
Holguín, 13 ago (ACN) Cuando amanece este 13 de agosto, los recuerdos de Luis Enrique Nieto Fernández se remontan a la comunidad de Birán, en el municipio holguinero de Cueto, donde naciera en igual fecha de 1926, el líder de la Revolución cubana Fidel Castro para inscribir a ese pequeño poblado en las páginas de la historia de la Mayor de las Antillas.
Sus medallas y reconocimientos como combatiente internacionalista en Angola, militar retirado, abogado brillante, estudioso de la política internacional y la literatura universal, no se comparan al privilegio de haber compartido con Fidel en episodios decisivos de las luchas revolucionarias luego del triunfo de 1959.
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Desde su casa en el reparto Hilda Torres, de la cuidad de Holguín, y con la nostalgia de un héroe anónimo, evoca la impronta del líder revolucionario, artífice del Moncada, ejemplo para los jóvenes de la actualidad y las luchas de los pueblos del mundo por su emancipación.
A ratos, lágrimas en sus ojos denotan el profundo respeto por el legado del Comandante en Jefe, fallecido el 25 de noviembre de 2016, y la dignidad, autoridad moral, concepto de justicia social y calidad humana que lo distinguían en su actuar cotidiano.
En un rápido periplo por múltiples vivencias, Luis Enrique compartió a la ACN sobre aquella mañana de julio de 1985 en la provincia de Guantánamo, cuando Fidel le puso una mano en el hombro y su sola presencia representaba el compromiso y la responsabilidad de trabajar con excelencia a favor de la Revolución.
Luego de ese suceso, rememora, quedé profundamente impactado y si me preguntas por la conversación te diría que no la recuerdo, porque quedé impresionado por la hidalguía de ese gran hombre, cuyas principales armas eran la verdad y las ideas.
Dentro de los recuerdos de este oficial, jubilado de los Órganos de la Seguridad del Estado desde el 2008, quedan también múltiples reuniones de trabajo, indicaciones de tareas, que además de órdenes representaban un aprendizaje, una clase y la oportunidad para superarse en el plano personal y profesional.

A la memoria del santiaguero, residente en Holguín desde 1982, llega también el alto compromiso del dirigente político con el bienestar del pueblo, el mejoramiento de sus condiciones de vida y la responsabilidad de llegar hasta los problemas y tocarlos con la mano.
El legado más importante, apuntó, es la universalidad del pensamiento de Fidel y su relación con el legado martiano, en función de las clases sociales más humildes, aplicado durante más de 60 años a través de múltiples programas médicos, educativos y sociales.
Creo que una de las mejores cosas en mi vida, resumió, es haber vivido en su misma época y luchar por la Revolución a su lado, ese es mi mejor reconocimiento y mi mayor medalla.
Cada 13 de agosto, Luis Enrique se transporta a Birán y a la historia del hijo varón de la familia Castro Ruz, y es imposible no hacerlo, para recordar a un hombre extraordinario, cuyo corazón latía por Cuba, un hombre de presente y futuro, que renace cada día y a quien llamamos sencillamente Fidel.
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