El Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, es una de las fechas más significativas y celebradas en el mundo, con su primer festejo en 1890 en honor a los Mártires de Chicago, obreros de una empresa de los Estados Unidos muertos trágicamente en esa ciudad, en mayo de 1886, por llevar a cabo una huelga en demanda de una jornada laboral de ocho horas.
La conmemoración se acordó un año antes, en julio de 1889, por el Congreso de la Segunda Internacional realizado en París, y sucedía en determinados países y escenarios para exhibir los avances y conquistas alcanzados por el movimiento obrero, además de servir de contexto idóneo para manifestaciones por reivindicaciones laborales y sociales a favor de la clase obrera.
Allí, con representantes de los trabajadores de varias naciones europeas, decidieron crear una organización entre cuyos fines estaba el de defender el establecimiento de una legislación laboral favorable a la clase obrera, iniciativa aprobada en aras de que se preservara en la memoria el sacrificio de los caídos en la lucha por lograr las mejoras a las que todos tenían derecho.
Tres años después la Segunda Internacional Socialista estableció el Primero de Mayo como el día en que se conmemoraba la jornada de ocho horas y las demandas del movimiento obrero. De tal forma eran señales del pasado aquellas agotadoras faenas de hasta 18 horas imperantes en muchos países.
En plena dominación colonial española, la mayor de las Antillas estuvo entre las primeras naciones en sumarse a esos festejos, el primero de mayo de 1890, con un desfile efectuado en La Habana, donde participaron tres mil trabajadores y una veintena de oradores, los cuales partieron del entonces Parque de Marte, hoy Parque de la Fraternidad, hasta la intercepción de las calles Consulado y Virtudes.
Datos históricos revelan que en 1939 ocurrió la primera celebración organizada por la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC). Su estreno fue un gran desfile que partió desde la sede donde se hallaba la central obrera y hablaron varios líderes del gremio como Lázaro Peña, secretario general de la CTC, quien hizo el resumen.
Desde entonces la cita tuvo un carácter unitario, hasta que a partir de 1947 elementos amparados por el gobierno y a la sombra del anticomunismo, derivado de la Guerra Fría, lograron imponer por la fuerza la escisión del movimiento obrero y opacaron la fecha en aquellas instituciones sindicales en manos de los divisionistas, quienes realizaban actos demagógicos, ajenos a la fibra proletaria que le aportaba combatividad.
Esas festividades adquirieron especial singularidad luego de 1959, no obstante a la tradición de conmemorarlas; pues solo tras la llegada al poder de una verdadera Revolución fue que los obreros salieron por vez primera a las calles no a exigir demandas de mejoras salariales y otros derechos, sino para expresar respaldo al proceso emancipador y sus transformaciones sociales en curso.
Precisamente, el primero de mayo de ese año en la entonces Plaza Cívica, en La Habana, convertida en 1961 en Plaza de la Revolución José Martí, se celebró con un carácter festivo y la presencia de miles y miles de trabajadores, ante los cuales habló el Comandante Raúl Castro, pues el máximo líder Fidel Castro, viajaba ese día hacia Buenos Aires, Argentina, para participar en una conferencia internacional.
“Somos revolucionarios, a medida que avanzamos, más oposiciones y más resistencia se hará a la lucha de la Revolución; y en esto hay que estar claro”, afirmó el orador en aquel histórico momento.
Ya en 1960 y en sucesivas ocasiones Fidel les dirigió las palabras a sus compatriotas en las concentraciones populares y desfiles, donde en reiteradas oportunidades destacó el papel de los trabajadores en la defensa y desarrollo de la Revolución, la importancia de la unidad obrero campesina y otros temas de trascendencia, en el interés de que pueblo y gobierno formaran una unidad monolítica en la salvaguarda de la Patria.
El primero de mayo de 1972 aseguró: “La Revolución es sólida. La Revolución es fuerte. La Revolución no es la obra de un día ni de un año; es obra para siempre en lo adelante. Es una obra eterna, en la cual el actor fundamental es el pueblo, los trabajadores”.
Así se convertiría en una fiesta no únicamente para el proletariado, sino para todo el pueblo, un elemento distintivo con respecto al mundo, teniendo en cuenta que también constituía una demostración de solidaridad con las causas justas de otros pueblos, y denuncia de la política agresiva del gobierno estadounidense contra la isla y otras naciones.
Siempre se evoca el memorable y masivo acto por el Primero de Mayo, en el 2000, en La Habana, hace ahora 26 años, cuando el Comandante en Jefe, con su indeleble magisterio, expuso consideraciones elocuentes y trazó la ruta futura al enunciar su Concepto de Revolución, necesario de interpretación y, sobre todo, de incorporación a la conducta cotidiana de cada cual.
Hoy su vigencia se multiplica, su coherente definición instituye una clase de la que deben aprender todos los revolucionarios para mantener en alto el escudo, la bandera y la soberanía nacional que tanto sacrificio ha costado desde el filo del machete de los mambises, los fusiles de la Sierra Maestra y Girón hasta la Batalla de Ideas, que se salvaguarda como arma poderosa.
Tradicionalmente los trabajadores cubanos, de conjunto con líderes sindicales de varios países festejan la fecha en concentraciones en plazas, poblados, bateyes y centros de trabajo, como reflejo del espíritu unitario ante la situación adversa que atraviesa el país, provocada por el genocida bloqueo, recrudecido en los últimos tiempos; más se asume tan apremiante reto con el compromiso de materializar los programas del desarrollo estratégico trazados, en la medida de las posibilidades.
De colorido, alegría y combate, está marcado ese día, pueden enarbolarse lemas disímiles como Unidos en la construcción del socialismo, Por Cuba juntos creamos, Cuba vive y trabaja, o La Patria se defiende, conscientes de que los desafíos son inmensos, pero sobra la disposición de enfrentarlos con firmeza y la resolución de seguir avanzando en nuestros sueños de equidad y justicia social.
Porque, a pesar de contextos económicos complejos, los cubanos lo saludan con hazañas laborales, metas cumplidas y otras iniciativas, y convierten cada Primero de Mayo en renovadas jornadas de reafirmación patriótica y unidad nacional de respaldo a la Revolución.
Estas citas han ganado connotación de tal magnitud que no han dejado de realizarse, independientemente de las circunstancias; por ejemplo, cuando la pandemia por la COVID-19 se adoptaron alternativas para que la fecha no pasara por alto.
De tal forma obreros, trabajadores agrícolas, intelectuales, científicos, maestros, médicos, técnicos, jubilados, artistas, amas de casa, estudiantes, combatientes, en fin la familia, expresan su fidelidad al proceso emancipador que enfrenta duras pruebas, pero con la convicción de continuar haciendo historia, en el sentido de trabajar, crear, incluso desarrollarse y avanzar, en condiciones de retos.
Cada Día Internacional de los Trabajadores este país se viste de una fiesta gigante desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio para celebrar los derechos conquistados y la tranquilidad de vivir y trabajar en una tierra que entrega sin miramientos cuánto tiene a sus hermanos del mundo.
Por estos días “Mi firma por la Patria” se ha convertido en un movimiento popular de respaldo a la Revolución, porque cada rúbrica constituye un acto de reafirmación de la vocación de paz de la nación cubana, en correspondencia con lo establecido en la Constitución, que define la defensa como honor y deber supremo de los ciudadanos.
Los trabajadores manuales e intelectuales miran con confianza el futuro, a pesar del contexto adverso de este 2026, porque a la crisis económica que enfrentamos se agrega la contingencia energética, provocada por la no entrada de combustibles al país por orden del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que denota mayor agresividad de un gobierno que nunca se ha conformado con tener cerca una isla digna e independiente.
Pero para darle al imperio donde más le duele este Primero de Mayo se recibirá en una Cuba que vive, crea, resiste y trabaja, una Cuba fuerte que se mantiene incólume, pese a dificultades y vaticinios, porque se levanta cada amanecer dispuesta a batallar y a vencer sostenida de las manos y corazones de quienes aman, construyen y fundan y siempre marcharán en fila apretada.
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