La Habana, 17 may (ACN) En el municipio pinareño de San Luis el joven Yasiel Hernández Escobar va trazando una impronta que lleva como sello las tradiciones locales, destaca el periódico Juventud Rebelde, que afirma que como él, otros también hacen parir la tierra, y sueñan en grande.
Cuando Yasiel Hernández Escobar era apenas un niño, siempre le decía a su abuelo que construiría su casa sobre la «alpargata», que es como le llaman los guajiros al cañamazo amargo, una hierba silvestre que crece en terrenos yermos, y que le permitía en ese entonces, jugar pelota y disfrutar.
Tan feliz era en aquel pedazo de tierra baldía que siempre se dijo que viviría allí toda su vida, con su hermano Yanosky, y al amparo del abuelo Dadito Escobar, quien les enseñó que un hombre tiene que tener palabra y principios, saber pensar con cabeza propia y ser leal a la familia, decía, «porque no se escoge, es la que toca, y está para resolver los errores y ayudarse, no para sacarlos a la luz».
Subraya el medio de prensa que el joven, que ahora ya cuenta con 34 años, lleva sus palabras como una suerte de principio y sabe que, cuanto ha logrado, es gracias al apoyo de sus seres queridos, esos que fueron sostén cuando, por ley de la vida, el abuelo ya no estuvo.
Entonces, quedó su legado y las enseñanzas. El hermano mayor hizo también de guía, junto a la madre y un tío. Hoy, Yasiel incursiona en el tabaco, y con apenas tres campañas, ya va marcando pauta en un territorio en el que sembrar una buena hoja es como ir a bailar a la casa del trompo.
Hechas de una arena fina, con un drenaje exquisito, y una tremenda fertilidad, Zamacois parece deber su nombre al apellido del reconocido escritor Eduardo Zamacois, quien publicara numerosas novelas, fundamentalmente, desde España, y naciera el 17 de febrero de 1873, en la finca La Ceiba, ubicada en San Luis, cerca de Río Feo.
Más o menos por estas inmediaciones, queda este paraje que no solo cuenta con las casas de los hermanos Escobar y la casa de tabaco de 16 aposentos, sino con amplios campos de tabaco de sol, de las variedades Corojo 2012 y Corojo 2016.
«Las hojas pesan más. Hemos tenido buenos rendimientos, y con los incentivos de Tabacuba, vamos saliendo muy bien», explica Yasiel, quien no nació sabiendo de estos temas.
Cuando decidió que incursionaría en el cultivo buscó personas que lo asesoraran. El viejo Cabrera, como le dicen en la finca, vivía relativamente cerca y los años ya no le permitían trabajar como antes.
«Solo quiero que nos guíes, —le dijo—, no quiero verte sembrando una postura», y, a partir de ese momento, se hacía lo que indicaba la experiencia del señor, quien hasta hoy los acompaña y aconseja en la vega.
Este joven, que ya tiene la experiencia de tres campañas, ha aprendido también que el tabaco lleva dedicación y cariño.
Ha aprendido a leer sus hojas; a saber cuándo piden agua o necesitan de la recolección de la «libra de pie», de la «mañanita» o de la hoja «centro».
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