José Surí, el primer poeta cubano que el tiempo escondió en Santa Clara

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Actual parque del Carmen, donde fue fundada, el 16 de julio de 1689 la ciudad de Santa Clara, cuna del primer poeta criollo
Y. Crecencio Galañena León Foto: Juventud Rebelde
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22 Marzo 2026

   Santa Clara, 22 mar (ACN) Todavía su nombre no resulta suficientemente conocido en Santa Clara, ciudad que este año celebra 337 años de fundada; sin embargo, José Surí y Águila, nacido en esta central geografía el 26 de octubre de 1696, es considerado por José Lezama Lima, Enrique Saínz, Manuel García Garófalo y muchos otros como el primer poeta cubano.

   En el contexto del Día Internacional de la Poesía, celebrado el 21 de marzo, su figura emerge del olvido como un reclamo: la de un hombre autodidacta que sin estudios formales supo aunar la ciencia y las letras, la medicina y el verso, en una época en que el género lírico apenas comenzaba a dar sus primeros pasos en la isla.

   Surí Águila se asume por muchos estudiosos como el poeta más antiguo nacido en Cuba y ese mérito no puede seguir siendo ignorado, declaró a la Agencia Cubana de Noticias Judiel Reyes Aguilar, secretario de Comunicación y Relaciones Públicas de la Unión de Historiadores de Cuba en Villa Clara, pues se trata de un hijo ilustrísimo de Santa Clara, cuya vida y obra merecen un lugar visible en la memoria colectiva de la nación.

   Según la historiadora Hedy Hermina Águila Zamora, su vida está tejida con los mismos hilos fundacionales de la ciudad que lo vio nacer; cuando la villa comenzó a perfilarse con sus calles estrechas y adoquinadas, siempre refrescada por la brisa que baja de la Loma del Capiro, nació Surí, quien perdió a sus padres en plena niñez y tuvo que acogerse a los favores de un hacendado que lo empleó como trabajador agrícola.

   Fue en ese entorno campestre, atraído por la tranquilidad bucólica, donde despertó su genio y entonó sus primeros cantares alusivos a la labor que realizaba.

   Pero su destino tomó un rumbo insólito; sin estudios formales, Surí se desempeñaba como médico y farmacéutico empírico, hasta que un día llegó desde La Habana alguien nombrado oficialmente para ejercer esa función.

   Las personas, acostumbradas a tratarse con el poeta al que admiraban por su amabilidad, no asistían a la consulta del nuevo facultativo; este, al verse en tan difícil trance, lo acusó de intrusismo profesional ante el Protomedicato.

   El juicio se celebró en La Habana y, para asombro de todos, Surí se defendió improvisando versos sobre el arte de curar; dejó literalmente boquiabierto al tribunal, que le otorgó el título de médico y farmacéutico; seis años después fue nombrado cirujano principal del Hospital de la Caridad de la villa.

   En cuanto a su obra literaria, quedan pocas muestras, pero vale destacar la armonía, la belleza, la imaginación creadora y el pensamiento ingenioso.

   Algunos fragmentos rescatados dan cuenta de su pluma: “Udeliquia, siempre hermosa, / a quien por deidad veneran / sobre alcatifas doradas / en esa mansión febea / del regio coro de Clío / las nuevas musas supremas”.

   Águila Zamora refiere que Surí gozaba de sobradas dotes para la improvisación y una excelente memoria, de modo que no fueron pocas las festividades religiosas a las que asistió para entonar sus cánticos frente a las imágenes adoradas.

   Mientras Santa Clara se prepara para celebrar un nuevo aniversario de su fundación el próximo 15 de julio, la figura de José Surí y Águila aguarda aún en la memoria de los libros, a la espera de que se le devuelva el lugar que la historia le asignó: el de ser el primer bardo nacido en esta tierra cubana.


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