Guantánamo, 10 may (ACN) La Doctora en Medicina María Inés Jiménez de Castro Morgado, resume todos los sacrificios que conllevaron la crianza de su única descendiente en una frase: me salió una hija excelente.
Se llama Maribeth Valdés Jiménez de Castro, tiene 36 años y es estomatóloga, ahora reside en La Habana y la tuve a los 26 años, mientras comenzaba la residencia de Medicina General Integral, recuerda una de las fundadoras en Guantánamo del plan del Médico y la enfermera de la familia, actualmente Medicina familiar.
Cuenta que el primer grupo de médicos de familia quería terminar al mismo tiempo, -éramos siete-, acota, y no se acogió a la licencia materna, salió unas semanas antes del parto hacia Baracoa, su tierra natal y allí nació la niña; luego, a los 21 días, la dejó con su madre y regresó a Guantánamo a incorporarse a la residencia, para no perder ese año académico.
Después se quedó tres años con mis padres, que fueron también los suyos durante ese tiempo, y cuando terminé la especialidad la recogí, vivimos en un consultorio médico del área sur de la ciudad, ella se incorporó al círculo infantil, rememora María Inés.
A casi toda madre trabajadora le ha tocado “cargar” con los hijos a las jornadas laborales y ella no fue la excepción: “era mucho el tiempo que se pasaba en el consultorio médico, hacía terreno conmigo, casa a casa y en ocasiones la llevaba para la guardia; luego, salir rápido a prepararla para su preescolar o su primer grado”.
Después vendrían los cargos de dirección y fue mucho más difícil, pero ella estaba en el semi internado; llegó el periodo especial, con una bicicleta Guaso, trabajaba aún en el sur y la buscaba en la escuela Conrado Benítez, en el centro de la ciudad; después me trasladaron para el policlínico de San Justo y era viviendo en el sur, de ahí para el nuevo trabajo, en el este, y a recogerla en “Conrado”, era Guantánamo entero en bicicleta.
“Pero Mari se adaptó a esa vida, lo más difícil fue cuando ocupé el cargo de Decana de la Facultad de Ciencias Médicas, tenía que viajar a La Habana todos los meses una semana y su papá me ayudaba, mis padres estaban más jóvenes y venían de Baracoa a cuidarla, después fue más complejo, si no se quedaba su padre, entonces una vecina que era como mi familia.
Ella creció en ese mundo e hizo una carrera de Estomatología excelente, con notas de cinco puntos, excepcional rendimiento y yo lo agradezco, porque no fue fácil criarse así, no siempre estuve con ella en los momentos más difíciles; por ejemplo, los ciclones los pasaba en la universidad médica porque había que estar con los estudiantes, su papá también era directivo y se movilizaba, eran tiempos muy difíciles en los cuales uno depositaba todo su empeño y dedicación a la tarea que le correspondía, aportando el granito de arena para la Revolución.
No tuve más hijos, aunque hubiera querido, pero eso lo compensan dos nietos preciosos; Rafelito, el más chiquito, de 10 años, travieso él y la hembra, Marianne, que ya termina el preuniversitario y se prepara para las pruebas de ingreso a la Educación Superior, quiere estudiar Derecho.
Traje a mis padres de Baracoa, mi madre falleció y cuido de mi papá, somos él y yo como compañía, también está un poquito enfermo, tiene 91 años y cumple 92 en diciembre, pero ahí está duro y batallando, expresa María Inés, que con gran cariño ha estado atenta a cada paso de su "viejo".
¿A las madres más jóvenes? Les aconsejaría que en los tiempos difíciles que estamos hay que enseñarles a los hijos a ser honestos, honrados y sobre todo, a querer a su Patria, con las dificultades que existan, con las vicisitudes que tenemos, pero que entiendan la situación real que atravesamos y que con sacrificio y empeño entre todos podemos estar mejor.
En estas circunstancias pongamos nuestro empeño en que vayan a la escuela, a sus actividades, son momentos históricos y contextos diferentes, situaciones muy complejas, pero hay que mantenerlos integrados, muchos tienen su proyecto de vida en Cuba y por lo tanto hay que adaptarse a estos tiempos y buscar soluciones a los problemas, estudiar, instruirse y educarse.
Pienso que, independientemente de todo lo que pasamos en nuestra vida profesional, haciendo guardia cada tres días cuando estaba en Pediatría, guardias administrativas, movilizaciones, reuniones en otras provincias, hubiese dedicado más tiempo al cuidado de mi hija, que fue una de las más integrales en su graduación, quizás porque estaba en todo conmigo; es muy buena, lo fue como estudiante, lo es como persona y madre, pero merecía un poco más de nuestro tiempo.



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