La odisea de tener a Fidel frente al lente de mi cámara

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ACN - Cuba
Marta Hernández Casas Fotos: Cortesia del entrevistado
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18 Mayo 2026

   "Fidel era impresionante, verlo a través del lente de la cámara era maravilloso". Así asegura Ángel Peña Montalván, quien se desempeñó como camarógrafo del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, en la provincia de Cienfuegos durante 20 años.

   Ahora, unos 40 años después, Peñita -como todos le conocen- recuerda tiempo atrás cuando el territorio cienfueguero ejecutaba obras de gran magnitud, entre ellas la refinería de petróleo y la Central Electronuclear de Juraguá, de las cuales él fue testigo como trabajador del equipo de cobertura periodística.

Angel Peña, camarógrafo de la Televisión Cubana en Cienfuegos en filmación a visita de Fidel a la Central Electronuclear

   "Nunca le quité la cámara de encima, perseguía todos sus gestos, las miradas, siempre quise que el telespectador viera a ese gran hombre en toda su magnitud, porque era inmenso, no solo en estatura, su comportamiento reflejaba esa personalidad arrolladora que impactaba.

   “Tuve muchas coberturas con él y reconozco que siempre me ponía muy nervioso”, confesó el camarógrafo y fotógrafo por excelencia.

   "La imagen que proyectaba era extraordinaria. Me llamaban mucho la atención sus manos, porque eran muy expresivas; otro detalle gráfico que trabajé mucho fue la barba, y nunca olvidaré sus miradas que demostraban inteligencia, sagacidad”, asegura.

   "Realmente era muy fotogénico, su rostro quedaba perfecto en los encuadres, ese aire quijotesco que tenía relucía, también destacaba la forma de andar con pasos largos, firmes, fuertes y durante mi trabajo para el Noticiero Nacional de Televisión me esforcé para que el resto de los cubanos apreciaran esos detalles que, junto a sus otras virtudes, lo hacían inigualable”.

Fidel durante los chequeos a la construccion de la Central Electronuclear de Juraguá en Cienfuegos.

   Peñita recuerda: “Uno de los momentos más estresantes era cuando Fidel caminaba hacia nosotros: él siempre buscaba a la prensa, sobre todo la televisión, entonces se acercaba al grupo y una de las preguntas inmediatas era: ¿eso cuándo sale? También indagaba sobre los lugares a los que habíamos ido, en fin, estaba pendiente de todo”.

   Reconoce que quizás sea uno de los pocos profesionales de la prensa que nunca trató de salir en una foto cerca del Comandante en Jefe, refiere que prefería seguirlo cámara en mano, porque filmarlo era una oportunidad única, un privilegio.

   Cuenta Peñita que la versatilidad de Fidel era extraordinaria, sus ademanes variaban según si conversaba con un funcionario o con los obreros, mostraba una mirada acogedora al interactuar con una anciana, un vecino y disfrutaba mucho platicar con los niños, todos esos momentos, aunque podían suceder en un instante eran diferentes y así lo veía yo a través del visor de mi cámara, añadió.

   "Para lograr planos perfectos hice lo impensable, llegué a colgarme de un arnés a 90 metros por encima del nivel del mar para hacer una vista aérea; eso fue en una visita que hizo cuando aún construían la refinería. Me subí en las jaulas de las grúas más altas, porque no podía perder un instante del avance del Comandante. Digo que nunca me aparté del visor de la cámara, ahí estaba el líder de la Revolución y yo tenía que grabarlo porque era, es y será noticia.

   “Por supuesto en tantos años de trabajo siempre hay anécdotas, unas se cuentan y otras no. En 1988, Cienfuegos fue azotado por una tormenta severa que incluso la llamaron ‘la tormenta del siglo’. A los pocos días Fidel llegó y comenzó a recorrer las zonas dañadas, con él fui hasta Mayarí Arriba, en el centro del Escambray.

   "Íbamos en una BTR, y al lado, en otra, estaba Fidel con los funcionarios y demás dirigentes. Desde el primer momento dijo, en voz bien alta, para que le escucháramos: ‘los periodistas no bajen hasta que nosotros les digamos’, cosa muy lógica, porque andábamos por senderos totalmente inundados, los ríos crecidos, en fin, era un entorno muy peligroso”.

   “Pero, la adrenalina del momento y el interés por tener los mejores planos, me llevaron a bajarme varias veces, en cuanto podía me tiraba, ya a la segunda o tercera vez, oigo aquella voz que dice: ‘el peludito de la televisión que no se baje más’, claro que no me bajé más”, recuerda Peñita y sonríe mientras lo cuenta.

 “Realmente fueron años de mucho trabajo, y una enorme responsabilidad profesional, pero estoy orgulloso de ser parte de la historia no solo de Cuba, si no del mundo, porque Fidel era el estadista más seguido por la prensa internacional y yo fui coprotagonista de esos hechos que no olvidaré jamás”. 


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