Cienfuegos, 31 may (ACN) Cuando en el mundo no dejan de sonar los tambores de la guerra, en Cruces, un pequeño municipio de la provincia de Cienfuegos los repiques trajeron el sonido del amor y la hermandad esta semana con la XXXI Edición del Festival Tambor por la Paz.
Según reporte del periódico local, la iniciativa se afianzó en la música y la danza como sus principales manifestaciones artísticas, en un evento que busca visibilizar los talentos en ese terruño, conocido como el Pueblo de los Molinos.
Resaltó en el encuentro la presentación del Conjunto Folclórico Ochareo, en la casa de la Cultura Enrique Cantero Ibáñez y en el parque José Martí de esa localidad, como muestra de una trayectoria consolidada de veinte años, que ha puesto en alto a la rumba en todas las plazas de la provincia de Cienfuegos.
En el evento, indica la nota, rindieron un merecido homenaje a la comparsa Guaracheros de Cruces, cuyo tronco matriz nació durante el mes de mayo de 1963, como petición de los dirigentes de los Comités de Defensa de la Revolución en esa municipalidad. Integrada en sus comienzos por 10 parejas de bailadores, cuatro faroleros y apenas 12 músicos, su membresía aumentó con los años hasta alcanzar la cifra de 40 parejas, 10 faroleros y una veintena de músicos, que perduran hasta hoy.
Refiere la publicación que el tributo a la antológica agrupación devino regocijo para su fundador, el promotor cultural Eduardo Morffi Maya, creador también de la idea general del festival Tambor por la Paz.
Este intercambio acogió a figuras como Gabriel Santiago Aldama Coginí, miembro de Honor de la Asociación Yoruba de Cuba y Tesorero provincial, Rigoberto Oviedo Vera, representante de Oggún, Orisha regente, y a Pedro Pérez Turiño, al frente del sector de la Cultura en Cruces.
Las ponencias presentadas giraron en torno a las religiones afrocubanas y de manera especial al Orisha Oggún, reconocido como dueño de los metales, el camino y los montes .
Algunas instituciones culturales de la municipalidad como la biblioteca pública Raúl Aparicio se sumó a las iniciativas durante las jornadas, con la selección y analisis de textos relevantes al estilo de El Monte (1981) de Lydia Cabrera y Biografía de un cimarrón (1966), libro cimero de cuantos ha escrito Miguel Barnet.
Tambor por la Paz potencia el intercambio entre agrupaciones profesionales y aficionadas, al tiempo que los músicos logran actualizarse, y tanto bailarines como investigadores, vuelcan sus obras sobre los estudios científicos más recientes acerca de la cultura afro y su permanencia, detalló el escrito.
Constituye esta cita, además de su cualidad festiva, un llamado a la espiritualidad y unidad nacional y un canto a la paz global.
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