Santa Clara 3 may (ACN) La escena se ilumina y, de pronto, la Sala Margarita Casallas deja de ser un espacio urbano para convertirse en un batey cubano.
Allí, una familia se reúne tras la faena diaria para espantar la fatiga con historias de aparecidos, cantos y juegos.
Es la esencia de "Recuerdos del Batey", una pieza que trasciende el divertimento para hurgar en sucesos de extrema seriedad, narrados desde la diversidad de caracteres que habitan nuestra ruralidad.
Ramón Silverio, director del centro cultural, explicó a la ACN que esta obra constituye una metáfora de la memoria que se niega a morir.
"Es una propuesta que hemos llevado a barrios y comunidades, como el asentamiento de Cordobanal, donde la recepción siempre es tan genuina que parece la primera vez que se presenta", afirmó el director del Centro Cultural El Mejunje.
En la trama sobresale la figura de Monguito, el omnipresente muchacho con "problemas" de la comunidad.
Sin embargo, tras su aparente ingenuidad, el personaje posee una sabiduría abierta que le permite dialogar con el fantasma de su madre.
A través de sus soliloquios, la obra permite sentir el peso de la soledad del campo, esa "miseria irradiante y decente" que Silverio describe con tanto respeto.
Es en esos momentos reflexivos donde se palpa el apego humilde por la gloria de un legado familiar y el valor de lo que parece invisible a los ojos de la ciudad.
Asume el propio Ramón Silverio el reto actoral de encarnar a un jefe de cooperativa, un hombre que añora los pasatiempos de su juventud, aquellos juegos con viandas solo posibles en la ingenuidad de los sitios más apartados de la geografía insular.
El también Maestro de Juventudes, Ramón Silverio, explicó a la ACN que la obra rescata tradiciones como los velorios de santos, momentos donde el misticismo y la cotidianidad se cruzan peligrosamente.
"Recordamos cómo las velas, en un descuido, incendiaban los bohíos; pero como las míticas cenizas del Ave Fénix, esa destrucción resultaba nutricia porque siempre se esperaba otro renacer", comentó el creador.
La obra se mantendrá en cartelera durante todo el mes en la Sala Margarita Casallas.
La pieza es una prueba de que no se requiere de una clase académica para entender las funciones del teatro: basta con mirar hacia el aislamiento y las carencias para descubrir que allí anida una sensibilidad profunda.
Con esta temporada, El Mejunje reafirma su vocación de ser espejo de la identidad cubana, rescatando del olvido las voces de aquellos que, desde el batey, siguen construyendo la espiritualidad de la nación.






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