Los 73 latidos del campus más hermoso de Cuba

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ACN - Cuba
Yandry Machado Mederos
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30 Noviembre 2025

  Desde su inauguración el 30 de noviembre de 1952, la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV) cautiva por su extraordinaria combinación entre arquitectura y paisaje.

   Se erige como el centro de estudios superiores más multidisciplinario de la región central de Cuba al contar con 54 carreras, 20 especialidades de ciclo corto, 42 programas de maestría y 23 de doctorado.

   La institución destaca por sus relevantes logros en las esferas educacional y técnica, al atesorar en su vitrina 57 premios Academia y ocho de Innovación Tecnológica, además de graduar en los últimos años a más de 220 doctores e insertarse en aproximadamente 300 proyectos científicos que contribuyen al desarrollo del país.

   El plantel resulta la segunda mejor casa de altos estudios de Cuba según el ranking internacional. Su prestigio está respaldado por ostentar, desde 2016, la categoría de excelencia y, sobre todo, por la gran aceptación entre sus estudiantes y profesores, quienes ven en sus predios un verdadero centro formador.

   Especial interés reviste la estatua de Marta Abreu. La señora de bronce es encuentro inevitable para los educandos durante su primer día en la Alma Mater y también para los que se despiden, título en mano, luego de cuatro años de estudio.

   El hecho de llevar nombre de mujer enmarca al centro entre los pocos de Cuba con esa característica. La identificación la recibió en el año 1952 —en honor a la insigne patriota y benefactora de la ciudad de Santa Clara, Marta Abreu de Estévez— tras la formulación de la ley oficial de fundación, en tanto que ya se había constituido simbólicamente como Universidad de Santa Clara en 1948.

El sueño de una universidad

   En 1843 en el periódico La Aurora de la antigua provincia de Las Villas apareció un comentario del poeta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) referente a la necesidad de crear dos nuevas universidades en el país, una de ellas en la provincia de Oriente y la otra en la ciudad de Santa Clara, opinión que encontró eco, años más tarde, en el intelectual y patriota villareño, Eduardo Machado y Gómez.

   Nace entonces en 1937 la Comisión Progestora Universitaria, que desarrolló una importante labor cívica en favor de la creación de una universidad para Las Villas con los objetivos de concientizar a la población local sobre la necesidad de contar con un centro de altos estudios e incentivar en el gobierno la voluntad para erigirlo.

   Ginley Durán Castellón, director de Patrimonio de la UCLV, cuenta que el Semanario Universidad Central contribuyó a la creación de la institución docente, que contó con el apoyo del entonces gobernador provincial, el Coronel mambí Gavino Gálvez y de numerosas entidades públicas y privadas.

   Una década más tarde, surge el llamado Consejo Directivo de la Universidad Central. Al frente se sitúa el doctor Pedro Martín Camps y Camps, director en aquel momento del Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, quien, junto al doctor Ramón Lorenzo Pérez Ruiz, presidente del Círculo de Profesionales Universitarios, dirigen de forma más concreta la creación de la futura «alma mater», señala Durán Castellón.

   Comenta el entrevistado que, el 10 de octubre de 1948, en el Salón de Actos del antiguo gobierno provincial (actual Biblioteca Martí), quedó inaugurada simbólicamente la Universidad de Santa Clara, con la presencia del gobernador y otras autoridades.

   Es por ello, que en su escudo y en la descripción de los emblemas, se puede apreciar el año 1948 y no otro, en referencia a la fundación simbólica. Desde ese momento, se podía hablar de una universidad ya constituida, aunque sus aulas no habían abierto. Su creación se oficializó el 22 noviembre de ese propio año, tras la firma de la Ley 16.

Nace un campus

    El 11 de febrero de 1952 el entonces presidente de la República de Cuba, Carlos Prío Socarrás, colocó la primera piedra de lo que sería la Universidad de Las Villas, edificada en una hermosa finca de 14 caballerías, registrada como Santa Bárbara y localizada al noreste de la ciudad, con extraordinarias condiciones naturales y distante a ocho kilómetros del centro urbano.

   Ginley Durán Castellón explica que la relativa lejanía de la institución con la urbe guarda relación con los posibles lazos que podían fraguar los universitarios con el movimiento revolucionario de la época, a causa de que el gobierno debía cerciorarse de que las manifestaciones estudiantiles no llegaran al corazón de la localidad.

   Abrió sus puertas al primer curso académico el 30 de noviembre de 1952 con el nombre de Universidad de Santa Clara. En el acto inaugural habló el doctor Pedro Martín Camps y Camps, primer rector de la institución y quien había sido uno de los grandes protagonistas del movimiento prouniversitario en la ciudad y en todo el país, asegura Durán Castellón.

    Aclara el director de Patrimonio de la “Marta Abreu” que el inmueble nació con carácter público, pese a que la matrícula pagaba 60 pesos anuales, que se cubrían en tres plazos trimestrales, no obstante, existían becas para las personas que no podían pagar esas cuotas.

   La institución inició sus actividades docentes con cinco carreras (Ingeniería Química-Industrial, Ingeniería Agronómica, Perito Químico-Azucarero, Filosofía y Letras, Pedagogía y Profesor de Inglés) y una matrícula de 615 alumnos ubicados en el edificio de Humanidades-Educación, único terminado en aquella fecha, según consta en los archivos históricos de la UCLV.

Propósitos y desafíos

   En la década del 50 del pasado siglo, la situación política del país influyó en la vida universitaria. Sortear ese obstáculo constituyó un desafío para la recién creada UCLV, considerada como un foco de ebullición revolucionaria y un apoyo para el clandestinaje, comenta Ginley Durán Castellón.

    El «alma mater» del centro de Cuba tenía, además, el reto de desprenderse de la influencia norteamericana, en tanto que el Instituto de Planificación promovía el intercambio profesional internacional solo con Estados Unidos, encuentros que no solo favorecían el perfeccionamiento académico, también garantizaban la penetración intelectual y metodológica, afirma Durán Castellón.

   Un importante papel desempeñó el centro durante la Batalla de Santa Clara. Además de proporcionar el espacio donde el Che ubicó su puesto de mando para coordinar los ataques y defensa, puso a disposición de la tropa el buldócer con el que se levantaron las vías férreas para el descarrilamiento del tren blindado, señala el especialista.

   Explica Ginley que el mayor reto para la universidad resultó el reabrir las actividades docentes luego del triunfo revolucionario.

   En 1959, apunta, estuvo marcado por acontecimientos trascendentales, entre ellos la visita del Comandante en Jefe, Fidel Castro, para inaugurar la Biblioteca Central y el acto de investidura de Ernesto Che Guevara con el título de doctor honoris causa en Pedagogía.

   El también profesor de Arquitectura de la UCLV destaca que la institución asumió los desafíos de colocar la educación al servicio de la sociedad y de vincularla a la producción, impulsar la ciencia, abrirse al contexto internacional con un alto nivel de competencia y, sobre todo, ser capaz de responder a los problemas de la sociedad, uno de sus principios fundacionales.

Luces y fulgores del movimiento estudiantil

   Un importante artículo de la revista Islas (radicada en la UCLV) correspondiente al número septiembre-diciembre del año 2012 refiere que, en 1954, el Consejo Universitario reconoce el primer reglamento para la constitución de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en la UCLV, un modesto paso en la consolidación del poder de los discípulos.

   Como era de esperar —recoge el artículo— la norma era un poco tímida desde el punto de vista del alcance y función de esa asociación estudiantil que, en aquel momento, tenía como único objetivo responder a aspectos propios de la vida deportiva y cultural de la institución.

   La efervescencia revolucionaria protagonizada por la Generación del Centenario y la FEU de la Universidad de La Habana estimulan la creación en la UCLV de los Comités de lucha pro-FEU, encabezados por el estudiante de Ciencias Comerciales, Ramón Pando Ferrer.

   Su objetivo fundamental sería la lucha contra la tiranía batistiana y la democratización de la institución, manifiesta Ginley Durán Castellón.

   El año 1957, comenta, trajo consigo la Reforma Universitaria para el Alma Mater. Sus estatutos reconocían el derecho de las escuelas a organizarse y a integrar la FEU a nivel central, aunque no fue hasta después de 1959 que existió un amplio despliegue en cuanto a la vida estudiantil incorporada a la producción, a la construcción de la beca y a las milicias universitarias.

   A más de 70 años de surgido el movimiento estudiantil en la UCLV, el mayor reto radica hoy en lograr mayor identificación de los educandos con la FEU, incorporarlos a los diferentes procesos y eventos y hacerlos partícipes de las principales decisiones en el contexto universitario, asevera Lisvany Martín Rodríguez, expresidente de la FEU y actual profesor en la casa de altos estudios.

Semillero de saberes

   Cuando la UCLV abrió sus puertas al primer curso académico con solo seis carreras y una matrícula de 615 estudiantes, pocos imaginaron que, 72 años después, sus predios acogerían a más de cinco mil educandos y que sería la más multidisciplinaria del país al contar con 54 carreras.

   Neibys Casdelo Gutiérrez, vicerrectora de Formación de Pregrado, comenta que la universidad cuenta con las modalidades de curso regular diurno, por encuentro y a distancia, en los que imparten docencia un claustro de excelencia, compuesto en gran medida por doctores y profesores titulares.

   Añade Casdelo Gutiérrez que resulta difícil hablar del desarrollo económico y social de la región central del país sin tener presente el aporte de la UCLV en el orden académico, investigativo y de transferencia de tecnologías que permiten, por ejemplo, el desarrollo de otras universidades como las de Sancti Spíritus y Cienfuegos.

   Nuestra casa de altos estudios, a tono con su condición de excelencia, tiene la misión de garantizar la formación integral de sus estudiantes en sus 12 facultades, con una visión innovadora y creativa, que tribute a la solución de los problemas de la sociedad, enfatiza la vicerrectora.

   Resultan bastante rigurosas las dinámicas del profesor universitario, pues, como todas las profesiones, demanda de una preparación constate para transmitir los conocimientos y ratificar el prestigio académico que ha conquistado la UCLV, no solo en Cuba, sino también a nivel internacional, manifiesta Christian Serafín, profesor del Departamento de Periodismo.

Robustez científica

   La política científica desarrollada por el Comandante en Jefe Fidel Castro impulsó una red de centros de Investigaciones a lo largo y ancho del territorio nacional con el objetivo de potenciar el desarrollo económico y social, al aprovechar, en un inicio, las capacidades de recursos humanos, con las que contaban las universidades.

   Por tal motivo y, teniendo en cuenta el desarrollo científico en la agricultura de la UCLV es que se crea el Centro de Investigaciones Agropecuarias (CIAP) y el Jardín Botánico en 1963, este último considerado un referente al ser el único enclavado en predios universitarios, cuenta Raciel Lima Orozco, vicerrector de Investigación, Innovación y Posgrado.

   Años más tarde, asevera, se funda lo que hoy es el Centro de Investigaciones de la Informática (CII), el Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP) y el Centro Bioactivos Químicos (CBQ), así como varios otros inmuebles de estudios que, junto a los departamentos docentes, constituyen la red de ciencia de la UCLV.

   Agrega el vicerrector que estas entidades logran, a través de proyectos de investigación, articular el pregrado, el postgrado, la ciencia y la tecnología con el sector económico y social para entregar un resultado pertinente que tenga un impacto significativo en Villa Clara y en todo el país.

   Un ejemplo sobresaliente del potencial científico de la institución lo constituye el IBP. El centro ha ratificado durante décadas el liderazgo en la biotecnología vegetal cubana con proyectos científicos e investigativos que incluyen la propagación y el mejoramiento genético de plantas, refiere Marisol Freire Seijo, directora de Ciencia e Innovación Tecnológica.

   La entidad utiliza una misma tecnología capaz de desarrollar varios productos que van desde especies listas para sembrar en el campo hasta otras destinadas para su multiplicación en el laboratorio, lo cual impacta positivamente en la agricultura local y, a la vez, permite un número importante de exportaciones, explica la especialista.

Hacia nuevos horizontes

    En un entorno en constante cambio, la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, mantiene su apuesta por ser un faro de innovación y conocimiento mediante el diseño de proyecciones que buscan adaptarse a las demandas actuales y anticipar los desafíos del futuro con un compromiso inquebrantable hacia el éxito académico y la investigación.

   El «alma mater» central trabaja sin descanso con el propósito de mantener todas las disciplinas en la oferta de pre y posgrado, sus 23 programas doctorales y sus 42 maestrías, así como en el aprovechamiento del potencial de sus centros científicos, afirma Luis Antonio Barranco Olivera, su rector.

   Su máxima autoridad enfatiza la necesidad de una labor docente e investigativa cada vez más esmerada, demostrada esta semana durante el proceso de evaluación externa con carácter internacional al que se sometió la UCLV