El Che Guevara por los  caminos de la Invasión a Occidente

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ACN - Cuba
Marta Gómez Ferrals
42
31 Agosto 2025

  El último día de agosto de 1958 marca el inicio de la marcha de la Columna Número 8 Ciro Redondo, comandada por Ernesto Che Guevara desde el sitio conocido como El Jíbaro, en la Sierra Maestra.         

   La tropa de 140 combatientes en su fase inicial se dispuso a reforzar la ofensiva final liberadora hacia la central provincia de Las Villas.

   Al igual que había hecho Camilo Cienfuegos desde el 21 de agosto, la misión de ambos comandantes era llevar la insurrección hacia Occidente, en cumplimiento de una orden del líder Fidel Castro, emitida a razón de la contundente respuesta mostrada por el Ejército Rebelde contra la ofensiva de verano desatada por los casquitos de la tiranía batistiana.

   Llegados a ese momento,  los integrantes de la “Ciro Redondo”, formación creada el 24 de mayo del  58, también tenían entre sus objetivos homenajear la histórica campaña de Oriente a Occidente librada por las fuerzas del Generalísimo Máximo Gómez y el Lugarteniente General Antonio Maceo durante la Guerra Necesaria, en el siglo XIX.

   De ahí el nombre de Invasión también dado a esa marcha.

   La tropa bajo el mando del Che comenzó el avance a las 4:20 de la tarde el 31 de agosto, al principio del cual enfrentó fuertes inclemencias del tiempo, tormentas y temporales del verano, caminos

intransitables, anegados y lodo hasta el cuello, debido al predominio de suelos bajos y muchas veces desolados.

   Sin embargo, sus integrantes mantuvieron la disciplina y no descuidaron las medidas de seguridad.

   Con el arribo al punto nombrado La Federal, el 9 de septiembre cayeron en una emboscada, en tanto el 14 del propio mes se dieron de bruces con una posta enemiga en la zona y se entabla un prolongado combate que les ocasiona un muerto y varios heridos.

   El 29 llegan a las tierras del Central Baraguá, luego cruzan por donde estuvo la famosa Trocha colonial de Júcaro a Morón, y atraviesan a nado la corriente del río Jatibonico en la noche del 11 de octubre.

   En resumen, el camino hacia el sur de Las Villas y la cordillera central de Guamuhaya o Escambray resultó muy duro ante la carencia de alimentos, las condiciones climáticas extremas y sobre todo por la persecución de un ejército mejor armado y equipado, pero esto no los sorprendía y aquellos patriotas lo dieron todo por cumplir sus objetivos.

   El coraje, la astucia y la moral de un jefe que siempre daba el ejemplo y era estricto en la disciplina los sobrepuso a todo.

   Así pasaron los 45 días de ese largo recorrido y llegaron a Las Villas, donde tenían tareas que cumplir de gran importancia desde el mismo momento en que se encontraron con Camilo Cienfuegos, quien los esperaba para asumirlas de conjunto.

   En Sagua la Grande las dos columnas rebeldes se reunieron con varios grupos guerrilleros, uno dirigido por el Movimiento 26 de Julio (M-26-7), otro por el Directorio Revolucionario, un tercero llamado Segundo Frente del Escambray, dirigido por Eloy Gutiérrez Menoyo y otro grupo liderado por Félix Torres, quien colaboró rápidamente con los rebeldes.

   Tanto el Che como Camilo trabajaron por la unidad de todas estas fuerzas que operaban con mandos diferentes en una misma zona. Era una situación peliaguda en la cual ambos comandantes tuvieron que hacer valer su autoridad para generalizar el cumplimiento de principios patrióticos y humanistas.

   Muy tensa fue la relación inicial con el Segundo Frente Nacional del Escambray, que intentó limitar los movimientos del Ejército Rebelde, pero luego se logró la unidad indispensable para la causa común, bajo las autoridades del Che y Camilo.

   El primero de diciembre de 1958 se firma el Pacto del Pedrero entre el M-26-7 y el Directorio Revolucionario, fijador de los elementos de unidad.

   Más adelante con la Batalla de Santa Clara, con el Che  a la cabeza, en los días previos al triunfo de la Revolución, el guerrillero entra de manera rotunda en la historia de Cuba no solo como un hermano valiente, sino también como un gran estratega militar, al igual que lo hiciera casi simultáneamente Camilo en los fragores de Yaguajay.

   Ernesto Che Guevara, quien ya era una suerte de descendiente de esta tierra desde las montañas de la Sierra Maestra, se convirtió en hijo pródigo de esa ciudad del centro de Cuba, que lo acunó en la memoria y en la eternidad.