La historia de lanzador Vladimir Hernández Solás tiene éxitos, motivaciones y tropiezos, que no detienen sus ganas de seguir aportando al deporte de las bolas y los strikes.
Verlo lanzar era una clase para cualquier aspirante a pitcher y más aún, cuando abría y relevaba partidos en días seguidos como un líder de equipo.
Hernández Solás, amante del tabaco, alto, guajiro de campo y de carácter fuerte e intolerante ante lo mal hecho. Tal vez, no era muy efusivo en el momento de trabajar en el montículo, porque su mayor capacidad estaba en la inteligencia detrás de cada lance que salía de su brazo.

En 16 temporadas con los Azucareros de Villa Clara, este derecho acumuló 321 juegos lanzados (78 iniciados y 243 relevados) con 72 victorias y 41 derrotas, 21 rescates y un promedio de carreras limpias de 3.62, de acuerdo con el sitio oficial del Béisbol Cubano.
El oriundo de Sagua la Grande —aunque vivió en los alrededores del Central Azucarero Quintín Banderas de Corralillo y en Quemado de Güines— asegura que recuerda su infancia como una etapa muy bonita porque su abuelo Antonio Solás Betancourt, alias Talí, lo llevaba todas las tardes al Estadio Mártires del 9 de abril para practicar béisbol en la categoría 11 y 12 años.
Cuenta que en esa época jugaban con pelotas de goma en su reparto 26 de julio y había mucho ambiente beisbolero, muy alejado de la actualidad, ya que se han perdido esos gustos poco a poco, precisa.
--Usted fue taladrista en su etapa de juventud. ¿Cómo logró mezclar ese oficio y su entrenamiento como beisbolista?
Yo trabajé en dos talleres donde reparábamos piezas de centrales azucareros. Mis turnos comenzaban de tres de la madrugada a 11 de la mañana, luego descansaba y alrededor de las cinco de la tarde, hacía ejercicios, entre ellos correr desde la fábrica de calderas hasta un barrio cercano a mi casa.
Luego, me llegó la preselección del Sub-23, categoría de donde yo surgí, y le dije a mis amigos «El Calvi» y al «Güinchero», que no me iban a ver más el pelo, que yo iba directo para el conjunto de Villa Clara de mayores.
--¿Cómo llegas a las Series Nacionales?
Obtuve buenos números en ese nivel, y Pedro Jova me subió al equipo grande para verme lanzar y me quedé. Así fue como llegué a Series Nacionales.
---¿Cuándo te inclinaste por el pitcheo?
Jugaba tercera base regular por mi municipio, cuando me llegó la preselección juvenil, entonces me inscribieron como pitcher y el entrenador Antonio Roca me dijo que tenía que inclinarme por una. Yo decidí por el pitcheo, gracias a que él vió más cualidades en mí en esta posición.
---Llegaste al team villaclareño en los 90, cuando conquistaron tres títulos seguidos. ¿Cómo viviste esa etapa bajo el mando de Jova y con la asesoría de Pedro Pérez y Roberto Pupo?
Jova fue mi primer mánager y resultó muy bueno como director y como jugador. Tenía gran aceptación dentro del equipo porque compartía con todos y escuchaba a los atletas.
Pedro Pérez fue el mejor entrenador de pitcheo en Cuba y aprendí mucho de él porque nos enseñaba la teoría y cómo pensar en el box, a pesar de que muchas veces estaba con el Equipo Cuba y no en la provincia.
Desde los años 90, Roberto Pupo comenzó como estadístico y nos ayudó mucho en esa función. Luego, pasó a ser preparador físico y es lo que hace todavía.
Puedo afirmar que ese señor sí tiene una Academia y exige mucha disciplina y respeto. Cuando tengo una duda, mis compañeros y yo siempre vamos a preguntarle.
--En varios momentos, usted enfrentó a Santiago de Cuba en diversas versiones de esa aplanadora y logró muy buenos resultados en la temporada 2002- 2003, con 11 sonrisas y dos perdidos, y en la postemporada, ganó tres juegos frente al conjunto oriental. ¿En qué se basaba para dominarlos?
Hasta el público santiaguero decía que yo le lanzaba bien a su equipo. Yo me basaba en mi buen control, mi recta entre 92-94 mph y mi slider. Le lanzaba por dentro y luego los dominaba afuera. Eran bateadores buenos, pero muy agresivos. Ahí estaba la debilidad de estos hombres.
Esa temporada me catapultó al Equipo Cuba en el Torneo de Róterdam en Holanda y luego fui a los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003.
--Muchos conocedores del béisbol como el profesor Roberto Pupo y otros avezados, me comentaron que usted era un pitcher muy útil porque lanzaba de abridor y de relevo en partidos seguidos. ¿Cómo te preparaba para esto?
Yo comencé como relevista con Villa Clara y luego me gané la condición de abridor. No era nada nuevo para mí porque yo abría en los Campeonatos Provinciales.
Poseía la capacidad de autorelevarme, si me iba mal en los primeros innings como abridor. La preparación de los lanzadores del colectivo villaclareño era muy buena y había mucha paridad entre los pitcher iniciadores y relevistas.
--Dirigió a su equipo entre los años 2015, 2016 y 2017. ¿Cómo vivió esos años?
Hay cosas que uno aprende cuando pasa el tiempo. Yo me apuré en pasar desde director del equipo sub-23 al conjunto de mayores y no estaba muy preparado.
En el equipo de Villa Clara no tuve mucho apoyo y hubo -OJO - dos deportistas que se vendieron y tengo las pruebas. Eso fue algo muy triste para mí porque uno se sacrificaba y habían otros que hacían este tipo de actos. Esto es la primera vez que lo digo para el público.
--¿Qué le faltó a ese equipo del 2016-2017 que obtuvo cuarto lugar?
La concentración y también una parte de los refuerzos no funcionaron, aunque yo también me pude haber equivocado.
Pero se hizo bastante y ese cuarto lugar fue meritorio, ya que veníamos de campañas no muy buenas.
---Usted trabajó en la categoría juvenil en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) hace dos años. ¿Qué hace ahora Vladimir Hernández Solás?
Ahora estoy tratando de rescatar el béisbol en mi municipio Sagua la Grande con un proyecto entre las comunidades. Esto es algo bonito y que hace mucha falta.
--En varios campeonatos provinciales de primera categoría, te he visto lanzando por el equipo de Sagua la Grande. ¿Cómo te sientes físicamente?*
Estoy bien, aunque ya no es lo mismo que cuando salí del equipo de Villa Clara. Ahora no paso de 82 mph.
El último torneo que jugué fue en 2023-2024 y gané tres partidos y perdí uno. El mejor encuentro fue ante Remedios y me llevé la victoria por una a cero.
--Su familia, especialmente sus hijos, han expresado que usted es un pilar fuerte en su formación y que representa mucho en sus vidas. ¿Cuánto te motiva esto?
Tengo tres hijos, dos hembras y un varón. La mayor se llama Damaris Hernández Quintero; el del medio, Vladimir Hernández Meneses; y la más pequeña, Yeleiny Hernández, que tiene diez años, por tanto, nunca me vio lanzar.
Ellos me han inspirado mucho en mi carrera deportiva. Siempre los tengo presente. El varón lo llevé varias veces a entrenar béisbol, pero no terminó inclinándose por su práctica.
Actualmente, es dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas y es un orgullo verlo desempañándose en esa labor tan justa.
Y las hembras son excelentes y trato siempre de inculcarle los mejores valores para que sean mujeres de bien.
--¿Qué consejos le das a las nuevas generaciones de lanzadores que están en el conjunto de Villa Clara?
Que el esfuerzo y el entrenamiento son primordiales para lograr sus objetivos.
El béisbol lleva mucho sacrificio y, si van a estar lejos de su familia, pues que no desaprovechen el tiempo en este lindo deporte.
Como hombre de pueblo, Vladimir Hernández Solás continúa su día a día sin pedir nada a cambio, y se conforma con el respeto y la admiración que le tienen sus alumnos, familiares y amigos.
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