La Habana, 23 may (ACN) Expertos del Programa Nacional sobre la Diversidad Biológica, Cuba Biodiversa, regularizado por el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (Citma) revelaron detalles, curiosidades y opciones de manejo de especies exóticas invasoras en panel por el Día Internacional de la Biodiversidad, que se conmemora cada 22 de mayo.
La doctora Nelvis Elaine Gómez Campos, su coordinadora, ofreció detalles sobre el impacto de la iniciativa en salón repleto en el Jardín Botánico de La Habana "Quinta de los Molinos", donde subrayó que el tema escogido este año es "Acción local para un impacto mundial”, según informó el Citma en su sitio oficial en torno a las intervenciones en un panel de expertos.
Opinó que el éxito a la hora de detener y revertir la pérdida de biodiversidad, depende de la capacidad del mundo para aprovechar el tejido vital de la acción local en apoyo de las acciones lideradas por los gobiernos.
Mencionó las metas del país con mirada al 2030, proyectan controlar y mitigar los impactos de las especies exóticas invasoras establecidas, minimizar o reducir los eventos de introducción y establecimiento de ellas a través de la regulación y el control efectivos.
El término “invasión biológica” es utilizado para describir el proceso que implique el transporte intencional o no, o movimiento de una especie fuera de su área de distribución natural por el ser humano, actividades y su introducción en nuevas regiones, donde pueda establecerse y difundir, señaló.
A renglón seguido, su colega Carlos A. Mancina González, director del Centro Nacional de Biodiversidad, explicó que los ecosistemas insulares, como el archipiélago cubano, poseen una vulnerabilidad intrínseca ante la introducción de especies invasoras, debido a sus elevados niveles de endemismo y la presencia de numerosos taxones de distribución restringida.
Cuba alberga en la actualidad una fauna de vertebrados exóticos particularmente diversa, con al menos 80 especies establecidas que incluyen peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos, y gran parte de estos taxones han sido identificados como amenazas severas para la estabilidad biológica del país.
En consecuencia, prosiguió, la efectividad de las estrategias de manejo y control de aquellas será determinante para asegurar la persistencia de linajes evolutivos únicos y restaurar la resiliencia de los hábitats naturales del archipiélago.
Sobre ejemplos de eventos de invasiones de tal tipo, resultan de interés, los elementos compartidos por Juliet González Méndez, investigadora auxiliar del Centro nacional de Áreas Protegidas, acerca del Pez gato (Clarias gariepinus, nombre científico), como muestra de convertir el desafío ecológico a oportunidades económicas para los pescadores del humedal Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas.
Consideró que su introducción en la acuicultura cubana ha respondido a la relación que existe entre la necesidad de enfrentar la escasez alimentaria de la población y el bajo potencial reproductivo de la biodiversidad acuícola capaz de soportar tecnologías.
González Méndez se refirió a que el género Clarias es uno de los peces introducidos en Cuba bajo licencia del Centro Nacional de Seguridad Biológica y, de las dos empleadas, la gariepinus es una de las más importantes de los tropicales, utilizados en la acuicultura al oeste de África y la de mayor interés, dado por su gran fecundidad, rápido crecimiento, alta resistencia a las enfermedades, al manejo y al estrés.
Los huracanes e intensas lluvias provocaron su dispersión en muchos acuatorios, ocasionando afectaciones a la biodiversidad autóctona, dijo.
Refirió que estudios de la biología y ecología de la especie por más de 10 años en uno de los humedales más importantes de Cuba y del Caribe, la Ciénaga de Zapata, permitieron evaluar los impactos sobre la fauna de esta área protegida y fomentaron su aprovechamiento, conjugando manejo de las poblaciones, seguridad alimentaria e incentivos económicos para los pescadores locales.
Dorka Cobián, investigadora titular del Parque Nacional Guanacahabibes, que pertenece al Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales (Ecovida), precisó que el pez león (Pterois volitans/miles), es una invasora originaria del Indo-Pacífico, y se expandió rápidamente por el Caribe con el potencial de alterar la estructura y composición de las comunidades de peces nativos en los arrecifes coralinos.
Recordó que en Cuba, su primer reporte ocurrió en 2007 y para 2010, ya era una conquistadora, establecida en diversos hábitats marinos (arrecifes, manglares, pastos marinos y estructuras artificiales), desde aguas someras hasta 188 metros de profundidad.
Apuntó que sus altas densidades, superiores incluso a las registradas en su área nativa del Indo-Pacífico, han favorecido su éxito, junto con características como elevada capacidad reproductiva, reproducción durante todo el año, dieta amplia y baja carga parasitaria.
Esta especie incluye en su dieta numerosos peces y crustáceos de importancia ecológica y comercial, afectando potencialmente la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas marinos cubanos y aunque múltiples investigaciones han evaluado sus impactos, aún se requieren estudios a mayor escala para fortalecer estrategias de manejo más efectivas, puntualizó.
La investigadora explicó que en la nación, la extracción periódica en áreas marinas protegidas ha mostrado resultados positivos como medida de control, y además de representar un desafío ecológico, el pez león ofrece oportunidades para el aprovechamiento sostenible.
En varios países del Caribe, como Bahamas, Belice, México, Jamaica y República Dominicana, su captura se promueve como recurso alimentario de alto valor nutricional y como fuente de ingresos mediante la gastronomía, la pesca comercial y la elaboración de artesanías con sus espinas y aletas, por lo que su manejo puede transformar una amenaza ambiental en beneficios económicos, sociales y de conservación.
Por último, Alejandro Palmarola Bejerano, director del Jardín Botánico Quinta de Los Molinos, reafirmó que la integración de especies exóticas invasoras en cadenas de consumo (maderables, medicinales, perfumería, aceites esenciales) es una vía eficaz para reducir su presión ecológica y financiar la protección de la flora nativa.
Puso como ejemplo emblemático impulsado desde Cuba, la recuperación de Magnolia acunae en el área protegida de Topes de Collantes, que se encuentra en Peligro Crítico, amenazada por la pérdida de hábitat y la presencia de múltiples especies exóticas invasoras.
El proyecto en esa localidad unió a científicos, guardabosques, técnicos, voluntarios y autoridades ambientales con la comunidad local; los cafetaleros aprendieron a identificar los brotes y a protegerlos durante la limpieza de los campos, montaron viveros y reforzaron las poblaciones, puntualizó.
No obstante, continuó, se revalorizaba su madera y otros usos para su aprovechamiento en el futuro cuando las especies nativas (magnolias y otras maderables cubanas) volvieran a dominar el paisaje productivo de café.
La regeneración natural se ha incrementado, enfatizó, y la especie hoy florece en jardines turísticos y cafetales. La experiencia demuestra que la participación activa de consumidores, artesanos, población local y autoridades de control es clave para transformar una amenaza en una oportunidad de conservación.
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