Matanzas, 23 jun (ACN) Estoy aquí porque él lo merece, porque nos legó la exigencia, la modestia, la entrega y el compromiso con nuestra Cuba, sostuvo hoy la Capitán de la Reserva Xiomara Núñez Morodo, mientras observaba orgullosa el retrato del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez.

Con una flor abrigada contra el pecho, llegó la combatiente a los portales de la sede del Gobierno Provincial del Poder Popular en Matanzas para profesar el agradecimiento eterno hacia aquel que procuró ser guía en su formación como oficial del Ministerio del Interior (Minint).
Este martes, estudiantes, oficiales del Minint y las Fuerzas Armadas Revolucionarias, miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, la Unión de Jóvenes Comunistas y el pueblo de Matanzas, se congregan en el entorno del Parque de la Libertad para rendir especial tributo a Valdés Menéndez, tras su fallecimiento el 21 de junio último.

Encabezaron la fila de pueblo, trabajadores de la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras Holmes, institución que atesora la huella del Comandante, junto a Mario Sabines Lorenzo, primer secretario del Comité Provincial de Partido Comunista de Cuba en Matanzas, Marieta Poey Zamora, gobernadora del territorio, así como también otras autoridades políticas y gubernamentales.
Mario de la Campa, uno de los tantos que se acercó a la foto de Valdés Menéndez, recalcó que aunque la muerte supone una realidad de la vida, la desaparición física de aquel que hizo cuanto pudo por su país, resulta una pérdida irreparable para la Revolución.

Para Yandy Rojas Greenidge, secretario general del Buró Sindical en la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, el Comandante Ramiro constituye el joven eterno que impregnó en su pecho la capacidad de hacer siempre por sus trabajadores y no dejar escapar del corazón el espíritu resiliente y esperanzador.
En el homenaje que concluirá a las cinco de la tarde con la guardia de honor a cargo de las autoridades políticas y gubernamentales de la provincia, permaneció el firme erguido, la mano en el pecho sinónimo de admiración, y la nostalgia ante la pérdida de un hombre que llevaba la historia impregnada en el uniforme y en su esencia.
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