Maceo y Che: héroes de la misma trinchera

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ACN - Cuba
Aída Quintero Dip
66
12 Junio 2026

   Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara Lynch nacieron en distintos países y épocas, pero ocuparon desde muy jóvenes la misma trinchera, sus vidas las dedicaron al combate por el decoro y la dignidad, a la lucha por la independencia y soberanía de su tierra y de pueblos hermanos, por lo que se erigen como ejemplo para todos los tiempos.

   Por coincidencia histórica ambos vieron la luz el 14 de junio. En Santiago de Cuba en 1845, el hijo de Marcos Maceo y Mariana Grajales, la estoica mambisa que educó descendientes virtuosos, y logró la supervivencia de 11 vástagos en el ejercicio de las mejores cualidades humanas. 

   A 181 años de su nacimiento pervive en la memoria colectiva, al evocarse al héroe de carne y hueso, al vehemente patriota con ribetes de leyenda que ha de redescubrirse en la extraordinaria valía de su genio militar y político y en la plenitud de su dimensión humana.

   Antonio alcanzó el grado de Mayor General del Ejército Libertador y como trofeo de guerra su cuerpo quedó marcado por 26 cicatrices, tras intervenir en más de 600 acciones bélicas en la campaña emancipadora.

   Ganó respeto como un artífice en el empleo de la táctica militar, combatiente de notoriedad y jefe de gran prestigio, un verdadero lince con el machete en la mano.

   Sobresalió el guerrero, también, como un genio político que encumbró su celebridad en febrero de 1878 al ofrecer categórica respuesta a quienes gestaban el Pacto del Zanjón, cuando libró los victoriosos combates de Llanada de Juan Mulato y San Ulpiano.

   El 15 de marzo de ese propio año protagonizó la viril Protesta de Baraguá: “lo más glorioso de la historia de Cuba”, como la consideró José Martí, hecho que colocó en lo más alto la dignidad y decoro nacionales, porque Antonio Maceo, al frente de sus tropas, supo erguirse y adoptar una posición que salvó moralmente la Revolución.

   Como consecuencia de la altruista postura del hombre que tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo y a ese suceso oportuno y firme, se consolidó el pensamiento revolucionario cubano y ratificó el compromiso de volver al campo de batalla para conquistar la libertad con el filo del machete.

   Guevara llegó a la vida en 1928, en Rosario, Argentina; en aquel niño torturado por el asma que rehusaba dejarse abatir por la enfermedad, asomaban vislumbres del guerrillero, el conductor político y el combatiente internacionalista en que se convirtiera después.

   Testimonios de quienes lo conocieron, cuando aún era Ernestico y luego en los años mozos, permiten apreciar los rasgos distintivos de su carácter: una voluntad férrea frente a todos los obstáculos y la búsqueda afanosa de la verdad y la justicia.

   En el aniversario 98 de su natalicio, se evoca a este ícono argentino-cubano hecho en los trajines de la trinchera y el trabajo creador, quien está más vigente que nunca porque en él siempre es posible encontrar el ejemplo y el modelo de revolucionario que permiten hacer frente a los apremios y a las coyunturas adversas, con la cabeza erguida y sin vulnerar un solo principio.

   El Che se involucró en la guerra de liberación nacional en Cuba, tras conocer a Fidel Castro y a sus compañeros de armas, en México; llegó a ser Comandante del Ejército Rebelde y luego del triunfo de la Revolución, que ayudó a forjar, demostró madurez en cargos públicos de mayor responsabilidad y recorrió países amigos y hermanos en misiones de suma confianza, de cooperación y de paz.

   Ofreció lecciones inéditas cuando ocupó la tribuna de la Organización de Naciones Unidas. Al alzar su voz en nombre de Cuba frente a cancilleres que se inclinaban ante el amo, acostumbrados a los debates estériles; asombraba la audacia, rigor y profundidad del diplomático sui géneris que decía al pan pan y al vino vino.

   En el campo de la solidaridad y el internacionalismo fue el más prominente modelo de los cubanos de todos los tiempos, e incluso de los hombres y mujeres honestos del mundo de hoy, porque encarnó los más puros ideales de lucha por la independencia, la soberanía, la no injerencia en los asuntos internos de un país, y la paz absoluta y duradera.

   La fecunda vida del Titán de Bronce y el Guerrillero Heroico tiene matices de leyenda, pero al recordarlos hay que rechazar necesariamente el mito que muchas veces deforma y aleja, porque ellos no son hombres para las urnas, se les ha de descubrir en la plenitud de su integridad y dimensión humana; así como en su vínculo con las causas justas, en busca de la libertad y la justicia.

   En estos seres especiales sobrecoge su raigal generosidad que los mostró magnánimos hasta en medio de la crueldad de la guerra; bondad plena, porque fueron esposos amantes y comprensivos, hermanos extraordinarios, amigos leales, buenos hijos y padres, patriotas sin par y humanistas consecuentes.

   Aunque con una existencia relativamente corta, Maceo solo vivió 51 años y el Che 39; dejaron un legado sorprendente a las nuevas generaciones, sobre todo, por poner su inteligencia y bravura al servicio de los objetivos supremos de la soberanía de la nación y el antiimperialismo intransigente que les caracterizó.

   Es recurrente la frase del Che Guevara para valorar la calaña del poderoso y peligroso imperio, que conocía muy bien: “No se puede confiar en el imperialismo pero, ni tantico así, nada”.

   Existen otros hitos semejantes en la actuación de ambos por hacer a Cuba libre: La Campaña de la Invasión a Occidente, en la Guerra de Independencia de 1895, en la que Antonio Maceo dirigió 119 combates, mientras el Comandante Guevara se acercó a reeditar la hazaña al frente de una Columna Invasora, durante la lucha insurreccional igual que hizo el Comandante Camilo Cienfuegos. 

   Aunque hay hombres, como ellos, que hasta después de muertos son luz de aurora, resultó irreparable la desaparición física de estos dos héroes que lucharon en la misma trinchera.

   “La Patria lloró la pérdida de uno de sus más esforzados defensores; Cuba al más glorioso de sus hijos y el Ejército al primero de sus generales”; así resumía el Mayor General Máximo Gómez lo que significó la caída en un combate de Antonio Maceo, en Punta Brava, San Pedro, cerca de La Habana, el 7 de diciembre de 1896.

   Ernesto Che Guevara cayó en octubre de 1967 en el mismo corazón de su América (Bolivia), en su Patria Grande, después de haber andado por los cerros y desfiladeros de la última república fundada por el Libertador Simón Bolívar, haciendo caminos, haciendo historia, dando luz como el de su propio fuego, el de su estrella que sigue ardiendo y alumbrando todavía. (Aída Quintero Dip, ACN)


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