La Habana, 25 ago (ACN) El béisbol cubano se prepara para abrir un nuevo capítulo el próximo 2 de septiembre, cuando la 64 Serie Nacional alce el telón y comience la batalla entre los 16 equipos participantes, y en la antesala un nombre joven comienza a resonar con fuerza entre los Industriales: el zurdo Lee Andy Plumas, un lanzador que ha aprendido a desafiar la vida con paciencia y brazadas de coraje.
Su historia no está hecha de triunfos fáciles ni de caminos rectos. Mi comienzo en el béisbol fue a los siete años de edad, confiesa a la Agencia Cubana de Noticias, evocando aquellas tardes en el barrio, cuando un vecino lo animó a que sus padres lo llevaran al terreno.
Entonces nadie imaginaba que aquel niño derecho de nacimiento, después de una operación en un dedo, aprendería a lanzar con la mano izquierda y que esa cicatriz del destino terminaría convirtiéndose en su sello, un secreto apenas contado, que ahora asoma como revelación.
Con el municipio del Cerro, en categorías pequeñas, se acostumbró a ser campeón, pero los equipos provinciales le cerraron las puertas.
Nunca bajé mi cabeza y seguí esforzándome, recuerda.
Y fue así, sin ruido ni reflectores, que a los 21 años se ganó el derecho de vestir la camiseta azul de Industriales, el equipo más laureado de Cuba, dueño de 12 coronas, aunque sin saborear un título desde 2010.
En su debut, siempre como relevista, apenas trabajó en ocho juegos, lanzó 14 entradas y no tuvo decisiones, una hoja estadística modesta, pero suficiente para encender su ambición.
Su verdadero rugido se escuchó en el torneo Sub-23: se convirtió en el primer lanzador de La Habana, y con dominio aplastante condujo a su equipo al subtítulo nacional.
Lanzó con autoridad frente a Villa Clara en la semifinal, obligó a un tercer duelo contra Granma en la discusión de la corona y cada salida fue un aviso: había llegado un zurdo de los que no se intimidan.
Gracias a ese resultado fui llamado a la preselección del Cuba de la categoría y me fue muy bien, creo que este año será mejor para mí, porque voy cogiendo confianza y madurez, asegura.
La disciplina, el trabajo en el gimnasio con el preparador Jonathan, la guía técnica del exindustrialista Ian Rendón y ahora las enseñanzas de Reynier Madruga y Julio Romero, otrora lanzador de los equipos Cuba, han ido moldeando su brazo y su carácter.
El muchacho que alguna vez fue bateador discreto y que ahora camina con serenidad la lomita, se describe como inquieto y humilde, con gusto por la música de reparto, las piscinas y el baile.
Soy carismático, sociable, me gusta bromear, dice entre sonrisas, recordándonos que detrás de la seriedad del montículo late un joven de 22 años que disfruta la vida tanto como ponchar contrarios.
Mi meta es, como todo pelotero cubano, representar al país en un evento internacional y poder firmar un contrato en el exterior, confiesa, pero antes, lo inmediato: darlo todo con Industriales, devolver la esperanza a una afición que lleva más de una década aguardando la número 13.
Para este año esperen mucho del equipo azul, vamos a levantar ese trofeo que hace años nuestra afición espera con ansias, promete con la seguridad de quien sabe que los sueños no se cumplen mirando al suelo.
La Habana lo ve crecer, y el estadio Latinoamericano lo espera, zurdo por azar del destino, derecho por nacimiento, Lee Andy Plumas es ya símbolo de reinvención.
La Serie 64 lo tendrá como un brazo joven decidido a escribir nuevas páginas para el equipo que más veces reinó, pero que desde hace demasiado tiempo vive con hambre de gloria.
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