Ciego de Ávila, 22 jun (ACN) Con una participación activa de jóvenes y estudiantes en la Empresa Agroindustrial Azucarera (EAA) Melanio Hernández, en la provincia de Sancti Spíritus, Cuba puso a prueba la metodología nacional para transición justa hacia empleos verdes.
Onixa Mazorra Fuentes, directora de Ciencia e Innovación del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (Mtss), declaró a la Agencia Cubana de Noticias que el estudio piloto contempló la identificación, clasificación y certificación de empleos verdes, en un ensayo que sentó las bases para implementarlos en sectores estratégicos de la economía cubana.
El ejercicio contempló la evaluación de 15 puestos de trabajo dentro de la referida EAA, ubicada en el municipio de Taguasco, y puso a prueba la efectividad de instrumentos diseñados por el Mtss y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), en coordinación con el Grupo Empresarial Azucarero (Azcuba).
Con la metodología cubana se establecen dimensiones medibles en dos ejes fundamentales: el laboral, que incluye formalidad, remuneración justa, seguridad y diálogo social; y la ambiental, enfocada en la gestión de residuos, la eficiencia energética y la economía circular, precisó Mazorra Fuentes.
Esa herramienta contribuye a la articulación del Plan del Estado Cubano para el Enfrentamiento al Cambio Climático (Tarea Vida) con las políticas de empleo en el país.
El cronograma de trabajo en el territorio espirituano combinó talleres de sensibilización, capacitación metodológica diferenciada y un recorrido por la empresa para aplicar las guías dirigidas a documentar el proceso de certificación.
Los participantes, entre los que estuvieron directivos de Azcuba, especialistas del Citma y docentes de la Enseñanza Técnica y profesional, ampliaron sus conocimientos sobre el marco legal en el que acontece la transición justa hacia empleos verdes.
Además, se realizaron entrenamientos y presentaron guías verdes elaboradas para la formación de habilidades ambientales; estas últimas serán validadas por docentes y estudiantes.
La directora de Ciencia e Innovación del Mtss destacó que los jóvenes no fueron meros espectadores: se dividieron en grupos para codiseñar rutas de transición y analizar barreras para su inserción laboral.
Equipos de evaluación, integrados por especialistas del Citma y del MTSS, jóvenes trabajadores y jóvenes en formación, recorrieron la EAA para verificar el cumplimiento de los criterios de exclusión y aplicar el instrumento integrado de evaluación laboral y ambiental, con el objetivo de clasificar los puestos según su grado de contribución ambiental y laboral.
De esa manera definieron los espacios que pueden ser certificados como "verdes" y aquellos que requieren rutas de mejora para una transición justa.
Además de la validación de la metodología y la realización de necesarios ajustes a esta, el ejercicio permitió avanzar hacia la clasificación de empleos verdes y crear nuevas capacidades en el equipo técnico municipal.
Las lecciones aprendidas en la EAA Melanio Hernández servirán de referente para replicar la experiencia en otras empresas agroindustriales azucareras del país, como la Carlos Baliño (Villa Clara), la Ciro Redondo (Ciego de Ávila) y la Antonio Guiteras (Las Tunas), vinculadas al proyecto internacional “Fortalecimiento de políticas y capacidades para empleos verdes para jóvenes”.
A esa iniciativa se integran instituciones globales como el Pacto de Empleos Verdes para Jóvenes, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia; mientras, en el ámbito nacional se suman el Mtss, el Citma y los ministerios de Educación, Educación Superior y de la Agricultura, además de Azcuba.
Según la OIT los empleos verdes destacan por ser decentes y contribuir a la preservación y restauración del medioambiente, en esferas tradicionales como la manufactura o la construcción, o en nuevos sectores emergentes como las energías renovables y la eficiencia energética.
Se basan en dos principios fundamentales: sostenibilidad ambiental y decencia laboral; el primero exige que la actividad del puesto tenga impacto neto positivo en el planeta, mientras el otro aboga por la productividad, un salario justo, condiciones de trabajo seguras, protección social, derechos laborales y oportunidades de desarrollo personal.
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