Santa Clara, 15 may (ACN) El 15 de mayo de 1887 quedaron inaugurados en Santa Clara los cuatro lavaderos públicos donados por la benefactora Marta Abreu de Estévez, una obra inspirada en Suiza que durante décadas alivió el duro trabajo de las mujeres humildes que lavaban ropa en los ríos Cubanicay y Bélico de la ciudad cubana, metidas hasta la cintura en el agua y bajo el sol abrasador.
La historiadora Hedy Hermina Águila Zamora declaró a la ACN que, durante un viaje de la familia Abreu por Europa, el doctor Carlos de la Torre —profesor de Pedrito Abreu— fue testigo del momento en que Marta observó unos lavaderos públicos en Suiza y recordó de inmediato a sus coterráneas.

“Sugirió construir unos iguales en su ciudad natal, y en 1887 ya era una realidad”, precisó.
Los lavaderos, dijo, se ubicaron en cuatro barrios: Pastora, Carmen, Puente y Condado; dos se construyeron a orillas del río Cubanicay y los otros dos a orillas del Bélico, y en conjunto sumaban 36 bateas.
Cada instalación disponía de portal en redondo, bomba para extraer agua del río y fosa absorbente para las aguas sucias, un diseño funcional que garantizaba condiciones higiénicas muy superiores a las que tenían las lavanderas en el propio cauce del río, constató.
La benefactora dispuso que los lavaderos fueran gratuitos para la clase pobre de Santa Clara, y así quedó grabado en una lápida colocada en cada uno de ellos.
El texto decía “lavaderos gratuitos para la clase pobre de Santa Clara construidos y donados por la Sra. Marta Abreu de Estévez, 1887”

Cada lavadero contaba con una celadora, contratada por el ayuntamiento municipal, encargada de custodiar la llave, velar por el buen cuidado del edificio y garantizar que las lavanderas usaran las bateas por orden de llegada, evitando así conflictos entre las usuarias.
Con la llegada del alcantarillado en la ciudad, los lavaderos perdieron su función original y dejaron de operar; tras la muerte de Marta Abreu en 1909, fueron legados al Ayuntamiento de Santa Clara y posteriormente convertidos en escuelas públicas, cumpliendo así un nuevo cometido social.
En 1931, el gobernador Vázquez Bello informó que ya se había concluido la remodelación de los cuatro inmuebles para su nueva función educativa, y propuso que cada aula llevara el nombre de una personalidad ilustre de la cultura local.
Tras el triunfo de la Revolución en 1959, los locales fueron destinados a otros usos; en la actualidad, el lavadero de la calle Martí junto al río Cubanicay es una vivienda familiar; el de Nazareno y Cubanicay quedó inhabitable tras años de deterioro; los del río Bélico pertenecen al sistema de Cultura: el ubicado en la calle Martí es sede del grupo de teatro infantil Drippy, mientras que el de la carretera Central —usado durante años por la orquesta Aliamén para ensayos— se encuentra en completo estado de abandono, sin que prosperen las múltiples propuestas ciudadanas para restaurarlo.
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