El hombre que rescató del olvido los orígenes de Santa Clara

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León | Foto: @enciclopedia_cu
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09 Abril 2026

   Santa Clara, 8 abr (ACN) Si hoy los santaclareños pueden hablar de sus raíces, de los primeros pobladores, de cómo era esta villa antes de ser ciudad, se lo deben a un hombre nacido el 8 de abril de 1815, en una casa cualquiera de esa tierra, y que un día decidió contar la historia que nadie antes había contado; su nombre era Manuel Dionisio González Yanes.

   La historiadora Hedy Hermina Águila Zamora explica a la Agencia Cubana de Noticias que fue, ante todo, el primer historiador que Santa Clara tuvo; y su obra cumbre, Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su jurisdicción, concluida en 1858 y publicada en 1860, sigue siendo hoy la piedra angular sobre la que se sostiene todo lo que se sabe del pasado de esta ciudad.

   "Sin él, no supiéramos de dónde venimos ni quiénes fueron nuestros antepasados", afirmó Águila Zamora.

   Los señores regidores Manuel Ruano y Jesús María Ledón, encargados por el Ayuntamiento en 1860 de evaluar aquel manuscrito, no escatimaron elogios; en el dictamen que recomendó su publicación, escribieron que la obra era "un bello monumento literario", fruto de "árduos estudios", y añadieron una frase que retrata el alma del autor: González había logrado dar a un asunto árido —la historia— "todo el interés que sólo puede prodigar el que ha estudiado a fondo el idioma en que escribe y ha bebido en las fuentes cristalinas de su pureza".

   Pero la vida de Manuel Dionisio no fue solo libros y documentos; nació en Santa Clara, allí hizo sus primeros estudios, y luego viajó a La Habana para matricular Filosofía en el Real Colegio Seminario de San Carlos.

   De regreso a su villa natal en 1835, se puso a trabajar en la escribanía de don Martín Ruiz; no era un hombre de una sola pluma: redactó para periódicos como El Eco, El Alba y El Sagua, donde escribía sobre educación, costumbres y otros asuntos.

   En 1865 fundó La Alborada, un periódico que abarcaba temas literarios, económicos, agrícolas e industriales.

   También incursionó en la literatura, pues en 1848, en colaboración con Miguel Gerónimo Gutiérrez y Eligio Eulogio Capiró, escribió una comedia en tres actos titulada Idealismo y realidad, que fue representada por los alumnos de la Escuela de Declamación que dirigía el licenciado Carlos Valdés.

   Para esos mismos jóvenes compuso otras dos obras: Sobre todo mi dinero y El judío errante, y publicó una novela —con tres ediciones, nada menos— basada en hechos históricos de la época del Padre Las Casas, además de Las Brujas de Peña Blanca, el texto que se nutrió de una de las leyendas locales que aún hoy se cuentan en Santa Clara.

   Su talento no pasó inadvertido, en 1889, durante el bicentenario de la fundación de Santa Clara, el Ayuntamiento organizó una gran exposición, González Yanes recibió una Medalla de Oro por su Memoria histórica y el gobierno municipal le concedió la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.

   Murió en su ciudad natal el 14 de mayo de 1883; sus restos reposan en el cementerio de Santa Clara, aunque durante décadas su tumba fue casi un secreto a voces: nadie la reclamaba, nadie la honraba.

   Ya entrado el siglo XXI, cuando la ciudad nombró oficialmente a un historiador por primera vez, aquel olvido comenzó a revertirse.

   Ovidio Cosme Díaz Benítez, entonces historiador de la ciudad, encabezó un homenaje en la tumba de González; le acompañaron miembros de la Sociedad Cultural José Martí, de la Unión de Historiadores, del Archivo Histórico Provincial, estudiantes de Periodismo y especialistas de la Casa de la Ciudad; fue la primera vez que la ciudad recordaba, de manera institucional, a quien le había dado su historia.

   El panteón, con el paso de los años, se había deteriorado gravemente; en 2025, finalmente, fue restaurado; para la reinauguración, nuevamente la Unión de Historiadores acudió a rendir homenaje, y como broche de justicia, se instituyó un galardón para los jóvenes investigadores: el Premio de Historia Manuel Dionisio González.

   Ahora, cada vez que un santaclareño se pregunte de dónde viene, sabrá que hay un nombre que responder; no está en una calle céntrica, no tiene una estatua enorme en el parque, pero su obra —esa "piedra fundamental" de la que hablaron Ruano y Ledón— sigue ahí.


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