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Ricardo Batista ha vivido el mayor encierro de su vida. Si se hubiera imaginado que a los 75 años de edad iba a estar más de dos meses sin tener contacto directo con la gente, quizás se hubiese resistido a permanecer tan prolongado tiempo sin recorrer las calles de su pueblo, e ir a la bodega o al estadio de pelota.

La Doctora en Ciencias Biológicas Blanca Rosa Hung Llamos es la única profesional cubana de alto nivel que dirigió el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC) en sus 55 años de creado por el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Raúl Pascaud Sola es de esos veteranos y ejemplares maestros cubanos que nació para enseñar, y en su entrega no se permite un minuto perdido, algo que le merece la admiración de alumnos, colegas y la vecindad, que en estos meses le ha visto activo respaldando el autoestudio de sus discípulos y en otros importantes quehaceres.

Nunca imaginé vivir un momento como este, donde una pandemia como la COVID-19 alcanzaría tanta magnitud a nivel mundial y justamente me correspondería enfrentarla en la primera línea de atención en la denominada Zona Roja, en contacto directo con la enfermedad, aseveró José Antonio Méndez Mora, especialista en medicina interna en la provincia de Holguín.

Quiso el destino que en días pasados mientras un grupo de periodistas de Pinar del Río visitábamos la Península de Guanahacabibes, en el extremo más occidental de Cuba, tres tuviéramos la dicha de conocer de cerca la humildad y entrega de quienes con su quehacer anónimo custodian los recursos naturales y velan por la seguridad de nuestras costas.

Dijo José Martí que “cada cual al morir, enseñará al cielo su obra acabada, su libro escrito, su arado reluciente, la espiga que segó, el árbol que sembró. Son los derechos al descanso. Triste el que muera sin haber hecho obra”.

Los casi 80 días que Pablo Modesto de la Rosa Hernández lleva sin salir de su casa por ser una persona de la tercera edad y padecer enfermedades de riesgo ante la COVID-19 no le quitan el sueño ni la actitud positiva ante la vida, porque se siente protegido.

Plácido Batista Veranes siempre lo supo, iba a estudiar Derecho y convertirse en juez. Quizás fue por su padre, combatiente del Segundo Frente del Ejército Rebelde, que siempre soñó con ser abogado, o a lo mejor las ansias de justicia le vienen de antes, de un bisabuelo mambí que combatió en las guerras de independencia.

De recorrido por el callejón de Santa Bárbara, entre las calles de La Pastora o en gestiones en el Gobierno Municipal se puede ver en estos días de pandemia a Omar Pérez Gómez, presidente del Consejo Popular Centro de Santa Clara. Si su labor ya era intensa antes del 11 de marzo último, esa fecha marcó el comienzo de un período donde los esfuerzos tuvieron que ser redoblados.

Al término del cumplimiento del Servicio Militar General, a un grupo de combatientes les propusieron varias opciones para garantizarles empleo en su provincia de origen, pero solamente uno optó por dedicarse al cultivo de la tierra: Franklin Fundora Padrón.

La joven santiaguera Celia Araujo Quintero soñó desde niña estudiar Derecho, sin tener influencia cercana para esa preferencia y hoy, con 31 años, se siente realizada en el camino escogido al merecer hace pocos días dos premios de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC).

Gloria Mendoza González lleva casi 40 años entregada al arte de elaborar tabacos y, pese a tener edad para retirarse, prefiere dedicar cada jornada a darle forma a las hojas del famoso puro cubano para el deleite de los más selectos consumidores.

Descendiente de padres arroceros, la cubana Adisleidis Fuente Sánchez afirma que toda su vida está asociada a la cultura del cereal y hoy se empeña en demostrar la viabilidad de cosecharlo sin los productos químicos del llamado paquete tecnológico, para cuya adquisición la Isla enfrenta serias limitaciones derivadas del bloqueo de Estados Unidos.

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