La luz larga de Fidel sobre el turismo en Cuba

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ACN - Cuba
Luz Marina Fornieles Sánchez
97
25 Mayo 2026

   Observador y explorador nato. Un visionario genuino. A Fidel Castro nada le era ajeno; lo mismo fuese sobre la faz de la tierra como en las profundidades marinas. Por eso con su incesante quehacer también caló profundo en el desarrollo del turismo en Cuba.

   Como en todas las esferas de la vida social y económica del país, la Revolución Cubana significó un vuelco rotundo para la industria sin chimeneas. A partir del triunfo revolucionario de enero de 1959 comenzaron a borrarse, bajo su égida, de un plumazo, las secuelas que caracterizaron hasta entonces al país en ese giro: ron, carreras de caballos, drogas, casinos y prostitución.

   El territorio que era presentado como el paraíso del libertinaje y donde la mafia se hizo presente para manipular, entre otras actividades, la creciente proliferación del juego, dio paso de inmediato a las expropiaciones, nacionalizaciones de hoteles y otros inmuebles.

   Antes las masas eran privadas del acceso a la salud, la educación y el empleo y también la recreación era vedada para las inmensas mayorías.

   Fue así que el 20 de noviembre de 1959 surgió el Instituto Nacional de la Industria Turística (Init), primer organismo especializado creado por la Revolución y encabezado por el joven líder.

   Según recuerda el periodista Leonel Nodal, en gesto de alto valor simbólico, el 31 de diciembre de ese propio año, Fidel asistía vestido con su traje verde olivo de Comandante y con la cabeza cubierta por un típico sombrero de yarey a una cena de año nuevo en el entonces Hotel Habana Hilton, para agasajar en su condición de presidente del Init a un grupo de personalidades extranjeras, entre ellos notables agentes de viajes y jerarcas del negocio turístico en Estados Unidos, entre los que sobresalía el famoso campeón mundial de boxeo Joe Luis.

   “A Cuba pueden venir todos los hombres y mujeres del mundo sin discriminación”, dijo entonces el Primer Ministro a sus invitados, según la crónica escrita por Marta Rojas, la periodista que en 1953 tomó nota del alegato de defensa de Fidel en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba.

EL REVERSO DE LA MONEDA

   Las extraordinarias potencialidades que ofrecían las riquezas naturales cubanas no fueron en ningún momento acompañadas previo al triunfo revolucionario por una correcta política de distribución de la infraestructura al servicio del ocio, sino que, por el contrario, predominó la interesada y anárquica forma de explotación que condujo al débil aprovechamiento y desarrollo de los recursos turísticos.

   Entre las tareas acometidas rápidamente, figuró la de estructurar una oferta que respondiera a los valores culturales, históricos y sociales.

   Calificada desde tiempos inmemoriales de seductora por su prodigioso entorno, Cuba siempre constituyó un imán, por lo cual el rubro de la recreación no es ni mucho menos un fenómeno nuevo por estos lares.

   A fines de los años 50 de la pasada centuria, solo aparecían registrados como alojamientos turísticos en el Directorio Hotelero, editado por el Instituto Cubano del Turismo, 125 hoteles y tres moteles de carretera, con un total de siete mil 728 habitaciones, según consta en el libro Cuba y el turismo, de Evaristo Villalba Garrido.

   Como era de esperar, frente a la magnitud de los cambios, el sector prácticamente desapareció de la escena nacional por las consecuencias del bloqueo económico de EE.UU. que, desde esa época y hasta hoy, devino obstáculo para las aspiraciones cubanas de abrirse al orbe.

   La actividad turística foránea solo pudo resucitar a partir de 1974, aunque no empezó a alcanzar una dimensión comparable al resto de países del Caribe hasta decenios posteriores. En 1975 ya se recibieron seis veces más visitantes que en etapas precedentes. Con tal impulso continuaron los años 80, cuando se tomaron un grupo de decisiones y se emprendieron inversiones vitales.

   En cada una de las decisiones relevantes estuvo el accionar del Comandante en Jefe, conforme en el desarrollo de la otrora olvidada Ciénaga de Zapata, el nacimiento en 1981 del Campismo Popular y la aprobación de la legislación para la constitución de empresas mixtas (1982).

   El primer hotel en esa nueva modalidad, el Sol Palmeras, abrió sus puertas en mayo de 1990, en Varadero. Desde entonces, hubo una explosión en la esfera, razón más que suficiente para apostar por tal variante económica.

EL DESPEGUE LLEGÓ CON LOS 90

   Cuando se ponderan las bondades del rubro de inmediato se le reconocen sus significativos aportes monetarios, ser fuente de empleo y, a la vez, su accionar como motor impulsor para otro conjunto importante de sectores.

   Durante los años 90 se registraron incrementos sostenidos y que ubicaron al ramo no solo como el corazón de la economía, sino como el más relevante, en una opción que el líder Fidel Castro vislumbró, como en otras tantas ocasiones, como una de las vías para que el país continuase su desarrollo, en medio de la recrudecida política de la Casa Blanca y la desaparición de la antigua comunidad de naciones socialistas europeas.

   Para esa fecha los veraneantes que escogían esta nación caribeña sumaban unos 327 mil, para quienes estaban alistadas 12 mil habitaciones (con posterioridad ambas cifras fueron más que superadas), mientras que, a partir de 2004 y de forma consecutiva se rebasó la cota del millón de llegadas internacionales.

   Hoy, en los tiempos que corren, la industria continúa siendo un filón, pero muy a pesar de la estrategia nacional para su incentivo, el giro no pasa por su mejor momento por las políticas de asfixia de Washington que siempre vio con malos ojos el potencial local para la actividad del ocio.

   La propia figura de Fidel constituyó siempre un atractivo dentro y fuera de fronteras. Todos querían verlo, conocerlo, hablar con él, escuchar sus opiniones, tomarse una foto a su lado…

   Sin dejar de atender el resto de sus muchas responsabilidades, siguió al detalle las negociaciones con los grupos extranjeros para operar y construir acá la infraestructura hotelera y extrahotelera.

   Se entrevistó con sus presidentes, como sucedió en varias oportunidades con el mallorquín fundador de la cadena Meliá, Gabriel Escarrer Juliá (ya fallecido), cuyo hijo secundó la obra de su padre y mantuvo la presencia en estos dominios.

   Y así siguió de cerca el despertar del destino cubano, pese a los retos de diverso corte que lo limitaban. También devino impulsor de pedraplenes-caminos de piedras sobre el mar para conectar a tierra firme- con respeto al medio ambiente- los paradisíacos islotes de la costa norte, como son los casos de los cayos Guillermo, Coco y Santa María, entre los destinos más demandados, junto a La Habana, Varadero, Trinidad y Holguín.

DIFICULTA POLITICA DE BLOQUEO TURISMO CUBANO  

   El turismo en Cuba experimenta severas afectaciones a consecuencia del bloqueo impuesto por la Casa Blanca.

 

    De acuerdo con una fuente autorizada se estima que, de no existir ese férreo cerco, este destino recibiría cada año entre 1.5 y 2.5 millones de vacacionistas estadounidenses.

   Esa nación es el principal mercado emisor de vacacionistas al Caribe con poco más de 20 millones y si al menos el 15 por ciento pudiesen visitar estos lares antillanos, entonces se estaría hablando de más de dos millones de personas con una media de gastos de 900 dólares per cápita.

   Pero tal supuesto está bien lejos de la realidad, a causa del yugo imperial responsable de déficits millonarios ocasionados a tal dirección, por solo mencionar una esfera en particular.

   Cuba en el 2026 -cada cinco días- sufre en general pérdidas por valor de 100 millones de dólares.

   En la era de Donald Trump, con énfasis en su actual segundo mandato, el asedio imperial a su pequeño vecino del sur ha cobrado ribetes inusitados con la suma del cerco al arribo de combustibles, aderezado con amenazas bélicas subidas de tono.

   Al vociferante gigante Goliat, el pequeño David cubano le ha respondido con hidalguía: queremos la paz, pero la patria será defendida si osan agredirnos.

   El tema del bloqueo fue recurrente en los discursos y escritos de Fidel, quien siempre puso de relieve su carácter inhumano y extraterritorial.

   Pero la vida demostró que él tampoco se había equivocado al optar por el turismo para reanimar la economía nacional, pues ya el giro en los dos primeros decenios del nuevo siglo se había ratificado como uno de los soportes más promisorios para el país.

   El propio Leonel Nodal, en un especial para Excelencias News Cuba, mencionó a otra fuente importante en el tema.

   "Su indiscutible impronta no es, entonces, un elogio de ocasión”, asegura el Doctor en Ciencias Económicas José Luis Perelló Cabrera, profesor universitario e integrante de la Cátedra de Periodismo y Turismo, del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

   Como tesoros conserva Perelló los discursos de Fidel, relacionados con el turismo. El prominente estudioso afirma atesorar cada una de esas intervenciones, algunas tan lejanas como aquella de octubre de 1959, al inaugurar en La Habana la XXIX Convención de la Asociación de Agentes de Viajes de los Estados Unidos.

   Con especial admiración, Perelló lee fragmentos de las palabras del entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario: “Ustedes y sus amigos en invierno necesitan sol, nosotros tenemos todo el sol que ustedes quieran; cielo azul, todo el cielo azul que ustedes quieran; playas y arenas de todos los colores; en verano tenemos aire fresco. No es vanidad, no tenemos muchas, pero sí muy buenas cosas para los turistas, y más importantes que todas esas bellezas naturales es nuestro pueblo…

   “Tenemos el propósito de desarrollar el turismo tanto como sea posible sobre esta base: buen servicio y precio justo, sobre todo precio justo, porque lo que nosotros queremos no es que vengan cien mil a pagar precios altos por una habitación y por nuestros artículos, lo que queremos es que vengan muchos cientos de miles de personas, de modo que los que vengan a Cuba, a nuestras playas, no sean solo los que tienen grandes fortunas, sino también los que tienen pequeñas fortunas y los que no tienen otra fortuna que su trabajo”.

   Queda entonces en evidencia otra vez la luz larga con la cual Fidel Castro valoró tempranamente el rol del turismo en el país, donde su impronta en esa industria también merece ser destacada en el año de su centenario. (Luz Marina Fornieles Sánchez, ACN)


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