Daily Cooper y la sonrisa que también gana carreras

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ACN - Cuba
Boris Luis Cabrera | Foto: Autor
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08 Abril 2026

   La Habana, 8 abr (ACN) A sus 24 años, la mediofondista cubana Daily Cooper más que correr conversa con el tiempo, lo persuade y afina su cuerpo y su fe rumbo a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, donde buscará su primer título regional.

   Daily nació del músculo y del silencio, habla despacio, como si midiera cada palabra igual que mide sus pasos en la pista, pero cuando sonríe —esa sonrisa bella y contagiosa que desarma cualquier formalidad— se revela la muchacha de Camagüey que un día cambió la esgrima por la velocidad del aire.

   “Encontré paz y adrenalina”, dice, recordando aquel giro temprano que la empujó hacia el atletismo. Tenía ocho años y ya intuía que el cuerpo podía ser un lenguaje. Luego vendría la EIDE, el tránsito por el múltiple, la incertidumbre. 

   “Aquella noticia fue dura… pasé días sin querer comer”, confiesa sobre su paso al mediofondo, pero su historia nunca ha sido una línea recta, sino una sucesión de caídas y resurrecciones, con la figura de su madre como faro constante.

   En Las Tunas, en 2016, comenzó a escribir su nombre con oro: 1200 metros, 800, relevos. Repitió en 2017 y Camagüey también la volvió imponerse en 2018, donde firmó un récord nacional juvenil en 800 metros. Era apenas una promesa, pero ya corría con la obstinación de quien ha visto el futuro.

   “Dios mío, ahora represento a millones de personas”, recuerda haber pensado al vestir por primera vez el uniforme del equipo nacional. Esa mezcla de vértigo y orgullo le abrió las puertas del mundo: campeona panamericana juvenil en Colombia 2021 en los 800 metros, bronce centroamericano en San Salvador 2023 en 1500, plata panamericana ese mismo año. Su nombre empezó a sonar como un latido constante en el mediofondo continental.

   Pero el salto definitivo llegó con el vértigo olímpico. En los Juegos de París 2024, Cooper no solo alcanzó las semifinales en los 800 metros —con un impresionante 1:58.39 como mejor marca—, sino que confirmó su lugar entre la élite. “Has trabajado duro para esto”, se repetía en los últimos 200 metros, cuando el ácido láctico convierte las piernas en una batalla.

   No todo ha sido triunfo. La semifinal del Mundial de Tokio 2025 aún le duele, aunque la nombra sin rencor. “Siempre se gana… si no gano la carrera, gano experiencia”, afirma, porque aprendió a dialogar con la derrota sin perder la dignidad.

   Esa filosofía la sostiene cuando el cuerpo protesta: entrenamientos bajo lluvia, sol abrasador, enfermedades, carencias. “Lo más duro es ver a mi madre solo una o dos veces al año”, confiesa, y en esa frase cabe todo el sacrificio invisible del alto rendimiento.

   Fuera de la pista, Daily es otra cadencia. Cocina, baila, se deja arrastrar por la música después de entrenamientos que la dejan “moribunda”, según sus propias palabras, y sueña con el modelaje como segunda pasión. Le gusta el orden, la calma, las películas que inspiran y siempre vuelve a la familia, a ese origen donde una madre improvisaba saltos con sogas y charcos, sembrándole sin saberlo la semilla del “sí puedo”.

   Cuando gana una medalla, no mira el podio: piensa en ella. “Mi madre hermosa… se merece que yo dé el 110 por ciento”. Y entonces la atleta se vuelve hija, y la campeona, memoria.

   Ahora, en la antesala de Santo Domingo, Daily se define en equilibrio. Los 800 y 1500 metros “están parejos”, asegura, y confirma que correrá ambos. 

   No hay miedo en su voz, sino una determinación serena: “Voy a batirme y voy a ver qué pasa”. Sabe que el título centroamericano es “el pilar de la temporada”, pero también entiende que su verdadera carrera es otra, más larga, más íntima.

   Se reconoce aún en construcción. A su edad, con un currículo que incluye Juegos Olímpicos, Mundiales y podios continentales, insiste en que queda mucho por aprender y tal vez por eso corre así: no como quien ya llegó, sino como quien todavía se está inventando.

   Admira a figuras como Ana Fidelia Quirot y Rose Mary Almanza, pero su mayor referencia es aquella niña que corría en Camagüey sin saber hasta dónde llegaría. A ella le habla con gratitud: gracias por no rendirte, por insistir incluso cuando todo parecía cuesta arriba.

   Al final, cuando se le pide que se defina, no duda, y en esa frase se resume todo: “Soy una mujer de fe y ciencia que entiende que su mayor marca no está en el reloj, sino en la maestría con la que esculpe su propio camino”.

   Daily Cooper está escribiendo, zancada a zancada, la forma exacta de su destino, y mientras el calendario avanza hacia Santo Domingo, sigue corriendo —contra rivales, contra marcas, contra sí misma— con esa sonrisa luminosa que no aparece en las estadísticas, pero que también, de algún modo, gana carreras.


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