliviarme porque tengo problemas de la circulación.
“Para afrontar la situación alimentaria, con productos que escasean y otros muy encarecidos, elaboro para los almuerzos sopas o caldos, e invento platos rápidos y fáciles de hacer”.
Si para las amas de casa resulta difícil maniobrar frente a una cocina en tiempos de crisis energética, mucho más lo constituye para las trabajadoras, a quienes les es complejo combinar el horario laboral con los apagones, porque cuando llegan a casa no hay electricidad.
Por eso, la doctora Iliana Pérez, en Cienfuegos, se levanta bien temprano, antes de las cinco de la mañana, “pero ya, desde el día anterior, tengo planificado qué menú se va a elaborar, escojo el arroz, remojo los frijoles o los chícharos, pico las viandas y las especias.
“Para esos días que arrecian los apagones trato de buscar alimentos que son más rápidos de elaborar, por ejemplo los embutidos, hamburguesa, o croquetas”.
Betty Ponce también es trabajadora, campesina en Santa Isabel de las Lajas, otra municipalidad muy afectada por el déficit de energía eléctrica en Cuba.
Sin embargo, ella en su finca Santa Bárbara tiene una planificación para burlar el apagón, que le permita aprovechar las pocas horas de luz para regar sus siembras, y avanzar en la preparación de alimentos. Aunque por lo general siempre recurre al carbón.
“A las cuatro y media de la madrugada ya estoy en pie y planto el fogón carbonero para hacer el “café carretero”, en colador de tela y luego sigue una cadena de elaboraciones: hervir leche, tostar pan, hacer el desayuno, y poner los frijoles. Al regresar del surco pongo la harina, sazono frijoles e hiervo vianda para aprovechar la candelita.
“Para la tarde cocino el arroz y alguna carnita, y los frijoles se calientan en Baño de María”, así todo a la carbonada como en los mejores restaurantes del mundo”.
De los extensos testimonios dados por las cienfuegueras se palpa un fuerte retorno a la organización y planificación del funcionamiento de la vida dentro de la familia, así como al ahorro de los recursos ante la carestía, donde por ejemplo “hay que freír solo con un embarre al sartén” porque el pomo de aceite está situado ahora en mil 800 pesos en esta provincia centro-sureña.
Innovar recetas rápidas y económicas, “o con lo que se tenga a mano” constituye otra de las opciones aplicadas por las féminas para alimentar a su prole, incluso para suministrar a vecinos con desventajas económicas en el barrio.
Casi todas estas mujeres tienen experiencia de haber enfrentado otras crisis como el Periodo Especial de los años 90 del pasado siglo, cuando buscaron alternativas hogareñas dentro de la resistencia, que de forma transversal desarrolló toda la sociedad cubana, y salió adelante.
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