El 15 de junio de 1958 son asesinadas en La Habana, por sicarios de la tiranía batistiana, las hermanas Lourdes y Cristina Giralt. Eran dos jóvenes con sueños, ideales, almas nobles y bellas. Cristina tenía 28 años, y Lourdes tan solo 22.
Recién habían compartido con su familia el día de los padres, en la provincia de Cienfuegos, donde estos vivían. Eran las hijas menores del español José Ramón, y la cubana Alicia. Él “llegó a ser cajero y apoderado principal de los almacenes Ferrer dedicados al negocio del azúcar y luego tajador en el gremio del puerto cienfueguero”.
Con la intención de buscar trabajo, ellas arribaron a la capital, luego de que su hermano Arnaldo lo hiciera en 1951. Primero fue Lourdes, quien comienza a laborar como trabajadora del Departamento de Despacho y Orden en las Oficinas de la Concretera Nacional, en Infanta y 23, en el Vedado, hoy Ministerio de Comercio Exterior. Posteriormente, a finales de 1957, se incorpora Cristina.
No permanecieron ajenas a la situación que vive el país, y se incorporaron a una cédula del Movimiento de Resistencia Cívica dirigida por Geraldo Pérez-Puellez Expeleta, miembro del M-26-7. Estaban conscientes de la necesidad de un cambio social para la Patria. Apoyaban en la recogida de dinero, medicamentos y armas para el frente guerrillero, entre otras misiones.
El día de los padres compartieron con la familia, sus queridos padres y hermanos. Les gustaba visitar la Oerka del Sur y reencontrar allí a los amigos y disfrutar el olor del mar que tanto les gustaba.
Cuando salieron de casa, muchas fueron las recomendaciones de Alicia, la madre.
Todo transcurrió normal, y la risa de ellas era como un canto a la vida. Estaban agotadas, pero no lo sentían. María de Lourdes, también apodada cariñosamente Maruca, era alegre, extrovertida, amante del baile y los paseos; Cristina era más reservada, y prefería la tranquilidad del hogar.
Cuando llegaron al apartamento, ubicado en el edificio de 19 y 24 en El Vedado capitalino, se dieron cuenta de que la puerta había sido forzada.
La policía batistiana había tomado el apartamento aledaño, al detectar la presencia de combatientes del Directorio, quienes habían sido delatados. Andaban tras los rastros de integrantes del Movimiento 13 de Marzo. Ellos se alojaban en un apartamento contiguo al de Lourdes y Cristina. Ellas no lo sabían.
El 13 de junio los jóvenes habían participado en un atentado contra el entonces ministro de Gobernación Santiago Rey Pernas, quien resultó ileso. A las órdenes del asesino Esteban Ventura Novo se montó un operativo. Detenciones, interrogatorios, torturas, todo para localizar a los revolucionarios. Más ellos no regresaron al lugar.
Mientras los esbirros aguardaban en la oscura escalera por donde debían aparecer los revolucionarios, llegaron las muchachas, con la felicidad de compartir con la querida familia, sin sospechar lo que les esperaba.
Cuando entraron, los sicarios dispararon contra ellas a mansalva. Indiscriminadamente. En el cuerpo de Lourdes hubo 13 perforaciones, en el de su hermana, nueve.
Hubo mucho dolor en el pueblo y en las familias cubanas. Dos jóvenes en la flor de su existencia fueron asesinadas de forma alevosa, sin ninguna causa.
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