Hace más de 30 años una mujer perdió su nombre y cuesta mucho que alguien la reconozca por Deysi; sin embargo, si se pregunta por La Guajira, la respuesta no se hace esperar: ella es la que trabaja en el laboratorio clínico del policlínico de Majagua, municipio de Ciego de Ávila.
“Que me llamen así, ¡me encanta!, porque en verdad nací en el campo, en una pequeña finca en el monte, pero no en cualquier monte, porque viví en La Reforma, cerca de los Potreros de Lázaro López, lugar donde el 30 de noviembre de 1895 acamparon el Generalísimo Máximo Gómez y el Titán de Bronce Antonio Maceo y su tropa, luego de organizar definitivamente ese día el Ejército Invasor para llevar la guerra hasta el occidente del país”.
Mi casa estaba situada frente a ese sitio histórico, otro motivo para sentirme orgullosa de ser una guajira natural, que jamás pone mal carácter y trata a todos por igual, eso lo aprendí de papá y mamá, dice esta mujer, que desde 1982 se graduó de técnico medio en
laboratorio clínico.
Hasta en gestiones oficiales, después de poner en un documento Deysi Rodríguez García, que así es como me llamo, quienes me atienden escriben entre paréntesis La Guajira, y no es de burla, ni mucho menos por privilegios, sino de cariño por mi forma de ser al no poner
distancias en el trato, refiere la majagüense.
En más de una ocasión esta fémina, que el venidero octubre cumplirá 57 años de edad, renunció a estudiar la licenciatura en Laboratorio Clínico y a ejercer como colaboradora internacionalista, la vida le dio otras misiones impostergables, de las que no se arrepiente.
Al graduarme como técnico medio mis padres se enfermaron de problemas óseos que les impedían caminar, y yo por muchos años fui sus manos y sus pies, después nació Lellanys, la luz de mis ojos, y de pequeña siempre estaba enferma con asma bronquial. Los tres eran mi responsabilidad, refiere La Guajira.
Me hubiera gustado alcanzar el título universitario, pero apoyé a Lellanys para que lograra el suyo, y en cuanto a mi ayuda solidaria en otros países, entendí que también acá, quienes nos quedamos, cumplimos la tarea al asumir las responsabilidades de los compañeros que por doso tres años asisten a otros pueblos, aclara Deysi.
Aunque esta majagüense, apasionada del juego de dominó, no siguió sus estudios académicos, que siempre son necesarios, domina lo que se hace en todos los departamentos del laboratorio, entre ellos patología, microbiología, toma de muestra y química, pero, además, los médicos saben de la precisión de sus estudios con solo apreciar su caligrafía.
Sobre las misiones internacionalistas, todavía está en tiempo de realizar, al menos una, pero de ocurrir lo contrario, ella todos los días cumple, no una, sino varias y nacionales, pues, además de ejercer su labor como técnica en laboratorio clínico, busca el tiempo para
organizar juegos a los niños del barrio, muchos de los cuales la llaman Tía Lola, otro apodo, que aunque es menos conocido, también le gusta porque es sinónimo de cariño y le recuerda a su mamá que la llamaba así.
A ella no hay que encomendarle dos veces una tarea, por eso es normal verla bien temprano en centros de aislamiento y vigilancia epidemiológica o en casas de personas, sobre todo ancianas encamadas, tomando muestras para luego estudiarlas.
Conversadora, muy risueña, y aunque parezca contradictorio también algo tímida, La Guajira se presenta así todos los días, no importa cuál o cuáles problemas tenga, ella está ahí, tan natural, digna de un apodo que le robó su nombre y le queda justo a la medida.