La Tía Rosa de las niñas y los niños

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ACN - Cuba
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31 Mayo 2026

La Habana, 31 may (ACN) El Encuentro Internacional de Artes para las Infancias Corazón Feliz, que concluye este 31 de mayo, rinde homenaje a Rosa Campo, figura imprescindible en el trabajo musical dedicado a los más pequeños. Ella es la invitada del programa radial Rebelde en Rebelde, este domingo, a partir de las nueve de la mañana

Rosa Campo es una niña grande, y fue siempre la artista que hemos conocido porque la magia de contar historias, cantarlas, actuarlas y compartirlas siempre existió en ella. Hoy, como referente importante en el país en relación con el arte creado para las infancias, sigue defendiendo la necesidad de propiciar la creación más genuina, publica Juventud Rebelde.

«Desde que era pequeña yo sabía que quería dedicarme a la canción, sobre todo para el público infantil. Cuando comencé a trabajar como instructora de arte, luego de ingresar al curso emergente con 24 años, y después de ser mamá, comprendí que ahí encontraba mi mayor felicidad.

«Mis hijos, Daniel y Adonis, son mis mejores canciones; su crianza despertó en mí las más grandes motivaciones para crear, porque tuve la responsabilidad de enseñarles a vivir a través de canciones, adivinanzas, juegos y emociones compartidas desde el arte».

Rosa fue atrevida «porque en la vida, las oportunidades uno debe tomarlas. Después, no puede haber lamentos».

El Encuentro Internacional de Artes para las Infancias Corazón Feliz, que concluye este 31 de mayo, le rinde homenaje a ella y a Rita del Prado, figuras imprescindibles en el ámbito de la canción para los más pequeños.

Sin embargo, Rosa Campo, lejos de los grandes escenarios, no deja de ser esa niña grande, también madre, amiga, compositora, dulce mujer que imanta con su ternura y su sonrisa.

—¿Cuál fue su primera canción?

—Rocío. Te puedo cantar un fragmento: Rocío, gota que forma la noche, y en la mañana se rompe llena de luz y color… En esa época ya tocaba la guitarra. Aclaro, yo no soy guitarrista, más bien le paso la mano al instrumento. Cuando vivía en Sancti Spíritus, mi tierra natal, tenía una tablita a la que le puse rayitas como las cuerdas.

«Mi profesor pensó que yo era una erudita porque así aprendí, pero fue más que todo por el empeño, digno de asombro porque no poseo en mi familia antecedentes de músicos consagrados al arte. Después, mi padre me regaló mi primera guitarra y ya me sentí más feliz».

Los hijos de Rosa Campo han sido pilares inmensos en su vida: «Ellos me ayudaron mucho porque, a medida que yo hacía una canción, si me prestaban atención ya sabía que iba por buen camino. Aunque pareciera que estaban entretenidos porque estuvieran jugando, por ejemplo, yo notaba en ellos cualquier reacción, así fuera el movimiento acompasado de sus pies. Y si no les gustaba, eran entonces mis primeros críticos.


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