Aves, origamis y un lago de leche

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ACN - Cuba
Román Romero López I Fotos del autor
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12 Julio 2026

Ciego de Ávila, 12 jul (ACN) Niños y niñas de la ciudad de Morón realizaron una observación de aves, en áreas del Gran Humedal del Norte de Ciego de Ávila, junto a trabajadores del Centro de Ingeniería Ambiental y Biodiversidad, y especialistas de la Empresa Provincial de Flora y Fauna, en una actividad marcada por la educación ambiental. 

   Cumpliendo con la convocatoria de Odey Martínez Llanes, ornitólogo y especialista de la Empresa Provincial de Flora y Fauna, llegaron al amanecer hasta el Parque Agramonte, en Morón. 

   Tras repasar el programa del día, partieron en bicicletas —eléctricas unas, de tracción humana otras— hacia el corazón del Gran Humedal del Norte de Ciego de Ávila, donde los esperaba la observación de aves.

   El objetivo: avistar el tocororo en el tramo entre el Parque Humedal Grande y la Laguna de La Leche, pero la riqueza de la avifauna local —endémica y migrante estival— permitió mucho más que un solo encuentro.
   En un paisaje hechizante, la vegetación se mostraba copiosa y esbelta la Palma Real, árbol nacional, desplegaba todo su verdor. El camino se cruzaba con canales de aguas turbias donde florecían lotos, y en los tramos donde la vegetación se abrazaba sobre el cauce, se forma un túnel verde que la vista no alcanza a recorrer.


   A ratos, senderos laterales invitaban a desviarse, por uno de ellos transitaron, guiados por Odey, en busca de las aves. No solo hallaron plumas: reptiles, insectos y una diversidad floral sorprendente los acompañaron en cada pedaleo y caminata.
   Odey sostuvo su teléfono, del que emanaron cantos grabados para atraer a las especies. Así, poco a poco, aparecieron. Contaron 16 variedades —cifra notable para el tramo recorrido—, aunque el tocororo se hizo el esquivo, difícil de ver en esta época, queda pendiente para la próxima incursión.

   A un lado del camino, un ancho canal que desemboca en la Laguna de La Leche reveló a varios pescadores lanzando redes con poco éxito. "Aquí ya no hay nada", se resignó uno, y se marchó. Antes de que se fuera, un niño le pidió que extrajera un plástico del agua. Era un tubo de pasta dental vacío. 

   El pequeño celebra haberlo sacado, quizá sin saber del todo la buena acción que acaba de hacer: liberar al acuífero de un contaminante que amenazaba su equilibrio; porque los residuos plásticos son un riesgo para los ecosistemas, y que las nuevas generaciones los reconozcan y enfrenten con pequeñas acciones es una gran victoria.

   Siguieron pedaleando, entre cantos y verdes, hasta arribar a la Laguna de La Leche, cuyas aguas blancuzcas honran su nombre.
   Este acuatorio es un cuerpo único en Cuba, propuesto como área protegida bajo la categoría de Refugio de Vida Silvestre, junto a la Laguna La Redonda. Juntas, conforman un complejo de valor ecológico incalculable, que vale la pena preservar.
   “Deberíamos venir más seguido para respirar aire puro y librarnos del tedio de los días difíciles”, comentó alguien a Yanet, la geógrafa del Centro de Ingeniería Ambiental y Biodiversidad de Ciego de Ávila , mientras contemplaban la inmensidad. Ella asiente, y con la mirada palpa cada detalle del entorno.

   Al llegar al punto final, bajo la sombra de cocoteros y acariciados por la brisa del lago, descansaron. 
   Luego, los niños plasmaron sus impresiones en dibujos. El silencio se quebró en algarabía; cada hoja blanca se llenó de colores y de historias. 

   Odey, además de ornitólogo, es maestro del origami. Con papel reciclado, enseña a los niños a hacer grullas. “Cuando alguien regala una grulla, desea larga vida”, les dice, mientras sus manos crean figuras que recrean una de las aves más majestuosas del humedal. 
   El especialista les habla también de la función esencial de las aves: dispersar semillas, controlar plagas, mantener el equilibrio ecológico, y les recuerda que no deben ser cautivadas, sino preservadas en su ambiente natural.

   Así transcurrió media jornada, que los participantes calificaron de instructiva y feliz. 
   Los pequeños, en plenas vacaciones, eligieron esta propuesta para aprender y divertirse, lejos del ruido y la rutina citadina. Repetir la experiencia es el deseo unánime. Y volverán, sin dudas, a este rincón emblemático de la geografía avileña, donde aún queda mucho por descubrir.


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