La Habana, 15 feb (ACN) Con el propósito de contribuir a dinamizar la agroindustria local, reducir pérdidas poscosecha y generar nuevos ingresos para los territorios, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) acompañó en Cuba un proyecto orientado a fortalecer las cadenas de valor del mango y el café, con énfasis en el aprovechamiento integral de la fruta y sus subproductos.
La iniciativa, que ya concluye, se ejecutó desde 2023 junto al Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical (IIFT), el Instituto de Investigaciones Agro-Forestales (INAF), la Empresa Agroindustrial Cítricos Arimao y la Unidad Científico Tecnológica de Base (UCTB) Estación Experimental Agro-Forestal de Jibacoa, en escenarios de Cienfuegos y Villa Clara.
En el contexto del proyecto “Fortalecimiento de la capacidad de la agroindustria local para el mejoramiento de las cadenas de valor alimentaria en Cuba”, JICA impulsa la creación de productos innovadores a partir del mango y la cáscara de café, combinando transferencia tecnológica, capacitación y acompañamiento técnico a especialistas y trabajadores de las entidades cubanas participantes.
El enfoque se inscribe en la estrategia de la cooperación japonesa de acercar sus acciones al trabajo de campo, con métodos de mayor eficacia y rapidez para convertir recursos locales, muchas veces considerados residuos, en bienes de alto valor agregado y con potencial comercial
Uno de los resultados más visibles del proyecto es el desarrollo de rollitos de mango deshidratado por parte de la Empresa Municipal Agroindustrial Cítricos Arimao, en Cumanayagua, a partir de la variedad Súper Haden, distintiva de la entidad.
La tecnología aplicada —basada en conocimientos y equipamiento aportados por JICA, como deshidratadores, balanzas, refractómetros y sistemas de empaque al vacío— permite transformar pulpa de fruta madura en un producto ligero, de larga vida útil y con atractivo visual para diferentes nichos de mercado.
Según especialistas, en el caso de los rollitos, ya han sido sometidos a trámites de registro ante el Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología (INHEM), como aval de un proceso de deshidratación controlada a partir de la pulpa de mango.
Más allá de la novedad tecnológica, los análisis de costo-beneficio realizados por la entidad muestran que el uso de mango propio y de pulpa adquirida a otras empresas hace viable económicamente la línea, al tiempo que abre oportunidades de diversificación, generación de empleo y ampliación de la oferta alimentaria.
Directivos y especialistas destacan que, hasta la experiencia con JICA, el mango se concebía fundamentalmente como pulpa y sus derivados básicos ( jugos, mermeladas y otros), mientras que ahora se incorpora la deshidratación de la pulpa como una nueva forma de aprovechamiento, distinta incluso de la competencia, que suele trabajar con lascas de fruta.
José Israel Peña Rubio, especialista de la Empresa Municipal Agroindustrial Cítricos Arimao y exbecario de JICA, señaló como perspectivas, la ampliación de los surtidos a partir de otras frutas, la introducción de la energía renovable y la exportación.
Subrayó que la experiencia de cooperación ha sido un paso de avance para la formación del personal y la industria. “La transferencia de tecnología que hemos recibido por parte de JICA ha sido de vital importancia, al igual que el asesoramiento técnico para el desarrollo de esta nueva producción de los rollitos y el intercambio internacional con expertos de otros países".
De acuerdo con Pedro Pablo Henry Torriente, director del Instituto de Investigaciones Agroforestales, el proyecto "ha representado un reto importante en el empeño de convertir los residuos en productos de alto valor agregado".
En tanto, Masafumi Ikeno, del equipo de JICA, mencionó entre los resultados esperados el análisis y diagnóstico de la situación actual de la agroindustrialización y de la demanda, identificación de las acciones para el fortalecimiento de las cadenas de valor de los productos agrícolas locales, propuesta de proyectos piloto, su implementación y difusión de sus experiencias.
Del café, hasta la cáscara
En la sierra de Guamuhaya, la Estación Experimental Agro-Forestal de Jibacoa, perteneciente al INAF, ha avanzado en la transformación de la cáscara de café en materias primas útiles, en coherencia con el concepto japonés OVOP (One Village, One Product), que apuesta por el valor agregado a partir de recursos locales.
Tradicionalmente empleada como abono o incluso quemada, la cáscara, que representa hasta cerca de la mitad del fruto, se deshidrata bajo estrictos protocolos de higiene e inocuidad, para obtener harina, té y sirope con aplicaciones en bebidas, repostería y panadería.
Con la asesoría de expertas de Honduras y Colombia, así como el apoyo analítico de laboratorios en Japón, se han realizado estudios bromatológicos que confirman contenidos significativos de fibra, polifenoles y minerales como zinc y cobre en los productos derivados de la cáscara de café de las variedades arábica y robusta.
Desde el punto de vista institucional, investigadores del INAF consideran que el proyecto abrió líneas novedosas de estudio, desde cambios en los procesos de beneficio y manejo de la cáscara hasta la identificación de tecnologías que requieren alta especialización para cumplir con estándares de inocuidad y calidad exigidos por los mercados, incluida la exportación.
En el municipio de Manicaragua se ha aprobado, además, una nueva iniciativa para fortalecer la cadena del café mediante el incremento del valor añadido en comunidades montañosas, con el objetivo de asegurar la sostenibilidad de las acciones iniciadas.
Según declaró Tatsuya Ashida, representante residente de JICA en Cuba, el resultado es muy bueno, porque en este proyecto de cooperación técnica, de mediana escala, no se han invertido muchos recursos, pero “se han aprovechado de forma eficiente y efectiva, así que se pudo lograr no solamente un fortalecimiento de la capacidad de marketing para las cadenas de valor, sino también, a partir de proyectos pilotos, se han obtenido productos, los cuales se han logrado comercializar hasta en la capital, y en el caso de la cáscara, existe interés por parte de una empresa japonesa”.
“El impacto positivo de este proyecto es muy grande, estamos satisfechos con el resultado”, exaltó el representante de JICA en Cuba.
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