De alguna manera muchos de los grandes hombres de nuestra historia se han vinculado al ajedrez. Se conserva una partida entre el Héroe Nacional José Martí y el niño Andrés Ludovico Viesca, desarrollada en Ciudad de México, en 1876.
También existen referencias de que Antonio Maceo jugó ajedrez.
Conocida es la presencia del líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, en las jornadas de la Olimpiada Mundial, realizada en el salón de Embajadores del hotel Habana Libre en 1966.
Indudablemente, en este capítulo ocupan un lugar especial, Carlos Manuel de Céspedes, y el Comandante Ernesto Che Guevara, ambos, además, unidos en la historia en el mes de octubre.
Sobre la afición ajedrecística del Che se ha hablado y escrito bastante.
Por eso, queremos detenernos en Céspedes, iniciador de las luchas por la independencia de Cuba, en el ingenio Demajagua, el 10 de octubre de 1868.
El Padre de la Patria, a quien recordamos al cumplirse 158 años del grito de Independencia, jugaba ajedrez cuando el tiempo se lo permitía. No solo era un experto moviendo las piezas sobre el tablero de las 64 casillas, además, era practicante de la equitación y la esgrima.
Céspedes fue uno de los precursores de la literatura ajedrecística en nuestro país, al traducir del francés al español las leyes de ese juego, escritas por el famoso trebejista galo Louis Charles Mahé de la Bourdonnais.
El valioso material apareció publicado en varias ediciones del periódico El Redactor, de Santiago de Cuba, en el mes de octubre de 1855.
Según su ayudante personal, el Coronel del Ejército Libertador Fernando Figueredo Socarrás, las piezas y el tablero solía llevarlas a través de la manigua.
Este último escribió en un libro que el primer Presidente de la República en Armas, era capaz de enfrentarse a sus adversarios a la ciega e igualmente ofrecía simultáneas.
«Jugaba con los distintos opositores y rara vez se permitía perder», refirió Figueredo en su texto.
Sostenía duelos trebejísticos con Perucho Figueredo –autor del Himno Nacional-, José Fornaris, Jorge Carlos Milanés, Fernando Figueredo y Francisco Vicente Aguilera.
En varias fuentes biográficas aparece que su última partida fue el 27 de febrero de 1874, pocas horas antes de morir, defendiéndose de los españoles.
Ese momento fue descrito de la siguiente manera por Rafael Esténger en Céspedes, el precursor, obra publicada en 1949.
«El expresidente Carlos Manuel de Céspedes viste paño y chaleco. Tiene ensillado su caballo Telémaco, porque piensa asistir a un almuerzo en casa de Millán, sin embargo, cuando Lacret le invita a marchar desiste… prefiere quedarse a jugar ajedrez con el farmacéutico Pedro Maceo Osorio».
«Pocos después le amagan las primeras descargas… horas más tarde –después de batirse con una cuadrilla de españoles que le habían acosado-, fue muerto el insigne patricio…»
En la casa donde momentos antes jugó su postrer partida, encontraron dispersas por el suelo las piezas del ajedrez.
Más de un siglo después, en 1980, Bayamo comenzó a rendirle homenaje al Padre de la Patria con el torneo internacional Carlos Manuel de Céspedes, en el cual compitieron los mejores ajedrecistas cubanos de aquellos tiempos.
Hablo de Guillermito García, quien fue el primer vencedor en esas citas; Jesús Nogueiras, Amador Rodríguez, Reynaldo Vera, Walter Arencibia, Román Hernández y Silvino García.
También en estas lides intervinieron otros jugadores de diferentes latitudes como los Grandes Maestros Julio Ernesto Granda (Perú), Alonso Zapata (Colombia) y los exsoviéticos Alexander N. Panchenko y Gennadi Timoshenko.
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